Símbolos de odio en la Guardia Costera de EE. UU.: ¿Compromiso con la disciplina o retroceso en derechos humanos?

La nueva política sobre símbolos divisivos en la Guardia Costera abre un intenso debate sobre moral, seguridad, y política en las fuerzas armadas

La Guardia Costera de los Estados Unidos se encuentra en el centro de una controversia política y social tras anunciar la actualización de su política sobre el uso de símbolos considerados como discursos de odio, como esvásticas y sogas (nooses), y cómo estos serán manejados dentro de sus unidades. La nueva directiva, que entrará en vigor el 15 de diciembre, ha sido calificada por algunos como un retroceso frente a la lucha contra el odio, y por otros como una intención de alinear su reglamento con otras estructuras militares.

¿Qué cambia realmente en la nueva política?

En 2020, bajo el mando del entonces comandante Karl Schultz, la Guardia Costera calificó símbolos como las esvásticas y las sogas como incidentes potenciales de odio, basándose en su histórico vínculo con crímenes de odio, linchamientos racistas y genocidio. En contraste, la nueva política introduce una diferencia semántica pero alarmante: ahora estos símbolos se describen como “potencialmente divisivos” en lugar de “símbolos ampliamente reconocidos de odio y opresión”.

La norma continúa prohibiendo el uso público de la bandera Confederada, excepto en contextos estrictamente educativos o históricos, pero no prohíbe de manera explícita la exhibición pública de otros símbolos “potencialmente divisivos”.

La eliminación del término “incidente de odio”

Uno de los aspectos más polémicos de la actualización es que ya no se utilizará el término “incidente de odio”. Todos los comportamientos que antes hubiesen sido gestionados bajo esta categoría ahora se abordarán como “reportes de acoso”, siempre que exista una persona agraviada identificable.

Los comandantes tendrán la potestad, con asesoría legal, de ordenar la remoción de cualquier símbolo o bandera que consideren perjudicial para la moral o la disciplina institucional. No obstante, la subjetividad de esta disposición genera preocupación sobre su implementación.

Reacciones desde el Senado

La senadora demócrata Jacky Rosen de Nevada criticó duramente la nueva política:

“Esta política actualizada revierte importantes protecciones contra la intolerancia y podría permitir inexplicablemente la exhibición de símbolos horriblemente odiosos como esvásticas y sogas”.

Rosen subrayó alarmas importantes relacionadas con el contexto nacional e internacional:

“En un momento en el que el antisemitismo está aumentando en Estados Unidos y en todo el mundo, relajar las políticas destinadas a combatir los crímenes de odio no solo envía el mensaje equivocado a los hombres y mujeres de nuestra Guardia Costera, sino que pone en riesgo su seguridad”.

Declaraciones del liderazgo de la Guardia Costera

Admiral Kevin Lunday, comandante interino de la Guardia Costera, salió al paso de las críticas:

“Estos símbolos han estado y siguen estando prohibidos en la Guardia Costera según la política. Cualquier exhibición, uso o promoción de tales símbolos será investigada a fondo y severamente castigada”.

Sin embargo, el tono del nuevo lenguaje normativo sugiere una transición hacia una política menos firme en la prevención del odio, generando suspicacia entre defensores de derechos humanos y legisladores.

Un reflejo de cambios más amplios en el ámbito militar

Este movimiento en la Guardia Costera tiene eco en el Departamento de Defensa. Hace menos de dos meses, el secretario de Defensa Pete Hegseth ordenó una revisión completa de las definiciones de acoso, intimidación y maltrato en todas las ramas del ejército, argumentando que las políticas eran demasiado amplias y comprometían la preparación para el combate y la confianza institucional.

Este panorama va de la mano con cambios en el lenguaje, la política y la cultura de instituciones militares históricamente reacias a implementar reformas progresistas en temas de inclusión y diversidad.

Implicancias éticas y de seguridad interna

Numerosos expertos en derechos humanos han advertido que debilitar los mecanismos que previenen el odio y el acoso podría afectar la cohesión interna y la seguridad del personal. Según el Southern Poverty Law Center, el año 2022 registró más de 500 incidentes reportados de discurso de odio y presencia de ideología supremacista en entornos institucionales estadounidenses, incluyendo bases militares.

Además, estudios internos realizados tras el asalto al Capitolio en enero de 2021 revelaron una preocupante infiltración de ideologías extremistas en miembros activos y retirados de las fuerzas armadas, lo cual pone en duda la adecuación de políticas que no enfrenten directamente estos símbolos y conductas.

Una visión histórica: símbolos que marcan heridas

La esvástica, símbolo prominente del nazismo, representa para muchos el genocidio de más de 6 millones de judíos durante el Holocausto. Por otro lado, la soga se asocia en Estados Unidos con el linchamiento y el terror racial, particularmente contra afroamericanos en los siglos XIX y XX. Según datos del Equal Justice Initiative, al menos 4,400 linchamientos tuvieron lugar en el sur de EE. UU. entre 1877 y 1950.

Frente a esta carga histórica innegable, muchos argumentan que permitir su “posible uso” bajo etiquetas vagas como “divisivo” únicamente blanquea su significado original.

¿Lucha por la disciplina o relajación de estándares?

La postura oficial indica que estas políticas buscan un equilibrio entre disciplina y respeto a los derechos constitucionales de los miembros del servicio, en particular la libertad de expresión. Pero los críticos consideran que esta postura es un disfraz bajo el cual se permite una peligrosa normalización de símbolos extremistas.

Gregory McGowan, exoficial de la Guardia Costera y asesor de integración comunitaria, señala:

“No se trata de censurar ideas, se trata de proteger a las personas. No puedes tener un entorno disciplinado cuando se permite simbología asociada a crímenes contra la humanidad. Eso no es moralmente sostenible ni estratégico”.

El precedente de Linda Fagan y la politización militar

La comandante anterior, la almirante Linda Fagan, fue cesada por la administración Trump el mismo día en que asumió el cargo. Según fuentes cercanas, se la removió en parte por enfocarse de manera excesiva en iniciativas de diversidad e inclusión que, en opinión del gobierno de entonces, desviaban recursos de las prioridades operativas.

Este evento sienta un precedente claro sobre las tensiones internas entre una cultura castrense tradicionalista y las demandas modernas de responsabilidad institucional y derechos humanos.

El papel del Pentágono y la integridad institucional

La Guardia Costera pertenece al Departamento de Seguridad Nacional, pero su estructura y operación siguen modelos del Departamento de Defensa. En este sentido, lleva más de una década adoptando políticas similares a las de otras ramas como el Ejército o la Fuerza Aérea.

Al parecer, esta política forma parte de un intento de uniformizar terminología y estrategias dentro de las fuerzas armadas, pero diversos analistas argumentan que sin una normativa clara, la implementación se volverá ambigua y arbitraria.

Una cuestión de principios

En una nación en la que los crímenes de odio han aumentado un 20% desde 2020, según el FBI, relajar mecanismos de prevención sin ofrecer alternativas sólidas puede traducirse en amenazas concretas a la seguridad de los integrantes de las fuerzas armadas, especialmente aquellos que pertenecen a minorías raciales, religiosas o sexuales.

Más allá de la semántica y la estrategia jurídica, la pregunta esencial permanece: ¿puede una fuerza militar representar el ideal democrático si permite símbolos que erosionan ese principio?

Este artículo fue redactado con información de Associated Press