Controversia en Montpellier: ¿racismo o malentendido cultural?
Mary Fowler denuncia discriminación racial en su antiguo club francés, mientras Montpellier niega categóricamente los hechos. ¿Es este un caso de racismo estructural o una historia con múltiples interpretaciones?
Un recuerdo que no se borró
Mary Fowler, actual jugadora del Manchester City e internacional con la selección australiana, destapó recientemente una polémica que ha sacudido al fútbol femenino europeo. En su libro autobiográfico Bloom, publicado en 2024, asegura haber sido víctima de una experiencia con connotaciones racistas durante su etapa en el Montpellier HSC de Francia.
La futbolista, de ascendencia papuano-neoguineana e irlandesa, relata un episodio ocurrido en 2022, cuando ella y su compañera Ashleigh Weerden —ambas de raza negra— fueron excluidas de una ceremonia de despedida para jugadoras salientes.
“Después del partido, algunas compañeras se preguntaban por qué no habíamos recibido flores como las demás”, escribe Fowler. “Luego, en el vestuario, otra jugadora se nos acercó y nos dio unos plátanos, diciendo: ‘Tomen, estos son para ustedes’. Eso fue demasiado”.
La respuesta tajante del club
Montpellier fue rápido en reaccionar. En un comunicado oficial, el club expresó su “asombro” ante las acusaciones: “Algunas son particularmente graves, y el atajo que lleva a retratar al club como una entidad racista es inaceptable”.
¿Cuál fue la explicación del club? Según Montpellier, sólo se rindió homenaje con flores a las jugadoras cuyo contrato finalizaba en junio de 2022. Fowler y Weerden seguían contratadas hasta junio de 2023, por lo que, según normas internas, no se les dio el obsequio mencionado. “Habría sido inapropiado considerar que dejaban el club”, añade el comunicado.
Respecto al episodio de los plátanos en el vestuario, Montpellier afirma que consultaron a varias personas presentes y no encontraron pruebas de que ese suceso ocurriera. “Si se hubieran reportado hechos de esta índole, el club habría actuado inmediatamente”, aseguran.
El racismo en el fútbol: un problema sistémico
Más allá de este caso particular, lo denunciado por Fowler toca una fibra sensible en el mundo del deporte: el racismo estructural en el fútbol. Según un informe publicado por Fare Network, una organización que combate la discriminación en el fútbol europeo, se registraron más de 240 incidentes racistas durante la temporada 2021-2022 en Europa. Francia, especialmente, ha sido uno de los países donde casos de abuso racial han sido documentados con frecuencia.
La jugadora australiana agrega en su libro que lo vivido “no era algo que pudiera simplemente ignorar”, señalando que este momento quedó marcado en su memoria incluso después de trasladarse a Inglaterra. “Con mi amiga lo hemos comentado varias veces. Esas cosas no se olvidan”, escribe.
El peso simbólico de los plátanos
¿Por qué es grave el gesto relatado por Fowler? En la cultura occidental, ofrecer plátanos a una persona negra tiene fuertes connotaciones racistas, pues remite a estereotipos comparativos con los simios, utilizados histórica y peyorativamente como forma de deshumanización.
El exfutbolista brasileño Dani Alves ya fue víctima de un acto público de este tipo en 2014, cuando alguien le lanzó un plátano desde la grada durante un partido en España. Su respuesta —comérselo con indiferencia— se volvió viral, pero el hecho puso en evidencia el racismo latente en el fútbol.
Para muchas jugadoras negras, estos episodios, aunque sutiles o “bromas” para algunos, no son casuísticos sino parte de una cadena de microagresiones cotidianas, difíciles de denunciar porque —como en el caso de Fowler— pueden interpretarse como un “malentendido”.
Balance de poder y credibilidad: ¿denuncia legítima o exageración?
La credibilidad de las denuncias de racismo a menudo queda en entredicho cuando se enfrentan a versiones institucionales bien estructuradas. El club Montpellier, al defender su reputación, amenaza incluso con emprender acciones legales. Sin embargo, existe una asimetría de poder evidente entre una futbolista que cuenta su verdad desde la subjetividad de un recuerdo —pero sin pruebas materiales tangibles— y una entidad deportiva respaldada por estructura, abogados y una narrativa oficial.
Esto genera una pregunta ética: ¿hasta qué punto deben las instituciones esperar pruebas objetivas (difíciles de conseguir en eventos del ámbito privado, como un vestuario), para asumir responsabilidad o al menos abrir una investigación independiente?
El caso como espejo del racismo silencioso
Lo relatado por Fowler no se inscribe en un acto aislado, sino que es representativo de lo que muchas personas racializadas viven en espacios donde la mayoría sigue siendo blanca. Se trata de un racismo velado, que no grita insultos pero que se manifiesta en ausencias simbólicas: no recibir flores, no ser invitada a un acto, hacer bromas que sólo ciertos perfiles “deberían tolerar”.
En su libro, Fowler no denuncia odio, sino indiferencia, un tipo de discriminación mucho más difícil de combatir. “No se trataba de violencia, sino de exclusión silenciosa”, dice, apuntando a una cultura organizacional acrítica con los prejuicios y el clasismo racial que no se verbaliza pero que sí se siente.
Reacciones desde el mundo del fútbol
Ante la publicación de las memorias de Fowler, diversas voces del fútbol australiano expresaron su solidaridad. La exinternacional Lisa De Vanna manifestó en redes sociales: “No es fácil hablar. Gracias, Mary, por dar un paso adelante. Este deporte necesita limpiar sus rincones oscuros”.
Por su parte, Matildas, la selección femenina australiana, publicó en sus plataformas un mensaje destacando el valor de la diversidad y apoyando a sus jugadoras en todos los entornos. “Cada futbolista tiene derecho a un ambiente en donde se sienta respetada e incluida”, declararon.
¿Y ahora qué?
Montpellier ha dejado claro que podría llevar a los tribunales a Fowler por difamación en caso de que sus declaraciones afecten la imagen del club. Sin embargo, este tipo de medidas, lejos de resolver el conflicto, pueden enviar un mensaje disuasivo a otras futbolistas que han vivido experiencias similares.
En un momento donde el deporte femenino aún lucha por visibilidad y respeto, los temas de racismo y discriminación deben ocupar una prioridad real en las agendas institucionales. No basta con negar los hechos, es importante abrir canales para que las jugadoras puedan expresar sus experiencias desde un lugar seguro sin miedo a represalias.
¿La palabra de una jugadora pesa menos?
Que Mary Fowler tenga que justificar su experiencia años después, a través de un libro, demuestra que algo falla en los mecanismos de denuncia institucionales. Este caso nos invita a reflexionar sobre cómo validamos o deslegitimamos lo que una persona negra siente, recuerda o interpreta, frente a lo que una institución establece como “verdad oficial”.
Como dice el activista español Moha Gerehou: “El racismo no se define únicamente por la intención del acto, sino por el efecto que tiene en la persona que lo recibe”. A veces, el silencio o la risa cómplice ante una broma cargada de connotaciones raciales puede pesar más que un insulto explícito.
El debate está abierto. ¿Debería Montpellier investigar a fondo y con imparcialidad el hecho, incluso si ya han pasado dos años? ¿O basta con negar y pasar página? El fútbol, como reflejo de la sociedad, está obligado a afrontar estos temas con madurez y valentía.