Los verdaderos vaqueros: la historia borrada del cowboy negro

‘High Horse’ revive una narrativa olvidada sobre la identidad afroamericana y su profunda huella en la cultura del Viejo Oeste

El cowboy que no viste en las películas

Cuando pensamos en los vaqueros del Viejo Oeste, probablemente nos vienen a la mente imágenes icónicas: John Wayne cabalgando en silencio por el desierto, Clint Eastwood enfrentándose a un duelo polvoriento o sombreros Stetson coronando hombres blancos en praderas infinitas. Sin embargo, esta imagen idílica y repetida hasta el cansancio es una construcción incompleta —y en muchos aspectos— falsa.

La docuserie “High Horse: The Black Cowboy”, dirigida por Jason Perez y producida por Jordan Peele, llega para desmontar este mito. A través de tres episodios disponibles en Peacock, esta obra documental nos invita a descubrir —o redescubrir— a los verdaderos rostros de los cowboys: los afroamericanos que jugaron un papel esencial en la construcción del Oeste estadounidense.

La cara oculta del Viejo Oeste

Lejos de ser una reinterpretación moderna de un arquetipo clásico, “High Horse” es una corrección histórica. Según investigadores, aproximadamente uno de cada cuatro vaqueros en el siglo XIX era africano o afroamericano. No obstante, esta cifra ha sido sistemáticamente pasada por alto en Hollywood y la narrativa popular.

La serie se enfoca en estos personajes marginados que, pese a su invisibilidad cultural, dejaron una marca indeleble en la historia del país. El cantante de hip hop Bun B, uno de los protagonistas y narradores de la serie, explica: “Esto no se trata de que los negros estén intentando ‘robar’ la cultura vaquera: nosotros somos parte de ella desde el principio.”

Una historia de resistencia invisible

Los afroamericanos que participaron como cowboys tras la Guerra Civil fueron hombres liberados de la esclavitud. Sin tierras propias y sin educación formal, muchos encontraron en el mundo del ganado —con todos sus peligros y su romance con la libertad— la única forma de sobrevivir y progresar.

En estados como Texas, Oklahoma y California, estos cowboys tomaban los trabajos más duros, y a menudo los menos pagados. Montaban caballos salvajes, conducían ganado por cientos de millas y resolvían conflictos a caballo. Muchos eran excelentes jinetes, herreros, domadores e incluso showmen, pero rara vez se les reconocía públicamente.

¿Por qué esta historia fue borrada? Porque no encajaba en la narrativa dominante. La construcción del “cowboy blanco” como símbolo de la expansión, la libertad y la masculinidad americana necesitaba un relato simple y homogéneo, libre de contradicciones raciales.

El caballo como símbolo de resistencia cultural

En la película “Nope” (2022) de Jordan Peele, ya se introducía la cuestión del borrado del jinete negro. La referencia a Eadweard Muybridge y su famosa serie de imágenes “The Horse in Motion” subraya un dato revelador: aunque el caballo Sally Gardner pasa a la historia, el jinete negro que lo monta continúa en el anonimato.

“High Horse” profundiza en este vacío: ¿qué pasó con los cowboys negros? ¿Cómo y por qué fueron borrados de la memoria colectiva? Estas son las preguntas que motivan a Peele y su equipo.

La cultura vaquera negra perdura

Lejos de ser reliquias del pasado, las comunidades de cowboys negros siguen existiendo en zonas rurales de América. La docuserie muestra la vida de estas comunidades actuales que continúan organizando rodeos, criando caballos y preservando sus costumbres a pesar de décadas de invisibilización.

Desde Nueva York hasta Los Ángeles, pasando por Houston y California, High Horse incluye imágenes de rodeos afroamericanos, testimonios de jóvenes vaqueros y entrevistas con figuras como Tina Knowles, Rick Ross o el legendario actor Glynn Turman, quien vive en su propio rancho en el sur de California.

“Esto no es historia negra. Es historia americana.” La frase de Bun B resuena como un llamado a derribar los muros del olvido y reconstruir colectivamente la narrativa nacional.

Una identidad en disputa

La docuserie también toca temas relevantes sobre representación y apropiación cultural. La explosión reciente de artistas como Beyoncé con su álbum “Cowboy Carter” o Lil Nas X con su éxito “Old Town Road” ha generado discusiones sobre quién tiene el derecho de usar la estética del Viejo Oeste.

Pero los creadores de High Horse lo dejan claro: no se trata solo de ropa, botas o sombreros, sino de herencia cultural. Por eso, el gesto de retratar al cowboy negro implica devolverle visibilidad y agencia a una parte de la población que ayudó a construir el imaginario histórico de EE. UU., pero que rara vez figuró en los libros de texto.

La industria del entretenimiento tampoco ha sido ajena a este movimiento de revalorización. Producciones como “The Harder They Fall”, protagonizada por Idris Elba, y “Lawmen: Bass Reeves”, sobre el primer marshall negro del oeste, también inciden en la reconstrucción cultural de este arquetipo norteamericano.

Negros, tierras y justicia: vínculos con el presente

High Horse no solo mira al pasado. La serie examina cómo la historia vaquera negra se relaciona con los retos contemporáneos de la comunidad afroamericana, especialmente temas como el acceso a la propiedad de la tierra y la representación en espacios tradicionales.

Desde la Reconstrucción hasta las actuales políticas que desmantelan programas de diversidad e inclusión, las barreras continúan. “El cowboy negro fue sistemáticamente excluido del sueño americano, y aún hoy paga el precio de ese borrado,” argumenta Keisha Senter, vicepresidenta de Monkeypaw Productions y productora ejecutiva de la serie.

La serie plantea que dejar fuera al cowboy negro de la historia nacional tiene efectos que llegan hasta la actualidad: desde la desinformación hasta la discriminación sistémica. High Horse se convierte así en un ejercicio urgente de memoria, pero también en un acto político.

Un rescate con banda sonora

El aspecto sonoro de High Horse corre a cargo del reconocido productor Raphael Saadiq, quien crea una banda sonora que mezcla elementos tradicionales del country con ritmos afroamericanos contemporáneos. La música funciona como una bisagra entre el pasado silenciado y un presente más consciente.

“Queríamos una música que sanara, pero también que cuestionara”, dijo Saadiq en una entrevista reciente. Y lo logra: las notas que acompañan las imágenes de vaqueros negros cabalgando en cámara lenta son, al mismo tiempo, parte regeneración y parte recuperación.

¿Podemos cambiar la narrativa?

High Horse llega en un momento crucial para los EE. UU., donde los debates sobre raza, representación e historia están al rojo vivo. En plena era de revisionismo cultural, esta docuserie hace una contribución fundamental desde el entretenimiento, pero con una intensidad académica innegable.

Como dice el actor y activista Glynn Turman en el documental: “Este conocimiento es una herramienta de supervivencia. Saber de dónde venimos no solo nos empodera, también protege nuestras futuras generaciones.”

Ácida cuando debe serlo y profundamente emotiva cuando toca la fibra, High Horse es mucho más que una docuserie sobre cowboys. Es un recordatorio —a veces indignante, siempre necesario— de que la historia que elegimos contar dice más sobre nosotros que sobre quienes la protagonizaron.

Y en el caso del cowboy negro, ya es hora de dejar de galopar en silencio y empezar a cabalgar con orgullo hacia una verdad compartida.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press