Lee Grant y la sombra del macartismo: una voz centenaria contra la censura del pasado y del presente
A sus 100 años, la actriz ganadora del Oscar levanta la voz contra el resurgimiento de narrativas revisionistas que blanquean uno de los episodios más oscuros de la historia estadounidense
Una historia que se niega a ser borrada
Lee Grant no es simplemente una actriz galardonada con un Premio de la Academia. Es un testimonio viviente de una era que intentó silenciar a quienes pensaban diferente. A sus 100 años, sigue enfrentando al pasado con la misma convicción con la que desafió al Comité de Actividades Antiestadounidenses en 1951.
Esta actriz, directora y productora hoy se manifiesta contra un conjunto de reformas educativas implementadas en Florida que, a juicio de muchos —incluida Grant—, buscan reescribir y suavizar la narrativa acerca del macartismo. Estas medidas, impulsadas por el actual gobierno del estado, eliminan el contexto represivo del periodo y promueven una visión favorable de los políticos que fomentaron la persecución ideológica durante la Guerra Fría.
¿Qué fue el macartismo y por qué seguimos hablando de él?
El término "macartismo" deriva del senador republicano Joseph McCarthy, quien entre finales de los 40 y principios de los 50 lideró una de las cacerías de brujas más célebres del siglo XX. Bajo la bandera de erradicar el comunismo del gobierno, las artes y la sociedad civil, el senador sembró el miedo, intimidó a disidentes y arruinó miles de carreras por meras sospechas de afiliación comunista.
Durante esta época, los Estados Unidos entraron en una espiral de paranoia colectiva. Nada era más temido que ser tildado de comunista, etiqueta despectiva que bastaba para perder el trabajo, la reputación e incluso la libertad. El impacto fue tan profundo que décadas después, la Corte Suprema ha citado el fenómeno del macartismo en varias decisiones relacionadas con la Primera Enmienda, reconociéndolo como un atentado contra la libertad de expresión.
La censura personal de Lee Grant
En el apogeo de su carrera, después de recibir una nominación al Oscar por su papel en "Detective Story" (1951), Lee Grant fue convocada ante el Congreso. Rechazó colaborar con las autoridades, negándose a delatar a sus colegas. "¿Yo delatar amigos? No es mi forma de ser", afirma.
Esta negativa se tradujo en un veto de 12 años donde no pudo trabajar en cine ni televisión. Aunque encontró refugio en el teatro, como muchos otros actores que compartieron la misma suerte —entre ellos Orson Welles, Lena Horne y Arthur Miller—, su carrera en Hollywood quedó estancada durante más de una década.
"Vivimos en una democracia que se utilizó como si fuera una herramienta fascista para impedir que la gente pensara", reflexiona la actriz. Su historia no solo es impactante por lo que vivió, sino por cómo continúa siendo una advertencia latente.
La vuelta de una leyenda
Grant retornó a la pantalla grande en 1967 con la película "In the Heat of the Night", donde trabajó junto a Sidney Poitier. En 1975 ganó el Oscar a mejor actriz de reparto por su papel en "Shampoo". Más adelante, incursionó en el documentalismo y ganó otro premio de la Academia en 1987 por "Down and Out in America", explorando la crisis de personas sin hogar durante la era Reagan.
En resumen, resurgió como lo hacen los verdaderos íconos, luchando no solo por su sitio en la pantalla, sino también por su derecho a pensar y expresarse libremente.
Florida y la reescritura del pasado
Bajo la administración del gobernador republicano Ron DeSantis, Florida ha aprobado nuevos estándares educativos que serán implementados durante el ciclo escolar 2026-2027. Estas normas instruyen a los profesores a explicar el término “mcCarthyism” como una "difamación hacia los anticomunistas" y a poner en valor las acciones de figuras como Nixon, Truman y el propio McCarthy.
Además, dictan que los estudiantes deben aprender sobre el "uso calumnioso" de expresiones como “red-baiting” o “Red Scare”, términos históricamente usados para describir la persecución de presuntos comunistas. Se señala que el uso de esos términos ha servido para desacreditar a “políticos patriotas”.
Se busca también conmemorar cada 7 de noviembre como el Día de las Víctimas del Comunismo, obligando a dedicar al menos 45 minutos en las aulas a figuras como Mao Zedong y Fidel Castro, como parte de una campaña educativa anticomunista.
La crítica: una historia que se quiere borrar
A juicio de muchos críticos —entre ellos historiadores, educadores y activistas— los nuevos estándares representan un ejemplo claro de "revisionismo histórico". Para Lee Grant, esto representa una traición a la memoria de todos los que sufrieron durante el verdadero Macartismo.
“Es una mentira y una distorsión de la verdad histórica,” afirmó tajantemente.
La preocupación va más allá del contenido histórico. Como explica Grant, la manera en que se intenta redefinir momentos oscuros como estrategias legítimas pone en peligro las conquistas democráticas y puede allanar el camino para nuevos episodios de persecución ideológica.
Los paralelismos no son especulativos. Grant misma señala cómo figuras políticas actuales utilizan tácticas de comunicación agresiva, censura mediática e instancias de coacción, algo que recuerda al comportamiento que definió el clima político de los años 50.
La resistencia ciudadana
En respuesta a estas reformas, una coalición de organizaciones educativas, padres y estudiantes ha iniciado movilizaciones para revertirlas. Docentes se quejan por la falta de consulta pública, el enfoque ideológico y la vulneración de la libertad académica.
Las voces críticas como la de Grant suman profundidad emocional e histórica a esta lucha. Porque, al final del día, no se trata solo de libros y currículos, sino de la identidad misma de una nación que dice defender la libertad.
Lo que el macartismo nos sigue enseñando
El miedo institucionalizado nunca es una herramienta para fomentar sociedades abiertas. La historia del macartismo y su impacto en miles de artistas, políticos y ciudadanos se estudia hoy en muchas democracias como ejemplo de lo que no debe repetirse.
Grant lo vivió en carne propia, pero como bien dice, no todos tuvieron su oportunidad de redención. Por eso su voz, lúcida y firme a los 100 años, sigue siendo un faro para las generaciones futuras.
No podemos permitir que la historia sea escrita por los ganadores solamente, especialmente si esos ganadores son los mismos que intentan borrar los abusos cometidos en el nombre de la seguridad nacional o el patriotismo.
Como dijo una vez Edward R. Murrow, el periodista que enfrentó a Joseph McCarthy en televisión nacional en 1954: “La línea entre la crítica legítima y la traición se hace más delgada cuando el gobierno teme a su pueblo, en vez de respetarlo.”
Un llamado a no olvidar
La historia de Lee Grant no es un tema de libros antiguos ni un drama de época. Es un recordatorio vivo de que la libertad de expresión, la diversidad política y el derecho a disentir son pilares frágiles incluso en las democracias más consolidadas.
Debemos escuchar más a quienes ya vivieron lo que nosotros aún no imaginamos. Y debemos actuar para proteger lo que generaciones, como la de Lee Grant, lucharon tan duro por conquistar.
