La Rusia desconectada: El precio de sacrificar internet por seguridad

Entre apagones móviles, aplicaciones vetadas y controles digitales, el Kremlin redibuja el acceso a la información

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Una Rusia 2025 sin conexión y con “listas blancas”

En 2025, Rusia ha llevado su control sobre el internet a niveles sin precedentes. Lo que comenzó como una supuesta estrategia para contrarrestar ataques con drones ucranianos se ha convertido en un sistema exhaustivo de censura digital y vigilancia ciudadana. Cientos de regiones enfrentan interrupciones diarias del internet móvil, una medida justificada por el Kremlin bajo criterios de seguridad nacional, pero que ha minado profundamente la calidad de vida de millones.

Según el grupo activista Na Svyazi, en noviembre de 2025 un promedio de 57 regiones rusas reportaban cortes diarios en conexiones móviles. Aunque el internet de banda ancha y conexión Wi-Fi no se ha visto afectado masivamente, las consecuencias del apagón móvil se sienten en cada rincón del país: desde la imposibilidad de validar pagos digitales en el transporte público hasta la desconexión de aplicaciones médicas que monitorean en tiempo real la salud de niños diabéticos.

El futuro digital controlado: solo lo aprobado por el estado

En las regiones afectadas por apagones, solo se permite el acceso a ciertas plataformas y servicios en línea mediante una política de “listas blancas”, un conjunto de sitios aprobados por el gobierno ruso. Estos sitios incluyen motores de búsqueda locales como Yandex, correos oficiales, y uno o dos mercados en línea. Nada de Google, nada de apps extranjeras. Incluso ciertos servicios bancarios dependen del proveedor y no son accesibles para todos los ciudadanos.

Marina, una residente de Vladivostok, expresó su preocupación por lo que considera una pérdida progresiva de libertad: “Para mí, esto es lo más aterrador: la pérdida de información, la pérdida de libertad esencialmente”, declaró.

Aplicaciones médicas y vidas en riesgo

En redes sociales, cientos de madres han denunciado que la falta de internet móvil impide que puedan utilizar apps para monitorear los niveles de glucosa en sangre de sus hijos. Estas herramientas eran fundamentales para alertarlas en caso de picos diabéticos mientras los niños estaban en la escuela. Con la red móvil inactiva, se vuelve imposible prevenir una crisis de salud que exige respuestas inmediatas.

SIM cards con restricciones y un ecosistema digital roto

Una de las nuevas políticas implementadas en Rusia impone “periodos de enfriamiento” de 24 horas para las tarjetas SIM que hayan sido llevadas al extranjero o inactivas por más de 72 horas. Durante este tiempo, los usuarios no pueden enviar mensajes ni utilizar datos, a menos que activen una opción por SMS. Pero ¿y si se trata de una SIM instalada en sistemas sin pantalla, como medidores de luz o routers portátiles? Imposible desbloquearlas.

“¿Significa esto que todos los medidores morirán? ¿Se apagarán todas las calderas de calefacción? ¿Todos los autos chinos dejarán de funcionar? Es un problema masivo”, declaró el diputado Andrei Svintsov.

La interrupción afecta seriamente la infraestructura moderna: desde el envío de alimentos hasta la gestión logística de camiones. Todo ahora depende del acceso limitado y restringido del internet móvil ruso.

La pesadilla de las apps: Telegram y WhatsApp bajo asedio

El gobierno ruso ha comenzado a restringir las llamadas en WhatsApp y Telegram, dos de las plataformas más utilizadas en el país. Según Mediascope, en octubre WhatsApp contaba con 96 millones de usuarios mensuales y Telegram con 91 millones. Ambos servicios están siendo lentamente ahogados mediante restricciones de velocidad, bloqueos parciales o caídas en horas pico.

La solución gubernamental: la app MAX, un servicio nacional de mensajería que alcanza los 48 millones de usuarios mensuales, pero apenas 18.9 millones diarios. El problema es que MAX no cuenta con encriptación punto a punto y comparte datos con las autoridades si se solicita. Está preinstalada en todos los nuevos smartphones y promovida con insistencia por instituciones, empresas y medios oficiales.

“Mis empleadores insisten en que use MAX, pero ni yo ni mis compañeros planeamos hacerlo”, comenta Marina. “Nadie confía en una app cuyo único objetivo es vigilarte”.

Resistencia silenciosa: el rol de las VPN

En este ecosistema hipervigilado, miles de ciudadanos han recurrido a las redes privadas virtuales (VPN) para acceder a contenido prohibido, aplicaciones bloqueadas e inclusive noticias libres. Pero el gobierno ruso también ha comenzado a perseguir y bloquear sistemáticamente estas herramientas, obligando a los usuarios a cambiar de servicio cada pocos meses.

El sociólogo Denis Volkov, del Centro Levada, afirma que muchas personas ya han aceptado las restricciones como si fueran una inevitabilidad climática: “Como el clima, no puedes hacer nada al respecto”, resume.

“La estrategia parece ser: haz que sea tan complicado conseguir contenido alternativo que la gente simplemente dejé de intentarlo”, dice Volkov.

¿Desconexión feliz? El tacticismo publicitario del gobierno

Roskomnadzor, el regulador oficial, ha intentado romantizar la desconexión con una campaña visual en redes sociales. En una caricatura muestran a un joven feliz dando un paseo con un café en mano, contrastando con otra imagen suya solo, rodeado de sombras, mirando su móvil. “Desconectarte no es desconectarte del mundo, es conectarte contigo mismo”, dice el eslogan.

La reacción fue clara: sarcasmo, enojo y frustración. En una sociedad donde muchísimas actividades están intermediadas digitalmente, la desconexión forzada no se percibe como un acto de liberación espiritual, sino como un mecanismo autoritario de censura.

Un ecosistema digital autárquico ¿y frágil?

Mikhail Klimarev, director del grupo Sociedad de Protección del Internet, advierte que mientras el internet móvil sufre apagones estratégicos y se bloquean constantemente plataformas occidentales, la infraestructura más amplia del país depende profundamente del acceso digital. Pedidos de mercancía, trazabilidad de envíos, navegación de camiones de largo alcance, sistemas de alarma, bancos, comunicaciones de empresa… todo está mediado por la red.

“Es ridículo pensar en eliminar por completo internet móvil en un país moderno. Pero lo que sí harán es sofocar gradualmente herramientas y plataformas que escapen del control”, comenta. Y no descarta la prohibición total futura de WhatsApp, Telegram y alguna otra sorpresa digital.

Mientras tanto, el futuro digital de Rusia parece pender más de decisiones arbitrarias que de una política tecnológica coherente. Desde la salud infantil hasta el simple pago de un billete de tranvía, la vida bajo internet dirigido avanza no solo hacia un territorio de menor libertad, sino de creciente ineficiencia y aislamiento estratégico.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press