El resurgimiento del petróleo en las costas de EE. UU.: entre la 'dominación energética' y la amenaza ecológica
La administración Trump revive los planes de perforación en California, Florida y el Ártico, desatando polémica política, ambiental y económica
La costa vuelve al centro del debate energético
Por primera vez en décadas, el gobierno federal de Estados Unidos ha planteado un giro radical en su política ambiental y energética al proponer nuevos proyectos de perforación petrolera offshore en áreas sensibles frente a California, Florida y el Ártico. Esta movida, impulsada por la retórica de "dominación energética” del presidente Trump, ha sacudido tanto a ambientalistas como a líderes políticos de ambos partidos que temen las consecuencias para los ecosistemas marinos, la economía costera y la salud pública.
Un plan que revive fantasmas del pasado
Desde el infame derrame de petróleo en Santa Bárbara en 1969, California ha sido un bastión de resistencia frente a la expansión de la industria petrolera marina. Aquel desastre liberó más de 80,000 barriles de crudo en el océano, matando a miles de aves, peces y mamíferos marinos, y dio origen al moderno movimiento ambientalista.
Desde entonces, no se han concedido nuevos arrendamientos federales en las aguas de California desde mediados de la década de 1980. Sin embargo, bajo el nuevo plan presentado por la administración Trump, esto podría cambiar radicalmente, con una propuesta que incluye seis nuevas rondas de licitación para proyectos de perforación costera en esta región.
Florida: entre el petróleo y la dependencia turística
Florida enfrenta una situación políticamente delicada. Por un lado, la administración Trump propone habilitar nuevos proyectos en aguas del este del Golfo de México, a al menos 100 millas de la costa; por el otro, políticos republicanos locales —incluyendo figuras cercanas al propio Trump— se oponen con fuerza.
"Trabajaré siempre para mantener las costas de Florida prístinas", declaró el senador Rick Scott, quien lideró una cruzada similar contra la perforación en 2018 durante su mandato como gobernador.
El turismo representa un 22% del PIB de Florida, y sectores clave como las inmobiliarias costeras, la pesca artesanal y el turismo ecológico temen que un derrame como el del Deepwater Horizon en 2010 —que esparció casi 5 millones de barriles de crudo en el Golfo— sería devastador.
Una apuesta a la dominación energética
El plan encaja perfectamente con la narrativa de "dominación energética" impulsada por el presidente Trump desde su primer mandato. En su segundo período, ha reinstalado el Consejo Nacional de Dominación Energética y ha eliminado restricciones claves impuestas durante la era Biden, incluyendo la reversión de la prohibición sobre nuevas perforaciones en las costas este y oeste de Estados Unidos.
Para el sector petrolero, el momento es ideal: los precios del petróleo rondan los $80 por barril, y la infraestructura existente en California y el Golfo facilita, según la American Petroleum Institute, una expansión rápida sin necesidad de construir desde cero.
La “pesadilla de derrames” y el temor ecológico
Grupos ambientalistas y legisladores demócratas han lanzado alarmas sobre las potenciales consecuencias de esta política. Joseph Gordon, director de campaña del grupo Oceana, calificó el proyecto como “una pesadilla de derrames” que pondría en riesgo a millones.
Una carta firmada por más de 50 legisladores demócratas, incluidos los californianos Alex Padilla y Adam Schiff, advierte: “Abrir vastas costas a la perforación petrolera arriesga la destrucción total de ecosistemas costeros, pone en peligro la salud pública y puede significar miles de millones en gastos de limpieza y restauración”.
Y es que un solo derrame podría costar a los contribuyentes hasta $20,000 millones en daños, según estimaciones del National Ocean Economics Program.
El Ártico: frontera final o barrera ambiental
La propuesta no se limita a las costas famosas del sur de EE.UU. También incluye más de 20 nuevos arrendamientos en Alaska, adentrándose por primera vez a una zona bautizada como el Alto Ártico, a más de 200 millas mar adentro.
La región, considerada una de las más frágiles ecológicamente, ha sido ampliamente protegida por gobiernos anteriores debido a su biodiversidad única y a la dificultad logística y ambiental para operar allí.
El deshielo del Ártico —atribuido en gran parte a las emisiones de gases efecto invernadero— irónicamente ahora permite acceso a zonas con reservas potenciales de petróleo. Pero muchos científicos advierten que su explotación aceleraría aún más el calentamiento del planeta.
La hipocresía del veto a energías limpias
La ironía de esta narrativa energética se intensifica al observar que, al tiempo que se promueven nuevos pozos petroleros, la misma administración ha congelado más de $10,000 millones en subsidios para energías limpias eólico-marinas y ha bloqueado múltiples proyectos solares.
Proyectos offshore como Vineyard Wind y South Fork, claves para alcanzar objetivos net zero para 2050, han sido pospuestos o cancelados, creando un vacío que ahora parece ser ocupado por la industria fósil.
“La administración está apostando al fracking en las profundidades marinas, mientras ignora el viento del progreso que sopla sobre nuestras costas”, expresó la senadora demócrata Elizabeth Warren.
Impacto social, político y la visión de 2028
Los analistas también interpretan la maniobra como un pulso de poder frente a estados que retan abiertamente a Trump. El gobernador de California, Gavin Newsom —quien se vislumbra como posible candidato presidencial demócrata en 2028— fue tajante: “Esta propuesta está muerta al llegar”, escribió en X (antes Twitter).
La tensión también crece en la interna republicana. Senadores como Rick Scott y líderes estatales en Florida presionan para mantener la moratoria, alejándose de la visión más radical de “liberar todos los recursos fósiles” que impulsa Trump.
¿Qué está en juego?
- Ecología: Posible destrucción de hábitats costeros, migración de especies y pérdida de biodiversidad marina.
- Economía: Impacto en el turismo de playa, pesca costera y bienes raíces.
- Salud pública: Aumento de enfermedades respiratorias y dermatológicas tras derrames y contaminación aérea.
- Geopolítica: EE.UU. incrementaría su producción energética no renovable en un momento donde socios clave avanzan hacia la neutralidad carbono.
Una elección entre dos visiones energéticas
El avance de estos planes marca la línea divisoria entre dos visiones antagónicas: una enfocada en explotar los últimos filones fósiles disponibles en nombre de la independencia energética, y otra que apuesta por una transición sostenible y más limpia hacia energías renovables.
Mientras Trump afirma que el cambio climático es "el mayor engaño jamás perpetrado", millones de ciudadanos de California, Florida y Alaska vivirán en carne propia los efectos de decisiones que transformarán sus costas —para bien o para mal— durante generaciones.
