Los Diez Mandamientos en las aulas de Texas: ¿educación o imposición religiosa?

Una mirada crítica a la ley que obliga a mostrar los Diez Mandamientos en las escuelas públicas y las tensiones constitucionales, sociales y morales que genera

Una ley que divide

Texas ha desatado una tormenta política, legal y social tras aprobar una ley que requiere que los Diez Mandamientos sean exhibidos de forma prominente en todas las aulas de las escuelas públicas estatales. Se trata de una legislación sin precedentes en alcance dentro de EE.UU., y ha encendido un debate nacional sobre la relación entre religión y educación pública.

La ley exige que los carteles sean donados, visibles desde cualquier punto del aula y que midan al menos 40 x 50 centímetros. Aunque sus impulsores argumentan que no buscan evangelizar, sino reforzar valores morales y cívicos, críticos señalan que vulnera la Primera Enmienda de la Constitución, donde se prohíbe el establecimiento estatal de una religión.

Una maestra renuncia por principios

Gigi Cervantes, una querida maestra de teatro de Fort Worth, renunció tras sentirse moralmente obligada a no cumplir con la obligación de colgar el cartel en su salón. "No iba a imponer doctrina religiosa a mis estudiantes," dijo. Su decisión causó admiración en sus alumnos, quienes le ofrecieron una despedida emotiva luego de su última obra teatral con ellos.

Ella representa a un creciente grupo de educadores que se niegan a cooperar con una norma que consideran una amenaza a la libertad religiosa —incluyendo la libertad de no practicar religión alguna. "Estamos viviendo una época donde quienes deberían alzar la voz, callan", reflexionó.

¿Mandamiento o doctrina?

Los Diez Mandamientos, piedra angular del judaísmo y el cristianismo, son percibidos por muchos creyentes como códigos universales de moralidad. De ahí que algunos padres, como Adriana Bonilla, celebren la ley. "Enseñan respeto y responsabilidad", asegura esta madre de San Antonio.

No obstante, otros critican que estos códigos provienen de textos sagrados específicos y no deben tener cabida en instituciones laicas financiadas con recursos públicos. "Son preceptos religiosos, no universales", afirmó en entrevista la profesora Rachel Preston del área de Austin. Ella teme por los estudiantes no cristianos, quienes podrían sentirse marginados o incómodos.

Conflicto constitucional en las cortes

La batalla ya se ha trasladado a los tribunales. Más de 24 distritos escolares han recibido órdenes judiciales prohibiendo colocar los carteles. Jueces federales han señalado que la ley viola abiertamente la cláusula de establecimiento de la Primera Enmienda. Casos similares en Arkansas y Luisiana también fueron rechazados por tribunales.

Todo indica que el conflicto llegará a la Corte Suprema de los Estados Unidos, donde podría convertirse en un precedente determinante en las futuras relaciones entre religión y gobierno.

Posturas encontradas entre los maestros

En Whitesboro, un profesor de historia de octavo grado, Dustin Parsons, no ve conflicto. "Presento los Mandamientos como parte del contexto histórico americano. No evangelizo", afirma. La Constitución estadounidense fue inspirada en valores judeocristianos, añade.

Sin embargo, la realidad es más compleja. Históricamente, los Padres Fundadores promovían la separación iglesia-estado. Thomas Jefferson, por ejemplo, advertía sobre el “muro de separación” entre ambos dominios. La Constitución misma no menciona a Dios ni a ninguna religión específica.

Un dilema administrativo y legal

Los distritos escolares están atrapados entre la espada de las autoridades estatales —como el fiscal general Ken Paxton, que ya ha demandado a varias escuelas por no acatar la ley— y las órdenes judiciales federales que dictaminan su inconstitucionalidad.

En Galveston, el consejo escolar decidió no exhibir los carteles hasta que la legalidad de la ley sea resuelta. Aún así, fueron blanco de una demanda del estado. Otros distritos, como el independiente de Frisco, imprimieron más de 5,000 carteles a un costo de $1,800 dólares, a pesar de que la ley requiere que los carteles sean donados.

Reacciones estudiantiles

Para muchos jóvenes, la repentina aparición de los Mandamientos en la escuela fue chocante. Madison Creed, de 16 años, recuerda el revuelo en su secundaria en Carthage. “Fue el tema del momento. Unos lo apoyaban, otros no. Incluso nuestro director de banda renunció por esto.”

“Estas son escuelas públicas, no cristianas”, expresó su madre, Tiffany Meadows, quien se dice cristiana, pero reconoce que puede ser problemático para estudiantes de otras religiones o no religiosos.

¿Un retroceso en la educación pública?

Para muchos educadores, esta ley es vista como un preocupante precedente. Julie Leahy, asesora legal de una asociación de maestros, comenta que los docentes preguntan si pueden exhibir también preceptos de otras religiones —algo que hasta ahora no ha sido aclarado— o incluso, si podrían ser sancionados por rechazar la implementación.

"Los distritos están en un aprieto. Deben implementar una ley estatal que está siendo impugnada a nivel federal. No hay precedente claro y muchos docentes sienten que el gobierno los ha abandonado a su suerte," señala Leahy.

Una moral impuesta

Lorne Liechty, comisionado del condado Rockwall y donante de carteles, no entiende el revuelo. "Son simplemente buenos principios. ¿Quién podría estar en desacuerdo con ellos?", asegura. Él cree que su publicación puede ayudar a revertir la supuesta decadencia moral en la juventud.

Sin embargo, para otros, los valores morales no necesitan proceder de un marco religioso. La ética ciudadana, el respeto, la solidaridad y la tolerancia pueden enseñarse sin hacer referencia a doctrinas sagradas. “Esa es la belleza de un sistema público e inclusivo”, comenta Rachel Preston.

¿Una cruzada política?

Varios analistas interpretan la ley no como un cambio educativo, sino como una maniobra política. Texas tiene un gobierno dominado por el Partido Republicano, con una base social cristiana conservadora. Posturas como las del ex presidente Donald Trump —quien expresó su apoyo a la iniciativa— alimentan una narrativa de “regreso a los valores tradicionales”.

Lo que para algunos es restaurar el orden moral, para otros es una amenaza al pluralismo. Y ese choque se está cocinando en las cajas negras del sistema judicial estadounidense.

El legado de quienes se oponen

El caso de Gigi Cervantes se ha vuelto casi emblemático. En tiempos de tensiones políticas y sociales, su renuncia resuena como un acto de resistencia ética. Lejos de tener una militancia antirreligiosa, su objeción radica en el respeto al derecho a la diversidad religiosa de sus estudiantes.

Como dijo en su última entrevista: “No quiero formar parte de una época donde tener principios sea motivo de miedo”.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press