China y EE.UU. libran una nueva Guerra Fría ferroviaria en África

Una carrera por minerales críticos redefine la geopolítica del continente africano

Una competencia por los recursos del futuro

El continente africano se ha convertido en el epicentro silencioso de una nueva confrontación global. China y Estados Unidos están inmersos en una lucha estratégica y económica por el dominio de minerales críticos esenciales para la transición energética global, como el cobre, el cobalto y el litio. Esta pugna, sin balas pero con contratos millonarios, tiene al sistema ferroviario como uno de sus campos de batalla claves.

La reciente visita del primer ministro chino, Li Qiang, a Zambia marca un nuevo episodio en esta historia. Durante su estancia, Li y su homólogo zambiano, el presidente Hakainde Hichilema, firmaron un acuerdo para modernizar la línea ferroviaria Tazara, una infraestructura heredada de la era de la Guerra Fría.

El renacimiento ferroviario del Tazara

La línea ferroviaria Tanzanía-Zambia Railway Authority (Tazara), construida en los años 70 con apoyo chino, fue concebida como una vía estratégica para que Zambia exportara su cobre evitando pasar por Rhodesia (hoy Zimbabue) o Sudáfrica, entonces gobernadas por regímenes de minoría blanca. La inversión actual de 1.400 millones de dólares para su modernización reaviva no solo su importancia geopolítica, sino también económica.

El consorcio estatal China Civil Engineering Construction Corporation será el responsable de las obras, en virtud del acuerdo firmado entre China, Zambia y Tanzania en septiembre. Este megaproyecto busca optimizar el acceso de China al cobre zambiano y otros minerales que transitan hacia el puerto de Dar es Salaam en el este africano.

Conectando continentes: la visión ferroviaria estadounidense

El gobierno estadounidense no ha permanecido inmóvil ante los avances chinos. En 2023, la administración del entonces presidente Joe Biden respaldó una propuesta para construir una nueva línea ferroviaria que conecte Zambia y la vecina República Democrática del Congo con la costa atlántica de Angola, en el oeste del continente.

Este ambicioso corredor ferroviario busca ofrecer una alternativa a las rutas dominadas por China y refleja claramente cómo la infraestructura africana se ha vuelto un escenario de poder estratégico. De concretarse, permitiría a EE.UU. y aliados diversificar sus fuentes de minerales indispensables para la fabricación de tecnologías verdes, baterías eléctricas y sistemas defensivos.

Minerales críticos: el nuevo oro africano

La razón detrás de esta carrera no es ningún secreto: África alberga enormes reservas de minerales esenciales para la economía del siglo XXI. Zambia, por ejemplo, es uno de los mayores productores mundiales de cobre. Según el Servicio Geológico de Estados Unidos, el país produjo más de 790.000 toneladas métricas de cobre en 2022.

El cobalto y el litio, presentes en grandes cantidades en la República Democrática del Congo y otros países africanos, son fundamentales para la fabricación de baterías de vehículos eléctricos. China controla aproximadamente el 70% del procesamiento global de estos minerales, consolidando su liderazgo en la cadena de suministro global.

¿Neocolonialismo o asociación estratégica?

Críticos y analistas internacionales advierten que la expansión de China en las infraestructuras africanas revive un modelo neocolonial disfrazado de cooperación. Sin embargo, muchos gobiernos africanos valoran las inversiones chinas por su rapidez, bajo coste y aparente falta de condicionamientos diplomáticos.

"China nunca nos dice cómo gobernar. Nos da una oportunidad económica sin ponernos contra la pared", declaró en 2019 el entonces presidente de Uganda, Yoweri Museveni.

No obstante, algunos proyectos han generado endeudamientos insostenibles. Zambia fue el primer país africano en declararse en default desde el inicio de la pandemia, debido en parte a sus préstamos externos, muchos de ellos con bancos chinos.

El ángulo europeo: chips, seguridad y geopolítica

Mientras el frente africano se calienta, Europa también se ve arrastrada al ajedrez. En un giro inesperado, el gobierno neerlandés suspendió su intento de tomar el control del fabricante de chips Nexperia, propiedad de la empresa china Wingtech Technology. Esta decisión se produjo tras semanas de tensiones que amenazaban la cadena de suministro de semiconductores para la industria automotriz global.

Este embrollo refleja otra faceta de la lucha mundial por el control de sectores clave. Nexperia produce componentes utilizados por marcas como Honda, que incluso tuvo que cerrar una planta en México debido a escasez de chips.

El Ministro de Asuntos Económicos, Vincent Karremans, justificó la marcha atrás como un "gesto de buena voluntad", tras recibir garantías de China sobre el suministro regular de chips a Europa. La medida refuerza la idea de que la diplomacia económica actual gira en torno a tecnología crítica y cadenas de suministro.

África en el centro de la reconfiguración mundial

El protagonismo creciente de África en temas globales no es casual. En 2023 se celebró por primera vez una cumbre del G20 en el continente, mostrando un reconocimiento formal a su peso económico y estratégico.

En este contexto, infraestructuras como la línea Tazara o el futuro corredor atlántico simbolizan más que solo raíles y trenes: son arterias vitales de un nuevo orden mundial, donde Occidente y Oriente compiten por controlar los recursos que definirán el siglo XXI.

Mientras tanto, los africanos se encuentran en el epicentro de esa lucha con el gran reto de convertir estos intereses cruzados en beneficios tangibles para sus propios pueblos.

¿Orientación pragmática o dilema estratégico para África?

Desde el punto de vista africano, la competencia entre China y las potencias occidentales puede ser una oportunidad más que un problema. Si se gestiona con inteligencia política, podría permitirles negociar mejores términos, atraer inversión en infraestructuras y salir de la dependencia histórica de materias primas.

El desafío consiste en evitar convertirse en peones de una nueva Guerra Fría. En palabras del politólogo senegalés Cheikh Gueye: “África debe aprender a navegar entre sus pretendientes sin casarse con ninguno.”

Mientras los trenes avanzan, ya sean chinos o estadounidenses, los africanos deben decidir si tomarán el timón o seguirán siendo simplemente pasajeros en el viaje del siglo.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press