Una tragedia repetida: Secuestros, corrupción y la lucha por la seguridad en el norte de Nigeria

El secuestro de 24 niñas en Kebbi revive las heridas de una nación donde la inseguridad sigue siendo moneda corriente

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Una madrugada de terror en Maga

El pasado lunes, en la oscuridad previa al amanecer, el pequeño pueblo de Maga, en el estado de Kebbi, al noroeste de Nigeria, fue sacudido por una tragedia que lamentablemente no es nueva para la nación africana. Hombres armados irrumpieron en la Government Girls Comprehensive Secondary School, una escuela pública para niñas internadas, y se llevaron por la fuerza a 24 estudiantes, luego de un enfrentamiento con fuerzas de seguridad que dejó a un miembro del personal muerto.

Los atacantes, según testigos y analistas locales, lograron escalar las cercas de seguridad de la escuela antes de ejecutar su violento asalto. “Ellos siguieron moviéndose, y cuando se detuvieron, yo corrí de vuelta a la escuela”, relató Hawau Usman, una de las alumnas secuestradas que logró escapar milagrosamente.

Buhari ya no está, pero las pesadillas continúan

En palabras del presidente Bola Tinubu, quien se comprometió a redoblar los esfuerzos para rescatar a las niñas: "Estos terroristas sin corazón han vuelto a interrumpir la educación de nuestras niñas inocentes". El actual mandatario nigeriano emitió su declaración antes de partir hacia Sudáfrica para el G20, dejando una sensación amarga en los ciudadanos que esperaban acciones inmediatas más que palabras protocolarias.

Es imprescindible recordar que desde el infame secuestro de 276 niñas de Chibok por el grupo extremista Boko Haram en 2014, al menos 1,500 estudiantes han sido secuestrados en el norte del país. A pesar de los múltiples escándalos internacionales —#BringBackOurGirls incluido— el fenómeno de los secuestros escolares no solo persiste, sino que prolifera.

¿Terroristas? ¿Bandidos? ¿Quiénes son estos atacantes?

A diferencia de insurgencias ideológicas como la de Boko Haram, muchos de los recientes ataques son adjudicados a bandas criminales armadas integradas por antiguos pastores que han caído en la delincuencia como respuesta a antiguos conflictos con comunidades agrícolas. Estas bandas ahora ven en los secuestros por rescate una forma lucrativa de vida criminal.

El analista de seguridad en Abuja, Senator Iroegbu, explicó: “Los secuestradores marcan la pauta. Aunque priorizar la inteligencia es esencial, eventualmente tendremos que negociar, probablemente con rescate incluido”.

Una cadena de negligencias y corrupción

Más allá de los criminales, muchos señalan al propio Estado como corresponsable. De acuerdo al activista cívico Dan Juma Umar de Maga, días antes del ataque los residentes advirtieron a las autoridades sobre movimientos sospechosos en la zona, pero sus alertas fueron ignoradas.

La corrupción rampante, dicen los expertos, permite un flujo constante de armas hacia las bandas y obstaculiza el suministro a las fuerzas de seguridad. El resultado es un círculo vicioso donde las víctimas se multiplican, pero los responsables rara vez son procesados. En palabras de Iroegbu: “Si no judicializamos ni castigamos a los agresores, estamos condenados a repetir esta historia una y otra vez”.

El ejército responde, pero ¿basta con eso?

Tras el secuestro, el jefe del Estado Mayor del Ejército de Nigeria, el general Waidi Shaibu, movilizó operaciones inmediatas basadas en inteligencia con el fin de localizar a los secuestradores sin poner en peligro a las niñas. “El éxito no es opcional”, declaró con vehemencia.

Según cifras oficiales, al menos el 70% de las operaciones militares en el noroeste de Nigeria desde 2015 han tenido como objetivo combatir estas redes criminales. Sin embargo, los resultados siguen dejando mucho que desear. Históricamente, la falta de coordinación entre agencias ha sido uno de los principales obstáculos.

Educación en jaque

La UNICEF ha advertido que los ataques contra escuelas, como el de Maga, afectan gravemente la tasa de escolarización femenina en Nigeria, particularmente en las regiones rurales del norte. Apenas en 2021, Nigeria tenía más de 10 millones de niños fuera del sistema escolar, siendo el país con mayor número en el mundo.

Para muchas familias, enviar a sus hijas a la escuela ya no es una opción segura. En cambio, regresan a labores domésticas o se ven forzadas a contraer matrimonios precoces como vía para su "protección".

Comparaciones inevitables: De Chibok a Maga

El eco de Chibok sigue resonando cada vez que una nueva tragedia como la de Maga conmociona al país. El secuestro de las 276 niñas por Boko Haram captó la atención global y motivó el movimiento #BringBackOurGirls, cuyos efectos hoy parecen ser más simbólicos que efectivos.

De esas niñas, más de 100 aún siguen desaparecidas una década después. Esta realidad brutal hace que muchos cuestionen la capacidad o la voluntad del Estado nigeriano para proteger a sus ciudadanas más jóvenes y vulnerables.

La desidia internacional

A diferencia de otras crisis, los secuestros escolares en Nigeria suelen quedar relegados en la agenda mediática global. Salvo por breves momentos de indignación en redes sociales, la comunidad internacional ha mantenido un perfil bajo, incluso cuando, según la ONU, más de la mitad de las actividades terroristas del mundo en 2022 ocurrieron en África subsahariana.

Esto plantea la pregunta de por qué crisis semejantes en otras regiones reciben atención inmediata, apoyo técnico y estratégico, mientras que en África se responde con declaraciones diplomáticas y escasas acciones concretas.

¿Hay solución en el horizonte?

El primer paso, según expertos, es restaurar la confianza en las instituciones. De poco sirve enviar al ejército si las comunidades no sienten que sus denuncias son escuchadas. Estudios de organizaciones como el International Crisis Group sugieren soluciones tales como:

  • Establecer fuerzas conjuntas comunitarias y federales con entrenamiento adecuado.
  • Inversión en educación y salud para reducir las condiciones sociales que favorecen el reclutamiento de jóvenes por estas bandas.
  • Un sistema unificado de inteligencia que permita actuar antes y no después de cada tragedia.

Una solución sostenible requiere también la participación de organizaciones internacionales y gobiernos socios de Nigeria, no solo para el rescate puntual de las niñas, sino para erradicar el problema de raíz.

La voz de la resiliencia

Entre tanto dolor, la historia de Hawau Usman, la chica de 15 años que escapó del secuestro, es un rayo de luz. “Toqué la puerta de la casa del director, pero nadie respondió. Entonces, busqué refugio en la casa de un maestro”, contó.

Su acto de valor es testimonio de la entereza de las niñas nigerianas, que pese a vivir en constante estado de vulnerabilidad, siguen soñando con una vida mejor. A ellas, y a cada niña aún en cautiverio, les debemos no solo su libertad, sino un país que verdaderamente las proteja.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press