Corrupción en Ucrania: El talón de Aquiles de Zelenskyy en plena guerra
La estabilidad del gobierno ucraniano pende de un hilo mientras un escándalo de corrupción en el sector energético sacude los cimientos del poder
Volodímir Zelenskyy, presidente de Ucrania, se encuentra viviendo uno de los momentos más críticos desde que inició su mandato y, sin duda, desde la invasión rusa en 2022. No es que la ofensiva armada haya cesado, sino que la amenaza ahora también emana desde el interior del propio aparato estatal: la corrupción ha vuelto a encender las alarmas, esta vez vinculada a un escándalo millonario en el sector energético que pone en duda la credibilidad de su administración.
Un escándalo de $100 millones que prendió fuego a Kiev
A finales de 2025, las autoridades anticorrupción de Ucrania revelaron un caso impactante: al menos $100 millones fueron malversados en la empresa estatal energética Energoatom a través de sobornos por un valor de hasta el 15% de los contratos de construcción otorgados por la compañía. Las investigaciones incluyeron más de 1,000 horas de grabaciones con nombres en clave, lenguajes encriptados y la mención a una figura misteriosa conocida como “Ali Baba”.
Inmediatamente, Zelenskyy destituyó a los ministros de Energía y Justicia, e impuso sanciones a figuras cercanas como Tymur Mindich, empresario y coproductor en su anterior empresa medíatica. No obstante, para la oposición y parte de la ciudadanía, estas medidas no son suficientes.
Ucrania sin luz... y sin paciencia
El momento del escándalo no pudo ser peor: millones de ucranianos se encontraban sin electricidad debido a una serie de bombardeos rusos a instalaciones clave de infraestructura. En ese contexto, descubrir que sumas astronómicas desaparecieron de un sistema energético ya debilitado desató una ola de indignación. La percepción pública está marcada por una simple ecuación: mientras Rusia bombardea, algunos dentro del gobierno saquean.
“Es difícil imaginar que todo esto ocurriera sin amparo político”, escribió Anastasia Radina, jefa del Comité Parlamentario Anticorrupción, desde su cuenta de Facebook. “El no cortar lazos con Yermak, provoca una crisis interna aún más profunda”.
¿Quién es Andrii Yermak?
En el centro de la tormenta se encuentra Andrii Yermak, jefe de gabinete de Zelenskyy y considerado una figura todopoderosa dentro del esquema presidencial. Lo llaman el “vicepresidente informal” y es el hombre que controla la agenda, define los nombramientos, gestiona las relaciones exteriores —especialmente con Estados Unidos—, y acompaña al mandatario en casi todos los viajes importantes desde que comenzó la guerra con Rusia.
Es también quien muchos creen que tenía pleno conocimiento del caso de corrupción en Energoatom, aunque nadie ha presentado pruebas concretas en su contra hasta la fecha. Sin embargo, el hecho de que dos de sus exsubordinados dejaran el cargo por investigaciones similares (Oleg Tatarov y Rostyslav Shurma) aumenta las sospechas sobre su entorno inmediato.
¿Hasta cuándo lo protegerá Zelenskyy?
Aunque el presidente ha tomado medidas, aún se resiste a cortar vínculos con Yermak. Según funcionarios cercanos al mandatario, no se ha tomado una decisión sobre su destitución. Para muchos dentro y fuera de su administración, no hacerlo está costando capital político interno y credibilidad internacional.
Zelenskyy llegó al poder en 2019 bajo una ola de esperanza. Prometió acabar con la corrupción endémica que ha manchado todos los gobiernos ucranianos desde la independencia en 1991. Su elección fue un plebiscito contra el sistema. Hoy, su imagen está comprometida, y los aliados occidentales —cuyo respaldo financiero y militar ha sido crucial— desconfían más que nunca.
El riesgo de una fisura política interna
Más allá del impacto reputacional, el caso amenaza la sostenibilidad política del gobierno. Alrededor de 30 diputados del partido de Zelenskyy han iniciado conversaciones para crear una nueva coalición bajo la promesa de estabilidad nacional y transparencia, dejando a un lado las lealtades políticas tradicionales.
“La facción y el parlamento no quieren cargar con la responsabilidad de la corrupción”, afirmó el diputado Oleksandr Merezhko.
Sin embargo, David Arakhamia, líder del partido en la Verkhovna Rada (parlamento de Ucrania), rechaza ese enfoque, insistiendo en que la postura oficial aún respalda al jefe de Estado y opositores internos como Porturaev aún no representan escisiones oficiales.
Corrupción en tiempos de guerra: impacto y precedentes
La corrupción ha sido por décadas parte del ADN político ucraniano. Desde el escándalo de la privatización en los años 90, pasando por las revueltas del Maidán en 2014, el país ha oscilado entre esperanzas anticorrupción y realidades frustrantes. Zelenskyy prometió quebrar ese ciclo, pero la presión bélica, la necesidad de mantener alianzas y el poder acumulado en torno a Yermak parecen estar frenando los cambios estructurales.
Según Transparency International, Ucrania ocupó el puesto 116 de 180 países en el Índice de Percepción de la Corrupción en 2022, con una puntuación de solo 33/100. La guerra le dio razones para establecer controles más efectivos, pero también excusas para mantener zonas oscuras del poder intactas.
Consecuencias internacionales: el reloj corre
Los aliados occidentales, en especial Estados Unidos y la Unión Europea, observan con preocupación. Apoyar a un gobierno que lucha por sobrevivir al Kremlin, pero que también tolera irregularidades dentro de su esfera más íntima, resulta incómodo y políticamente riesgoso.
La embajada de EE. UU. en Kiev ha expresado en varias ocasiones su respaldo a las reformas estructurales anticorrupción, fundamentales para seguir recibiendo asistencia. Adicionalmente, diversas ONGs que monitorean la gobernanza en contextos de guerra remarcan que la transparencia es un arma tan poderosa como los misiles.
¿Será este el “Maidán silencioso” del gobierno de Zelenskyy?
Puede que no estemos viendo aún multitudes reunidas en la Plaza de la Independencia, pero hay una creciente desilusión. Esta vez no liderada por un sector antigubernamental clásico, sino por miembros del mismo engranaje oficial que acompaña a Zelenskyy desde el inicio.
La corrupción durante una guerra de supervivencia nacional plantea interrogantes no sólo políticos, sino también morales y estratégicos. Si la confianza interna se erosiona y la ayuda extranjera vacila, ni los misiles antitanques ni los drones serán suficientes para detener el colapso de Kiev desde adentro.
Y mientras llega el invierno, y con él, nuevos ataques rusos al sistema energético, la población ucraniana no solo requiere calor y electricidad, sino también líderes que no se aprovechen de su sufrimiento.
Una cosa está clara: la guerra por la integridad de Ucrania también se libra en sus pasillos de poder, donde luchar contra la corrupción es tan vital como resistir al invasor.
