La herencia recuperada de Dave el Alfarero: arte, esclavitud y resistencia en barro
La historia de David Drake, un hombre esclavizado que firmaba sus jarras con poesía, inspira un cambio histórico en la restitución cultural en Estados Unidos
En una sala tranquila del Museum of Fine Arts de Boston, Daisy Whitner, de 86 años, colocó sus dedos dentro de una jarra de barro del siglo XIX. Sintió una leve imperfección en la arcilla, un rastro que —esperaba— perteneciera a su antepasado David Drake, mejor conocido como “Dave el Alfarero”.
“Estoy segura de que sentí sus lágrimas, gotas de sudor de su rostro y brazos dentro de esa vasija”, dijo emocionada Whitner, exgerente de cuentas en The Washington Post. Lo que ella tocó no fue solo cerámica antigua: fue un fragmento tangible de historia, identidad y dolor generacional.
¿Quién fue David Drake?
David Drake fue un hombre afrodescendiente que vivió esclavizado en Carolina del Sur durante el siglo XIX. Sin embargo, contra las prohibiciones que criminalizaban la alfabetización de personas esclavizadas, aprendió a leer y escribir. A través de su arte —jarras de cerámica con capacidad de hasta 40 litros— dejó un legado imperecedero, grabando versos, fechas y su nombre en cada pieza, como una reivindicación de humanidad y autoría.
Ejemplos notables de su poesía incluyen frases como:
“I wonder where is all my relation / friendship to all – and every nation”
“I made this Jar = cash – / though its called = lucre Trash”
Estas inscripciones eran actos de resistencia cultural, arriesgados y profundamente significativos. En una época donde las personas esclavizadas eran consideradas propiedad sin voz, Dave usó su arte para proclamar: “Yo soy”.
Una restitución sin precedentes
En noviembre de 2025, el Museum of Fine Arts de Boston devolvió dos jarras firmadas por Drake a sus descendientes. Este gesto, aclamado por expertos como el primer gran caso de restitución de arte creado por una persona esclavizada en Estados Unidos, marca un antes y un después en las políticas culturales del país.
Yaba Baker, bisnieto en cuarta generación de Dave y autor de libros infantiles sobre historia afroestadounidense, describió el acto como una “restauración espiritual”. “Antes, no teníamos ningún vínculo tangible. Ahora puedo mirar a mi hijo y decirle: ‘Este es tu linaje’,” expresó.
El valor histórico de las jarras
Las jarras de Dave no eran objetos sencillos. Su creación requería fuerza física, maestría técnica y, en su caso, una resiliencia mental extraordinaria. Se sabe que, pese a haber perdido una pierna, Drake siguió trabajando, probablemente con la ayuda de otros esclavizados.
Cada pieza representa simultáneamente:
- Una herramienta funcional: se usaban en plantaciones para conservar alimentos como cerdo o maíz.
- Una obra artística: firmada, narrada en poesía, y con un estilo único dentro de la alfarería del siglo XIX.
- Un documento histórico: que desafía los silencios de la historia oficial estadounidense.
El museo no reveló cuánto pagó para recuperar una de las piezas, pero ahora está en exhibición junto con un acuerdo de préstamo sobre la segunda. La familia Baker insistió en que parte de la misión es que el público conozca y se inspire en la historia de Dave.
Una huella imborrable en la historia del arte afroamericano
David Drake forma parte del legado de artesanos afroamericanos que desarrollaron oficios especializados aún en condiciones extremas. Muchos historiadores consideran que su obra se suma a los pocos registros de autoría esclava directa, junto con tejidos, herrería o carpintería.
Ethan Lasser, presidente del Departamento de Arte de las Américas del MFA, lo resume bien: “Piensa en esto como una persona esclavizada hablando en primera persona, reclamando autoría”. En un contexto donde el “arte” de muchas personas no blancas ha sido tradicionalmente atribuido de manera anónima o borrada, Dave deja una firma y un alma.
Una poesía contra el olvido
Además de firmar piezas con su nombre, Drake inscribía coplas rimadas. Estas hablaban de temas religiosos, métricas del recipiente o reflexiones filosóficas sobre la vida. Una teoría de historiadores propone que algunas inscripciones eran intentos de enviar mensajes codificados a familiares después de que fueran separados —un trauma constante de la esclavitud.
Su última pieza fechada es de 1862, en plena Guerra Civil. La inscripción reza:
“I made this Jar, all of cross / If you don’t repent, you will be lost”
Se cree que Drake murió en la década de 1870, ya como hombre libre. El censo de 1870 lo incluye, pero en el de 1880 ya no figura.
De símbolo enterrado a ícono cultural
La historia de David Drake ha inspirado exposiciones, libros e investigaciones. Sin embargo, su caso toma un nuevo impulso con esta restitución. El hecho de que sus descendientes hayan podido tocar, ver y analizar su legado rompe con generaciones de silencio.
Yaba Baker menciona que varios museos y coleccionistas privados ya se han acercado tras la noticia, buscando maneras éticas de manejar las piezas de Dave que poseen. Dice que la experiencia cambió a su familia y cómo se perciben a sí mismos: “Antes no teníamos ese eslabón que uniera nuestra historia. Ahora lo tenemos. Y se llama Dave”.
Una lección para la cultura y la justicia
La restitución de obras creadas por personas esclavizadas es una dimensión reciente pero vital del debate sobre justicia histórica y legado cultural. Así como se han devuelto piezas saqueadas durante el colonialismo, o durante la Alemania nazi, las creaciones afronorteamericanas requieren un mismo respeto.
Kate McElwee, directora de la Women’s Ordination Conference, lo resumió al hablar sobre otros esfuerzos de restauración: “Cuando se reconoce la humanidad de alguien a través del arte, se combate el olvido. Eso es resistencia.”
En las jarras de Drake hay barro, sí, pero también hay alma, dolor, resistencia y poesía. Con cada línea escrita, este artesano de Edgefield, Carolina del Sur, desafió un sistema que intentaba borrar su existencia. Hoy, su legado sobrevive como testimonio de que la creatividad no puede ser encadenada y que el arte, incluso en las condiciones más inhumanas, puede ser un grito eterno de libertad.
