Café, clima y lucha de poderes: Brasil, EE. UU. y el futuro de la agricultura sostenible
Entre tarifas, diplomacia agrícola y protestas en la COP30, la agroindustria brasileña se juega su rol en el cambio climático y en el comercio global
Brasil celebra el fin de aranceles: un respiro para su café y su diplomacia
La decisión del expresidente estadounidense Donald Trump de eliminar un 40% de tarifas arancelarias sobre productos brasileños como el café, la carne y las frutas fue recibida con euforia por sectores clave de la agroindustria brasileña. El Consejo de Exportadores de Café de Brasil (Cecafé) lo calificó de “una victoria histórica”.
Con esta medida, se revierte uno de los golpes más duros a la competitividad del café brasileño en el mercado norteamericano, del cual Brasil había llegado a abarcar un 30%, seguido por Colombia (20%) y Vietnam (10%).
“La eliminación del arancel fue una victoria del diálogo, la diplomacia y del sentido común”, expresó el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva en su cuenta de X.
Este cambio en la política comercial plantea una pregunta esencial: ¿puede el agro brasileño conciliar crecimiento económico con sostenibilidad ambiental? Justamente este dilema se hizo presente en la COP30.
COP30 en Belem: calor, debates y un "AgriZone" que incomoda
En pleno corazón de la Amazonía, se lleva a cabo la cumbre climática COP30, que este año dedica un espacio cada vez más relevante a la agricultura. Protagonistas están divididos: desde lobbistas de agroindustria mostrando cultivos de baja emisión, hasta activistas que denuncian el rol del agro en la deforestación.
Organizaciones indígenas, campesinas y medioambientales han protestado con fuerza contra el “AgriZone”, un espacio patrocinado por la industria agrícola donde se presenta un futuro de agricultura sustentable, según grandes productores. Allí, Embrapa, la agencia estatal de investigación agropecuaria, mostró cultivos combinados de maíz, soja y árboles como teca y eucalipto bajo el lema de “agricultura de bajo carbono”.
Pese a ello, la presencia de más de 300 lobbistas de la agroindustria en COP30 fue fuertemente criticada. “No son los campesinos ni los pueblos indígenas los que controlan la narrativa dentro de las COPs, sino las grandes corporaciones”, denunció Pang Delgra, activista asiática.
El dilema climático: ¿agroindustrialización o sistemas ancestrales?
Según la FAO, la agricultura genera cerca del 33% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero. Sin embargo, menos del 4% de la inversión climática mundial se destina a cambiar sistemas alimentarios.
La defensa de una dieta más vegetal ha ganado tracción gracias a múltiples estudios que asocian menor consumo de carne con mejor salud y menor impacto ecológico. Pero esta transición debe considerar contextos socioeconómicos diferenciados:
- En países en desarrollo, muchas comunidades pobres dependen de la carne como fuente principal de proteínas.
- En naciones ricas, donde existen alternativas asequibles y sostenibles, las emisiones por dieta per cápita son frecuentemente más altas.
“Tenemos que ser muy conscientes de las diferencias que existen”, recordó Kaveh Zahedi, director de Cambio Climático, Biodiversidad y Medio Ambiente de la FAO.
Embrapa y su apuesta tecnológica: ¿solución o trampantojo verde?
Embrapa propone una vía intermedia: incrementar la productividad sin sacrificar selvas ni emisiones. En palabras de Ana Euler, directora de Innovación de la entidad: “Necesitamos estar en la mesa de discusión de los fondos climáticos. Nosotros investigadores hablamos fuerte, pero nadie nos escucha”.
Según datos provistos por la propia Embrapa, sus métodos agrícolas de “intensificación sostenible” pueden captar entre 1.5 a 2,5 toneladas de CO₂ por hectárea al año, aunque cifras aún generan debate entre ambientalistas.
Entre los descubrimientos mostrados en su AgriZone están:
- Integración agrosilvopastoril: cultivos, ganado y árboles conviviendo eficientemente.
- Técnicas de labranza cero: menor remoción del suelo implica menor liberación de carbono.
- Cultivos de cobertura: como leguminosas que fijan nitrógeno naturalmente.
Pero muchos desconfían. “A veces se presenta como solución un modelo que lleva décadas contribuyendo a la crisis climática”, señaló Gustavo Ribeiro, investigador del Instituto de Estudios Socioambientales (ISA).
De Bolsonaro a Lula: el péndulo climático del Brasil político
Para entender el clima en que se dan estas discusiones, hay que recordar el contexto político. Bolsonaro, presidente anterior, promovió políticas de apertura agrícola y flexibilización ambiental que dispararon la deforestación en la Amazonía. De hecho, durante su mandato, Brasil alcanzó los niveles más altos de pérdida de selva en más de una década.
Tras perder las elecciones en 2022, Bolsonaro fue condenado a 27 años por intentar orquestar un golpe fallido, lo cual tensó aún más los lazos con EE. UU. Trump llegó a justificar los aranceles contra Brasil por “prácticas comerciales injustas y persecuciones políticas”.
Hoy, bajo el mandato de Lula y con un nuevo tono en la conversación bilateral, la reapertura comercial parece también un receteo diplomático.
Activismo desde abajo: el clamor de los pueblos invisibilizados
En los márgenes de COP30 no faltan voces críticas. Comunidades indígenas y movimientos rurales insisten en que las respuestas climáticas no llegarán desde las multinacionales ni desde soluciones tecnocráticas.
“La solución está en nuestros sistemas ancestrales”, aseguró Sara Omi, líder emberá de Panamá. “No se trata solo de cambiar alimentos. Necesitamos descolonizar nuestros pensamientos”.
“¿De qué sirve medir emisiones si no cambiamos el sistema de apropiación de la tierra?”, afirmó Carla Santiago del Movimiento Sin Tierra (MST) de Brasil.
¿Qué futuro para el café brasileño y el planeta?
El café es símbolo de orgullo nacional, sostén de miles de familias y producto estrella de exportación. La eliminación de tarifas ayuda, pero también debe ir acompañada de una redefinición sostenible del modelo productivo.
Brasil, siendo la tercera mayor fuente de emisiones del planeta y hogar del mayor bosque tropical del mundo, tiene en sus manos una dualidad compleja: seguir creciendo o cambiar profundamente sus prácticas.
En la intersección entre diplomacia, clima y café, se encuentra una nueva oportunidad. La pregunta es si Brasil y el mundo sabrán tomar la senda correcta o seguirán fingiendo que los problemas del sistema alimentario se pueden solucionar con tecnología y marketing.
