El trauma silencioso de las cortes migratorias en EE.UU.: ¿justicia o emboscada legal?
Una mirada profunda a cómo las reformas de inmigración implementadas tras el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca están redibujando el significado de ‘debido proceso’
Por años, millones de inmigrantes en Estados Unidos se han aferrado a las cortes migratorias como su única esperanza de alcanzar derechos básicos, protección y dignidad. Pero bajo la actual administración del presidente Trump, esos espacios se han transformado radicalmente: de santuarios legales a trampas calculadas para detenciones inmediatas y deportaciones aceleradas.
Una maquinaria legal sin alma
Desde que Donald Trump retomó la presidencia en enero de 2025, su administración ha implementado una serie de políticas agresivas enfocadas en maximizar las deportaciones de inmigrantes. A través de observaciones realizadas en 21 cortes migratorias por todo el país, periodistas pudieron constatar cómo los procedimientos judiciales, lejos de proteger derechos, se han convertido en escenarios para detenciones premeditadas, coordinadas entre abogados de Departamento de Seguridad Nacional (DHS, por sus siglas en inglés) y agentes de Inmigración y Control de Aduanas (ICE).
“No puedo hacer esto”, decía un mensaje de texto enviado por una abogada del gobierno a un agente de ICE que esperaba en el pasillo, con el propósito de arrestar a un inmigrante cuya audiencia acababa de terminar. Cuatro minutos después, el agente respondía: “Lo tenemos”.
La lógica detrás del nuevo sistema
El nuevo enfoque del gobierno parece más una línea de montaje judicial que un lugar donde se evaluan con detalle y humanidad los casos de personas que a menudo huyen de violencia sistemática. Con un atraso superior a 3.8 millones de casos de asilo, el sistema ha sido forzado a priorizar la velocidad por encima del análisis exhaustivo.
Muchos inmigrantes se presentan sin abogado, vulnerables y confundidos. Los agentes de inmigración esperan en las afueras de las salas, con hojas de cálculo que indican qué casos son «desestimables» ("amenable"). Si la fiscalía logra la desestimación, el individuo puede ser arrestado al instante y deportado por vía rápida.
Jueces despedidos por 'ser demasiado benevolentes'
Desde enero hasta octubre de 2025, al menos 86 jueces han sido despedidos, muchos de ellos por demostrar clemencia o empatía en sus fallos. La mayoría de estos jueces fueron contratados durante la administración Biden y siguen en periodo de prueba.
Entre ellos se encuentra Tania Nemer, una exjueza de Cleveland, hija de inmigrantes libaneses, quien recuerda con dolor el día en que fue despedida sin una razón aparente:
“Siempre supe que era por mi nombre árabe, por haber defendido inmigrantes antes, y quizá por haber hecho un curso de diversidad en Cornell”, afirma Nemer.
Datos recopilados por la organización Mobile Pathways revelan que los jueces despedidos aprobaban solicitudes de asilo en cerca del 50% de los casos, frente a un promedio nacional del 34%, lo cual evidencia un patrón selectivo de remoción.
La ilusión del debido proceso
“Cuando los estadounidenses piensan en una corte, esperan imparcialidad”, señala Ashley Tabaddor, exjueza migratoria. “Pero lo que tenemos ahora es un sistema surrealista; no se parece a nada que podamos llamar justicia”.
El departamento de Justicia ha emitido más de 50 memorandos desde enero de 2025, facilitando el despido de jueces, presionándolos para rechazar ciertos tipos de asilo y requiriéndoles cumplir metas mínimas —como 700 casos decididos por año—, lo cual ha convertido los procedimientos judicilaes en una suerte de ‘McJusticia’.
El temor cala entre los empleados del sistema
En privado, algunos abogados del gobierno expresan remordimiento. Uno escribió a la Asociación de Abogados de EE.UU. diciendo:
“Mi deber es defender la ley y el interés público, no obtener resultados migratorios automáticos en cada caso.”
Otro abogado confesó que el sonido de las esposas de los detenidos lo persigue en las noches. Trabaja bajo el temor de represalias por hacer bien su trabajo con humanidad.
Las cortes se vacían, la esperanza se desvanece
Con miedo a ser detenidos en los pasillos, un número creciente de migrantes opta por no acudir a sus audiencias o solicita comparecer vía telemática. En un contexto donde el gobierno eliminó $30 millones en presupuesto para asistencia legal gratuita, organizaciones como American Gateways hacen lo imposible: atender casos desde estacionamientos, con ventiladores portátiles, carpetas legales y paraguas en la caja de sus vehículos.
El número de inmigrantes que solicita ‘autodeportación’ ha crecido exponencialmente: más de 14,000 lo hicieron entre enero y agosto de 2025, una cifra mayor a la suma de los últimos cinco años.
El retroceso de la justicia: cortes federales saturadas
La crisis ha trasladado la lucha a las cortes federales. Desde mayo, se han presentado más de 3,000 peticiones de hábeas corpus por parte de migrantes detenidos, cuestionando la legalidad de su encarcelamiento.
Cada vez más, los jueces federales deben decidir sobre detenciones motivadas por razones administrativas, no por delitos. Sin embargo, quienes no pueden costear un abogado para llegar a una corte federal, simplemente quedan desamparados.
La escena que lo resume todo
Como aquella en que un padre hondureño, acompañado de su esposa y sus dos hijos —uno en silla de ruedas— compareció en una corte de Virginia para una audiencia.
El juez encontró que su deportación no procedía, pero minutos después, al pisar el pasillo, fue rodeado por agentes de ICE. Su hijo gritaba “¡Papá, papá!” desde la silla de ruedas mientras un agente lo sujetaba por detrás para impedirle seguir a su padre.
Ese mismo padre fue deportado meses después. Ningún crimen. Ninguna amenaza. Solo un procedimiento que se había convertido en una trampa.
Lo que está en juego
La aplicación de justicia debe ser independiente, humana y respetuosa de los derechos. Hoy, las cortes migratorias de Estados Unidos se alejan peligrosamente de esos principios. Cada mensaje de texto, cada acusación sin fundamento, cada despido de jueces imparciales, alimenta una máquina ciega de expulsión que deja destrucción emocional, legal y comunitaria.
Mientras tanto, miles de personas que siguen las reglas, que creen en el sistema y que se esfuerzan por aportar a una nación que alguna vez se construyó con inmigrantes... terminan atrapadas en un laberinto sin salida.
Como advertía Elie Wiesel, sobreviviente del Holocausto y defensor eterno de los derechos humanos: “Piensa en alto. Siente profundamente.” Quizá ese sea el reto más urgente de esta era.
