El asesinato del alcalde de Uruapan: Narcoviolencia, poder y el nuevo rostro de la seguridad en México

La muerte de Carlos Manzo expone las fracturas del sistema de seguridad mexicano y la renovada presión sobre Claudia Sheinbaum y su 'Plan Michoacán'

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Un crimen en plena celebración

La noche del 1 de noviembre de 2025, mientras muchos mexicanos conmemoraban el Día de Muertos en ambientes festivos y familiares, Uruapan, una ciudad clave del estado de Michoacán, se convirtió en el escenario de un crimen que cimbró la política mexicana. Carlos Manzo, alcalde de Uruapan, fue asesinado a tiros frente a decenas de personas durante los festejos locales. El atacante, un joven que apenas rebasaba los quince años, fue abatido poco después por las fuerzas de seguridad.

Este asesinato no fue solo un acto de violencia más en una región asolada por el crimen organizado; se trataba del ataque directo contra una figura pública altamente visible, popular y querida por muchos ciudadanos. La muerte de Manzo vuelve a poner sobre la mesa una realidad incómoda para el Estado mexicano: el alcance impune de los grupos criminales organizados que operan con creciente poder en zonas clave del país.

Los hilos del crimen: La pista tecnológica

El 22 de noviembre, el Secretario de Seguridad Pública, Omar García Harfuch, anunció la detención de Jorge Armando N., señalado como uno de los máximos responsables de la planeación y ejecución del asesinato. Su captura fue posible gracias al análisis de los teléfonos celulares de dos hombres relacionados con el crimen, cuyos cuerpos fueron hallados sin vida a un costado de una carretera el 10 de noviembre.

García Harfuch detalló que los mensajes encontrados en los dispositivos permitieron reconstruir los movimientos previos al asesinato y condenar a los miembros de una célula criminal vinculada al Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), una de las organizaciones criminales más peligrosas y expansivas del hemisferio occidental.

El CJNG y su influencia en Michoacán

El CJNG no es un nombre nuevo en México. Fundado tras la fragmentación del Cártel de Sinaloa en la pasada década, el cártel dirigido por Nemesio Oseguera Cervantes, alias "El Mencho", ha generado un crecimiento violentamente acelerado. Su alcance se extiende por más de 27 de los 32 estados mexicanos, y Michoacán es uno de sus principales bastiones de operación.

Según el proyecto InSight Crime, el CJNG mantiene una combinación de violencia, reclutamiento forzado y control territorial para mantener su dominio. La ejecución de un alcalde popular no solo representa un acto de intimidación, sino un mensaje claro a las autoridades locales: los territorios controlados por el crimen no se ceden fácilmente.

Respuesta presidencial: Plan Michoacán

La presidenta Claudia Sheinbaum no tardó en responder tras el asesinato de Manzo. Bajo intensa presión social y política, anunció el "Plan Michoacán", una estrategia de seguridad que incluiría el despliegue de más de 10,000 efectivos militares y de seguridad por todo el estado, además de una serie de apoyos e inversión social en comunidades vulnerables.

Sin embargo, este plan ha generado críticas. Analistas como Alejandro Hope, experto en seguridad, consideran que el enfoque mixto —militarización más programas sociales— representa tan solo una repetición estilizada de las políticas adoptadas durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador. "La combinación entre Guardia Nacional y SEDENA debería tener resultados medibles en corto plazo. Pero al igual que en otras regiones, podría fragmentarse sin inteligencia operativa", dijo Hope antes de fallecer en 2022, cuando evaluaba medidas similares.

Michoacán: un campo de batalla político y territorial

Michoacán ha sido históricamente uno de los puntos clave en la guerra contra el narcotráfico en México. Desde la creación del grupo de autodefensas en 2013 hasta la militarización progresiva del territorio en años recientes, pocas regiones han reflejado con tanta nitidez el fracaso de las estrategias convencionales de seguridad.

Además del CJNG, otros grupos como Los Viagras, La Familia Michoacana o Los Caballeros Templarios han luchado por dominar zonas rurales y urbanas. Al centro de ese conflicto están alcaldes, policías municipales, ganaderos y campesinos, atrapados entre dos fuegos.

Los datos respaldan esta afirmación: según el INEGI, Michoacán acumuló más de 2,200 homicidios dolosos en 2024, convirtiéndolo en uno de los estados más letales del país. La percepción de inseguridad en municipios como Uruapan y Apatzingán supera el 85%, de acuerdo con el último reporte trimestral del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública.

La impunidad: Poder permanente del narco

La detención de un sospechoso clave no elimina la impunidad estructural que permite que estos crímenes ocurran. Organizaciones como México Evalúa han documentado que más del 90% de los homicidios dolosos en el país quedan sin una sentencia firme. La justicia avanza, pero demasiado lento para un país inmerso en la vorágine de la violencia organizada.

"Cada vez que un funcionario es asesinado, no solo muere una persona, sino se erosiona la legitimidad del Estado", comentó María Elena Morera, presidenta de Causa en Común. A eso se suma la preocupación de que grupos criminales no solo operan, sino influyen en la designación de autoridades municipales a partir del financiamiento de campañas o la amenaza directa.

Una sociedad resquebrajada

El asesinato de Carlos Manzo revela también los límites del tejido social. Jóvenes que han sido cooptados por grupos criminales se han convertido en sicarios operativos, desplazando la guerra hacia las calles, las plazas públicas y los eventos culturales. La normalización de la violencia ha logrado penetrar incluso las festividades más emblemáticas de la identidad mexicana.

Psicólogos sociales y criminólogos alertan sobre la "inducción bélica" que las redes delictivas generan en los más jóvenes. Reclutamientos desde los 12 años, adoctrinamiento a través de narco-corridos y una narrativa heroica en torno al sicariado empujan a menores a integrarse a estas organizaciones.

¿Y ahora qué?

El gobierno federal tiene frente a sí un inmenso reto: desmantelar las estructuras de poder criminal sin violentar los derechos humanos, reconstruir la confianza en la autoridad sin discursos vacíos y, sobre todo, proteger a quienes han sido históricamente ignorados en esta guerra: los ciudadanos.

Como dijo alguna vez el periodista Javier Valdez, asesinado en Sinaloa en 2017: "En este país, ejercer el periodismo, ser activista o servir al pueblo es, a veces, una forma lenta de morir". En esta ocasión, fue rápida, precisa y brutal. La muerte de Carlos Manzo es una llamada de atención que México no puede ignorar.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press