Cuando cuidar niños se convierte en una crisis social: El colapso silencioso de las guarderías en EE.UU.

La historia de Cantrell Keyes y su lucha por mantener abierta su guardería en Mississippi revela una emergencia nacional que afecta a miles de familias, educadoras y a la economía en general.

Una crisis de cuidado infantil que nadie quiere ver

En el corazón de Jackson, Mississippi, Cantrell Keyes trabaja jornadas de 90 horas semanales en su centro de cuidado infantil, Agape Christian Academy World. A pesar de décadas de servicio a su comunidad, está perdiendo $15,000 mensuales y contempla el cierre definitivo de su centro. ¿La razón? La desaparición de fondos federales vinculados a la pandemia que sostenían el sistema de vales para el cuidado infantil ha dejado a miles desprotegidos.

Keyes no está sola. Esta escena se repite en todo Estados Unidos, donde el colapso de la financiación pública está erosionando dramáticamente uno de los pilares más fundamentales de toda sociedad: el cuidado infantil.

El lado humano del problema: familias en la cuerda floja

De las 46 familias que asistían al centro de Keyes, casi la mitad perdieron acceso a vales del programa de pago para cuidado infantil (Child Care Payment Program), provocando que 10 familias se vieran obligadas a abandonar el centro. Otras 10 no pueden pagar ni siquiera una parte del costo real del servicio. Keyes ha optado por no abandonar a estas familias, aún a costa de su estabilidad financiera personal.

No puedo simplemente echarlos”, comenta. “Me quedaría preocupada por ellos. ¿Están bien? ¿Están seguros?”.

Casi dos tercios de sus familias han recibido vales en el pasado. Una de esas madres, Jazmine Donerson, perdió todo en un incendio. Mientras trabaja como asistente médica en formación durante el día y vendedora en la noche, no tiene otras opciones para cuidar de su hija.

Mi bebé comenzó a venir cuando tenía nueve meses y no hablaba ni caminaba. Ahora no se detiene de hablar ni de correr”, dijo Donerson entre lágrimas.

El fin de la estabilidad: cifras que revelan el desastre

  • Más de 16,000 familias en Mississippi están actualmente en lista de espera para recibir vales, según el Departamento de Servicios Humanos del estado.
  • La desaparición de los fondos federales equivale a una pérdida estimada de $10.6 mil millones en actividad económica a nivel nacional, según un informe de The Century Foundation.

El Congreso destinó $52 mil millones durante la pandemia al sistema de cuidado infantil. Una vez agotados esos recursos, la fragilidad del sistema ha quedado al descubierto.

Educación temprana: ¿un lujo o una necesidad pública?

Elliot Haspel, experto nacional en políticas de cuidado infantil y familia, afirmó que el sistema en EE.UU. funciona peor que en cualquier otro país desarrollado:

Tratamos el cuidado infantil como algo privado, como un gimnasio, en lugar de un bien público como lo son las escuelas o los parques.”

En países como Francia, Suecia o Alemania, el cuidado infantil desde edades tempranas forma parte esencial de las políticas educativas y sociales. En Estados Unidos, lejos de considerarse una inversión, continúa viéndose como un gasto o incluso un lujo.

Educadoras al borde del colapso

Estoy haciendo todo sola: manejo el autobús, cocino, escribo planes de clase y limpio los salones”, dice Keyes. Para mantener su centro en funcionamiento, ha despedido a seis empleados y reducido el horario laboral de otros cuatro.

Ella no se paga un salario. Y, como última alternativa, ha comenzado a considerar trabajar para DoorDash durante las noches para subsistir. Ha incluso creado acuerdos con padres para pagar parcialmente las mensualidades realizando tareas como cortar el césped del centro.

Todo esto la lleva a declarar: “Esto no se trata de dinero; se trata de dar a los niños un buen inicio. Lo que comenzamos con ellos ahora es lo que determina cómo terminarán”.

Decisiones políticas que apagan la esperanza

En la última sesión legislativa en Mississippi, los legisladores autorizaron $15 millones para el programa de vales. Sin embargo, fue menos de la mitad de lo que el Departamento de Servicios Humanos había solicitado. Este recorte dejó a miles de familias fuera del sistema.

Mientras tanto, el director de ese departamento, Bob Anderson, solicitó $15 millones, no para cuidado infantil, sino para cubrir costos administrativos del programa SNAP (subsidios alimentarios), debido a recortes federales.

El gobernador Tate Reeves también ha propuesto una inversión limitada: $1 millón para un modelo “tri-share”, donde los costos se repartirían entre el gobierno, empleadores y empleados. Si bien es un gesto positivo, los expertos afirman que es insuficiente.

Cualquier ingreso adicional para el cuidado infantil es bienvenido, pero esto es una inversión pequeña”, afirma Carol Burnett del Mississippi Low-Income Child Care Initiative.

¿Y qué pasa con los fondos federales?

Los defensores del sistema piden al estado que redirija fondos no utilizados del programa Temporary Assistance for Needy Families (TANF) al cuidado infantil. Sin embargo, una guía federal prohíbe destinar esos valores fuera del Child Care Development Fund (CCDF), salvo el 30% que Mississippi ya transfiere.

Otros estados como Ohio y Texas han demostrado más flexibilidad. En Mississippi, las propuestas para usar fondos TANF en programas de apoyo laboral, como el cuidado infantil, no verán ejecutarse hasta 2026.

No solo un problema social, también económico

Además de ser una tragedia humana, el colapso del sistema de cuidado infantil tiene impactos económicos severos:

  • Las madres trabajadoras forman casi el 40% de la fuerza laboral estadounidense.
  • El costo promedio mensual de una guardería en EE.UU. supera los $1,200 por niño, lo que representa más del 20% del ingreso medio de muchas familias.
  • Según el Center for American Progress, al menos 50% del país vive en un “desierto de cuidado infantil”, es decir, zonas donde hay más de tres niños por cada espacio en guarderías disponibles.

Dejar sin atención este tema no solo pone en jaque la educación y seguridad de los más pequeños, también afecta la productividad nacional, el desarrollo económico y perpetúa círculos de pobreza intergeneracional.

La solución está ahí, pero sigue sin voluntad

Expertos recomiendan que EE.UU. siga el ejemplo de su propio sistema educativo K-12: crear un marco legal y de financiación estable a largo plazo que integre las etapas del cuidado infantil como parte de un proceso educativo completo.

Mientras eso llega, profesionales como Keyes siguen manteniendo con esfuerzo y vocación un servicio imprescindible. Lo hacen no porque tengan ganancias, sino porque entienden —y sienten— que esta es la base de todo lo que puede ser una sociedad: cuidar a sus niños desde el principio.

La comunidad nos necesita”, dijo Keyes. “Y a veces siento que estoy bajo el agua, pero sigo respirando. Porque no puedo dejarlos”.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press