¿El final de la supervisión federal en Nueva Orleans marca un verdadero cambio en la policía?

Después de casi 13 años, termina el decreto de consentimiento sobre el NOPD, pero las dudas sobre racismo, abuso y reforma real persisten

Una década de vigilancia federal: El origen del decreto de consentimiento

En 2012, Nueva Orleans fue el centro de atención nacional cuando una investigación del Departamento de Justicia evidenció patrones profundamente inconstitucionales en la Policía de Nueva Orleans (NOPD). Entre los hallazgos más graves figuraban prácticas racistas de perfilamiento, fuerza excesiva y corrupción sistémica. Todo esto, surgido en parte como respuesta a las atrocidades cometidas después del Huracán Katrina, como la tristemente célebre masacre del Puente Danziger, en donde agentes mataron a dos civiles afroamericanos desarmados.

El resultado fue un decreto de consentimiento, firmado y aprobado en 2013 por la jueza federal Susie Morgan, que reformó por completo el funcionamiento de la fuerza policial de la ciudad. Fue considerada una de las iniciativas de reforma policial más amplias en la historia de Estados Unidos.

Costos de la reforma: ¿vale lo que cuesta?

La implementación del decreto supuso una inversión significativa de recursos públicos. Las cifras varían según la fuente: la entonces procuradora estatal Liz Murrill calculó un costo superior a los $150 millones, mientras que la ciudad de Nueva Orleans lo sitúa en torno a los $61 millones. Solo el equipo de monitoreo habría costado alrededor de $20 millones, según expuso la jueza Morgan.

Estos gastos fueron criticados por algunos funcionarios locales que consideran que el dinero pudo haberse utilizado en aumentar la cantidad de oficiales o mejorar la infraestructura pública. El descenso del número de policías en los últimos años es otra preocupación que muchos atribuyen a las nuevas restricciones impuestas por el decreto.

Avances notables pero incompletos

Desde el inicio de la supervisión federal, el NOPD ha demostrado mejoras sustanciales. De acuerdo con el equipo de monitoreo:

  • Las intervenciones de fuerza grave se redujeron en un 47% entre 2015 y 2023.
  • Han disminuido las persecuciones vehiculares que terminan en daños materiales.
  • También ha bajado el número de quejas por sesgos raciales.

Según datos del departamento, el compromiso con una policía más ética y responsable es claro. La subcomisaria Precious Banks, una de las principales voces internas de cambio, señaló que la reforma “obligó a los oficiales a escuchar a los ciudadanos y priorizar políticas basadas en la compasión y la rendición de cuentas”.

Controversias persistentes y una salida cuestionada

Pese a los avances, los desafíos fundamentales no han desaparecido. Varias organizaciones de derechos civiles y miembros del público han señalado áreas en las que el NOPD sigue fallando:

  • Investigaciones insuficientes de crímenes sexuales, con una baja tasa de resolución.
  • Falta de efectividad en los mecanismos de supervisión interna como la Oficina de Integridad Pública.
  • Uso desproporcionado de la fuerza contra hombres negros, como lo denunció el ACLU de Luisiana.
  • Problemas de privacidad relacionados con tácticas de vigilancia y predicción del crimen.

Ante estos problemas persistentes, hay quienes creen que la salida del decreto, autorizada en octubre de 2023 y confirmada en febrero de 2024, fue prematura e influenciada políticamente.

La política detrás del fin del decreto

El fin de la supervisión federal coincide con el regreso de la administración de Donald Trump, que ha expresado públicamente su rechazo hacia los decretos de consentimiento. Afirmando que “limitan innecesariamente el accionar policial”, el Departamento de Justicia bajo Trump ya ha solicitado terminar acuerdos similares en Louisville y Minneapolis.

La jueza Morgan reconoció la evolución de la postura federal y se mostró dispuesta a afirmar que el NOPD “ya no necesita una supervisión constante”. Sin embargo, los críticos opinan que este cambio trasluce una voluntad política de desmantelar compromisos con la reforma estructural más que una progresión genuina del departamento.

Impacto en la comunidad y respuesta ciudadana

Mientras las autoridades locales celebran el final del decreto como un “hito transformador”, grupos comunitarios y activistas protestaron a las afueras del evento de clausura en la Facultad de Derecho Loyola. Toni Jones, representante de la Alianza de Nueva Orleans contra la Represión Política y el Racismo, fue enfática:

“Donald Trump no quiere que existan barreras legales para que los agentes de ICE actúen sin restricciones en nuestras comunidades. Esto forma parte de una guerra contra las ciudades negras y morenas.”

El temor se ha intensificado con la próxima operación federal “Swamp Sweep”, que busca desplegar agentes fronterizos en Nueva Orleans desde abril. Aunque el superintendente Anne Kirkpatrick ha afirmado que “el NOPD no realizará arrestos migratorios”, la percepción pública es de alerta ante un posible retroceso.

¿Se deben mantener las reformas tras el decreto?

Una inquietud principal es si las políticas impuestas por el decreto de consentimiento —como la no colaboración con ICE, o la prohibición de persecuciones de alta velocidad por delitos no violentos— seguirán vigentes o serán derogadas por conveniencia política.

Varios miembros del Consejo Municipal han expresado interés en codificar las reformas más significativas en leyes locales. Aun así, defensores de derechos civiles alertan que, sin supervisión externa, muchas de estas políticas pueden desaparecer silenciosamente con el tiempo.

¿Qué sigue para la policía de Nueva Orleans?

El retiro del decreto no significa que el NOPD haya alcanzado la perfección. Como reconoció la misma jueza Morgan en su despedida del proceso:

“Esto no significa que el NOPD haya terminado su camino. Hay mucho trabajo por hacer.”

Jonathan Aronie, quien lideró el equipo federal de monitoreo, también hizo una reflexión profunda sobre el momento:

“La supervisión federal permitió que los buenos oficiales retomaran el control moral de la institución. Pero hay cicatrices en la comunidad que no desaparecen solo porque digamos que la policía ha cambiado.”

Las declaraciones son un claro llamado a la vigilancia ciudadana y la participación activa para asegurar que los avances logrados en 13 años no se desvanezcan bajo la sombra de decisiones políticas.

¿Fin de una era o comienzo de una nueva lucha ciudadana?

Pese al discurso optimista de algunos funcionarios, el futuro del NOPD y su relación con la comunidad están lejos de ser garantizados. El fin del decreto de consentimiento puede marcar un nuevo comienzo, sí, pero también plantea un tremendo desafío: ¿cómo asegurar que el progreso logrado no sea revertido por presiones políticas o descuido institucional?

La ciudadanía tendrá un papel vital. Tal vez más que nunca. Porque, como dijo una vez Martin Luther King Jr., “La justicia demasiado pospuesta es justicia denegada”. Y muchos en Nueva Orleans todavía esperan justicia—en todas sus formas.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press