El legado controversial de Dick Cheney y cómo su funeral expuso las grietas del bipartidismo estadounidense

La ausencia de Trump, el respaldo a Harris y un desfile de ex vicepresidentes: el adiós a Cheney fue mucho más que un tributo

Un adiós lleno de símbolos

El funeral del exvicepresidente Dick Cheney, celebrado en la Washington National Cathedral, fue una ceremonia tan solemne como política. Presidido por figuras de alto nivel del pasado político estadounidense, como George W. Bush, Joe Biden, Kamala Harris y Mike Pence, el evento no solo honró una vida política influyente, sino que también expuso con toda claridad las fracturas ideológicas internas que dividen al país.

Cheney, una figura prominente en la política republicana desde los años 80 y arquitecto de muchas de las estrategias geopolíticas durante los años de Bush, falleció el 3 de noviembre de 2025. Su funeral reunió a figuras icónicas, pero también marcó de manera evidente quiénes fueron excluidos —ni el expresidente Donald Trump ni su vicepresidente actual, JD Vance, asistieron ni fueron invitados.

George W. Bush: un elogio íntimo

El expresidente Bush, con quien Cheney compartió ocho años turbulentos en la Casa Blanca, pronunció un discurso que exaltó tanto el carácter como la inteligencia de su exnúmero dos:

“Sólido, raro y confiable... Tenía más talento y autocontrol que ego. Era inteligente, refinado, sin pretensiones”.

Las palabras fueron recibidas con respeto, pero también con cierta melancolía por lo que Cheney representó: una era de política exterior intervencionista, guerra contra el terrorismo y una visión muy particular del poder presidencial.

Joe Biden y Kamala Harris: reconocimiento bipartidista

El actual presidente, Joe Biden, quien también fue vicepresidente, describió a Cheney como un "hombre decente", aunque recordó sus profundas diferencias ideológicas. En un comunicado posterior a su muerte, Biden destacó:

“Guiado por valores conservadores firmes. Creía, tal como yo, que la familia es el principio, medio y fin”.

Por su parte, Kamala Harris, sentada entre Jill Biden y Mike Pence, recibió indirectamente un último respaldo post mortem. Cheney apoyó a Harris en las elecciones presidenciales de 2024, rompiendo con su partido para oponerse a Trump, a quien consideraba un peligro para la democracia.

Mike Pence y la sombra del 6 de enero

Pence, vicepresidente de Trump y protagonista del dramático 6 de enero en el Capitolio, recordó el consejo de Cheney sobre cómo ser vicepresidente. Más allá de eso, compartió una anécdota potente:

“Me dijo: ‘Hiciste lo correcto’, después de negarme a invalidar los resultados de la elección de 2020”.

La frase resume el quiebre interno del Partido Republicano, cuyos miembros más tradicionales se oponen al populismo trumpista, reflejado con claridad en la ceremonia fúnebre.

Al Gore y Dan Quayle: presencia demócrata y republicana

La asistencia de Al Gore —quien perdió la elección de 2000 ante Bush y Cheney— fue emblemática. Gore, como presidente del Senado en ese momento, certificó oficialmente su propia derrota. Su presencia mostró madurez democrática y respeto institucional.

Dan Quayle, vicepresidente bajo George H. W. Bush, también acudió al funeral y destacó diferencias en la forma de ejercer el cargo vicepresidencial, describiendo a Cheney como alguien que expandió considerablemente ese rol.

Los ausentes más resonantes

La ausencia de Donald Trump y JD Vance fue quizás el mensaje político más poderoso del día. Según reportes, no fueron invitados. Trump, además, nunca hizo una declaración pública sobre la muerte de Cheney, ni emitió ninguna proclama presidencial en su honor, como suele hacerse con figuras de su nivel.

Trump y Cheney tenían una relación casi fracturada. Además de criticar continuamente las políticas trumpistas, Cheney apoyó abiertamente a los oponentes del expresidente, incluida su hija Liz Cheney, quien lideró un frente opositor interno tras la insurrección del Capitolio.

Divisiones profundas en la bandera conservadora

La transformación del partido conservador quedó en evidencia. JD Vance, quien sí expresó sus condolencias, marcó terreno diciendo:

“Obviamente hay desacuerdos políticos, pero él fue un hombre que sirvió a su país”.

Sin embargo, esa sobriedad contrasta con la postura ausente de respuesta institucional de la administración Trump, reflejo de grietas públicas e ideológicas indelebles.

El funeral como termómetro del bipartidismo

El acto fúnebre fue más que un tributo: resultó un acto simbólico de la lucha interna por el alma de los Estados Unidos. El hecho de que sí asistieran figuras como Bush, Biden, Harris, Pence, Gore y Quayle demuestra que aún existe un terreno de respeto institucional entre ciertas figuras del pasado y presente, aunque cada vez más debilitado.

Dos expresidentes demócratas, Bill Clinton y Barack Obama, estaban invitados pero no asistieron, lo cual no generó tanto ruido como la ausencia de Trump. En este caso, la actitud conciliadora no fue suficiente para unir completamente a los bloques.

Cheney, un legado que incomoda

Aunque venerado por algunos, el legado de Cheney es complejo y profundamente divisivo. Encabezó decisiones como la invasión a Irak en 2003 bajo evidencias discutibles sobre armas de destrucción masiva, impulsó el uso de técnicas de interrogatorio consideradas tortura y promovió políticas de vigilancia masiva bajo la Ley Patriota.

Sin embargo, en sus últimos años, se convirtió en una figura inesperada de resistencia institucional frente a los excesos de la administración Trump, abrazando una visión del conservadurismo basada en principios republicanos tradicionales.

¿Quién fue realmente Dick Cheney?

  • Nacido: 30 de enero de 1941
  • Cargos: Secretario de Defensa (1989-1993), Vicepresidente de EE.UU. (2001-2009)
  • Logros destacados: Presidente de Halliburton Company antes de ser vicepresidente
  • Controversias: Invasión de Irak, técnicas de tortura, vigilancia masiva
  • Últimos años: Crítico de Trump, aliado de figuras moderadas

Repercusiones futuras del funeral

Lo visto en el funeral de Dick Cheney fue un microcosmos de la política estadounidense: viejas alianzas, nuevas líneas de batalla, y un claro contraste entre quienes defienden el legado institucional y quienes buscan redibujar sus límites.

Más allá de la muerte de un hombre, su despedida fue también un espejo en el que la nación tuvo que mirarse. ¿Qué representa un vicepresidente en el siglo XXI? ¿Y hasta qué punto puede un líder reconciliar principios conservadores tradicionales con una política moderna polarizada?

Cheney respondió a esas preguntas con su legado. Nos queda saber si el país podrá responder con unidad tras su partida.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press