La violencia de los colonos israelíes en Cisjordania: un obstáculo creciente para la paz

Mientras Netanyahu minimiza los ataques, aumentan las presiones de EE. UU. y la comunidad internacional para frenar lo que ya es una crisis de derechos humanos

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Una escalada que preocupa incluso a los aliados

La violencia por parte de colonos israelíes en Cisjordania ha alcanzado niveles sin precedentes. En octubre de 2025, la Oficina Humanitaria de la ONU documentó más de 260 incidentes de violencia cometidos por colonos que resultaron en daños a personas o propiedades palestinas. Esta cifra marca el récord más alto desde que se comenzó a realizar este seguimiento en 2006.

Y no se trata de hechos aislados. En lo que va de 2025, ya se han reportado más de 2.660 ataques, consolidando una tendencia alarmingemente constante y creciente. El llamado del primer ministro Benjamin Netanyahu a que se investigue "a un par de extremistas" parece más un gesto superficial que un intento real de abordar el problema.

Presión internacional: sanciones y advertencias

La comunidad internacional comienza a tomar cartas en el asunto. Singapur anunció sanciones selectivas contra cuatro colonos israelíes involucrados en actos violentos contra civiles palestinos. Se trata de Meir Ettinger, Elisha Yered, Ben-Zion Gopstein y Baruch Marzel, todos con conexiones a movimientos extremistas.

Según el Ministerio de Relaciones Exteriores de Singapur, estos individuos han participado en "actos extremistas flagrantes" y forman parte de movimientos radicales como Lehava (dirigido por Gopstein) o la Juventud de las Colinas, donde figura Yered. Este último fue investigado por la muerte de un joven palestino en 2024, pero nunca fue procesado.

No son los únicos nombres conocidos: Marzel fue asistente de Meir Kahane, rabino nacido en EE. UU., conocido por su ideología racista y cuyo partido fue prohibido en Israel. Kahane murió asesinado en 1990 en Nueva York, pero su legado extremista sigue vivo en las colinas de Cisjordania.

El papel de la actual coalición de gobierno

La situación se agrava por el hecho de que el propio gobierno israelí incluye en su seno a figuras clave del movimiento colono. El Ministro de Finanzas Bezalel Smotrich formula políticas de asentamientos, mientras que el Ministro de Seguridad Nacional Itamar Ben-Gvir controla la policía. Ambos son conocidos por sus posturas pro-asentamientos y posiciones ultranacionalistas.

Smotrich ha afirmado en múltiples ocasiones que "no existe el pueblo palestino", mientras Ben-Gvir es un defensor abierto de los colonos que atacan propiedades palestinas. Según Peace Now, un colectivo antibélico y contra los asentamientos, la correlación entre estos funcionarios y el aumento de la violencia no es casualidad.

Expropiaciones y asentamientos no autorizados

La reunión del gabinete de seguridad de Netanyahu coincidió con el anuncio de la expropiación de alrededor de 1.800 dunams (450 acres) cerca de Sebastia, un importante sitio arqueológico en Cisjordania. Esto, según Peace Now, constituye la mayor confiscación de tierras arqueológicas en la región hecha por el Estado de Israel en años recientes.

Además, los colonos celebraron la creación de un nuevo asentamiento no autorizado cerca de Belén —una de las ciudades más sensibles desde el punto de vista político y religioso. Estas acciones desafían claramente el derecho internacional y dificultan aún más la posible creación de un Estado palestino.

Impacto sobre el plan de paz para Gaza

EE. UU. ha puesto en marcha un ambicioso proyecto aprobado por el Consejo de Seguridad de la ONU, que incluye una fuerza internacional para brindar seguridad en Gaza y abre una vía para la creación de un Estado palestino independiente. Sin embargo, la escalada en Cisjordania pone en riesgo directo esta iniciativa.

Altos funcionarios estadounidenses han presionado a Netanyahu para que controle a los colonos, advirtiendo que la violencia interpone más obstáculos a un acuerdo de paz duradero.

¿Qué dice el derecho internacional?

De acuerdo con el cuarto Convenio de Ginebra y varias resoluciones de Naciones Unidas, los asentamientos israelíes en Cisjordania son ilegales. Sin embargo, Israel nunca ha acatado plenamente estas resoluciones, y la expansión continúa.

La ONU ha declarado en múltiples ocasiones que estos asentamientos impiden la viabilidad de una solución de dos Estados. La Resolución 2334 del Consejo de Seguridad (2016), por ejemplo, afirma que las colonias "no tienen validez legal" y constituyen "una flagrante violación del derecho internacional".

No se trata solo de tierra: se trata de derechos humanos

La violencia de los colonos no se limita a agresiones físicas. Incluye vandalismo, incendios de propiedades, destrucción de cultivos y constante acoso a familias palestinas. Según B'Tselem, organización israelí de derechos humanos, estos ataques muchas veces ocurren "con complacencia o colaboración de las fuerzas de seguridad israelíes".

Un ejemplo claro es el caso de la aldea de Burin, donde varias casas han sido quemadas y olivares destruidos sin que haya detenidos. O en Huwara, que vivió un verdadero pogromo en 2023 cuando decenas de colonos incendiaron casas y vehículos frente a la pasividad del ejército.

Una crisis que también polariza a la sociedad israelí

No todos en Israel apoyan esta escalada. Organizaciones como Breaking the Silence y Yesh Din han denunciado públicamente estos abusos, y una parte creciente de la población, especialmente sectores seculares y liberales, también comienza a cuestionar los costos morales y políticos de sostener la ocupación.

Pese a ello, el gobierno actual se mantiene férreo en su apoyo a los colonos. Los ministros ultraderechistas no solo desestiman las críticas, sino que las utilizan para polarizar aún más a la sociedad.

El doble estándar internacional

Mientras países como Singapur, Reino Unido y varios miembros de la Unión Europea han impuesto sanciones a figuras extremistas, la reacción de potencias como Estados Unidos ha sido vacilante. Aunque la administración Biden ha sancionado a algunos individuos, el expresidente Donald Trump levantó sanciones a varios colonos durante su mandato.

Con una posible vuelta de Trump al poder, el espectro de una política estadounidense aún más pro-israelí y pro-asentamientos vuelve a estar sobre la mesa. Esto podría desestabilizar cualquier plan de paz en curso.

¿Cuál es el futuro inmediato?

El llamado de la comunidad internacional es claro: detener la violencia, desmantelar asentamientos ilegales y reanudar conversaciones serias que lleven a una solución de dos Estados. Pero con el actual marco político israelí, dominado por la ultraderecha y legitimador de la violencia de colonos, ese camino parece cada vez más lejano.

Mientras tanto, los palestinos siguen viviendo bajo el doble peso de la ocupación y la impunidad. La violencia en Cisjordania no es un fenómeno aislado; es parte estructural de una política de ocupación que ya lleva más de cinco décadas.

Y si no cambia el enfoque, el sueño de una Palestina independiente seguirá siendo una promesa vacía.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press