Zelenskyy bajo fuego: corrupción, presión internacional y un país al borde del agotamiento
Mientras Rusia avanza, Ucrania enfrenta una tormenta política e internacional que complica el futuro de su presidente
Un liderazgo puesto a prueba
Volodymyr Zelenskyy, presidente de Ucrania, pasa por el periodo más complejo de su mandato. A casi cuatro años del inicio de la invasión rusa a gran escala, enfrenta una tormenta política sin precedentes compuesta por una escandalosa trama de corrupción, presiones diplomáticas internacionales —provenientes nada menos que de Estados Unidos y Rusia— y una creciente incertidumbre militar interna.
La guerra no solo ha desgastado el territorio ucraniano, también a sus instituciones. Hoy, el desafío de Zelenskyy va más allá del campo de batalla: está en los pasillos del poder, donde la lealtad política tambalea, y en las alianzas internacionales, donde los intereses a veces parecen contradecir las promesas de apoyo.
El escándalo de corrupción que lo cambió todo
El escándalo estalló cuando organismos de control revelaron el desvío de, al menos, 100 millones de dólares desde el sector energético mediante sobornos de contratistas. La bomba mediática no solo ensombrece su reputación, sino que también pone en jaque la cohesión de su propio partido, Siervo del Pueblo, que cuenta con una cómoda mayoría parlamentaria obtenida en 2019.
Zelenskyy respondió despidiendo a dos altos funcionarios y sancionando a varias personas cercanas. Sin embargo, el epicentro de la polémica ha sido la figura de Andriy Yermak, jefe de gabinete presidencial y uno de sus asesores más poderosos, considerado por muchos como la verdadera mano detrás del poder.
Ni Zelenskyy ni Yermak han sido oficialmente involucrados en el manejo de fondos ilícitos, pero el mero hecho de que un socio como Tymur Mindich —copropietario de una productora de medios junto al presidente antes de su vida política— haya huido del país tras ser vinculado al escándalo, ha desatado una ola de sospechas y pedidos de dimisión.
Una mayoría parlamentaria en riesgo
Aunque el presidente goza del respaldo visiblemente menguante de la Rada Suprema (el parlamento ucraniano), analistas como Mykola Davidiuk alertan que la continuidad de Yermak podría acelerar una fractura interna. “El estilo de gestión de Zelenskyy no está funcionando”, advirtió el especialista, señalando que el exceso de poder concentrado en Yermak deteriora la toma de decisiones.
El dilema es claro: mantener a su mano derecha o preservar la unidad institucional. Y en cualquier escenario, el conflicto debilita no solo a su gabinete, sino también las negociaciones en curso y la confianza de los aliados internacionales en la transparencia del gobierno ucraniano.
Un plan de paz bajo sospecha
Mientras el país se sacude internamente, Estados Unidos y Rusia han planteado una controvertida propuesta de acuerdo de paz. Según fuentes diplomáticas, este plan implicaría que Ucrania ceda control del este del Donbás, desmantele parte de su arsenal y acepte la autonomía de regiones actualmente ocupadas por Rusia. A cambio, Washington reduciría significativamente su asistencia militar.
El presidente ya ha rechazado condiciones similares anteriormente, tratándolas de “inaceptables e inconstitucionales”, pero la nueva propuesta llega en un momento particularmente débil para su liderazgo y, por ende, parece diseñada para presionar. La experta en política ucraniana Orysia Lutsevych, miembro de Chatham House, lo resumió así: “Zelenskyy está vulnerable. Tanto EE.UU. como Rusia vieron el escándalo doméstico y decidieron añadir todavía más presión”.
A pesar de ello, países europeos como Alemania y Francia han salido en defensa de Ucrania, manifestando que ningún plan que implique fragmentar el territorio ucraniano puede ser aceptado.
La guerra continúa y la energía se apaga
Todo este escenario diplomático se da mientras la realidad militar se deteriora. Rusia ha incrementado los ataques sobre plantas energéticas, provocando los peores cortes de suministro desde 2022. La ofensiva en zonas estratégicas como Pokrovsk, en Donetsk, o Kupiansk y Lyman, en Kharkiv, empeora la situación de un frente ya de por sí frágil.
La infraestructura crítica está siendo arrasada metódicamente y los civiles enfrentan un invierno con temperaturas bajo cero y sin electricidad, un factor que incrementa la desesperación social y el malestar popular.
¿Elecciones congeladas o democracia en pausa?
Debido a la ley marcial implementada desde el inicio de la invasión, tanto las elecciones presidenciales como parlamentarias fueron suspendidas indefinidamente. En condiciones normales, los ucranianos se habrían preparado para votar en la primavera de 2024, pero eso no sucederá mientras los combates persistan.
Esto fortalece temporalmente al presidente, quien no puede ser legalmente depuesto durante la guerra. No obstante, si el conflicto se alarga —como todo indica que sucederá—, su futuro político podría verse amenazado no solo por la presión de las urnas, sino también por el deterioro progresivo de su apoyo interno.
¿Zaluzhnyi, el nuevo rival silencioso?
En la arena política, no emergen figuras de oposición electoral significativas. Sin embargo, uno de los nombres que se oye con frecuencia es el del general Valerii Zaluzhnyi, excomandante de las Fuerzas Armadas y artífice de las exitosas contraofensivas de 2022. Fue destituido por Zelenskyy en 2023 y designado como embajador en el Reino Unido.
Zaluzhnyi ha negado públicamente tener aspiraciones políticas, pero las encuestas lo posicionan como un contendiente competitivo frente a Zelenskyy en una hipotética futura elección. Hasta ahora permanece en silencio, quizás midiendo el momento oportuno para entrar en escena.
Zelenskyy y el peso del heroísmo inicial
En 2019, Zelenskyy fue elegido con más del 73% de los votos, encarnando la promesa de renovar Ucrania desde fuera de la política tradicional. Al inicio de la guerra, su imagen se consolidó como símbolo mundial de resistencia y valentía. Fue portada de revistas, dio discursos solemnes en parlamentos internacionales y fue incluso comparado con Churchill.
Pero tras casi cuatro años de guerra, su aura se ha desgastado. El heroísmo transforma en carga cuando la victoria no llega, y los errores propios —como el exceso de poder en el círculo íntimo— comienzan a emerger con fuerza. Hoy, Zelenskyy se debate entre las exigencias de sus compatriotas cansados de sufrir y las presiones de sus aliados que ven con pragmatismo el futuro del conflicto.
Un punto de inflexión
Ucrania está en un punto de inflexión. La respuesta que Zelenskyy dé a esta crisis interna determinará no solo su legado, sino también la viabilidad de una nación que resiste con dignidad pero cuya paciencia también tiene límites.
El reto no es menor: limpiar su gobierno de corrupción, reconstruir la confianza política, rechazar concesiones injustas y, al mismo tiempo, mantener a flote el espíritu de lucha de un país herido pero no vencido.
