Franco Parisi: el outsider que desafía a la política chilena desde la puerta del balotaje
Ni comunista ni fascista: el peso del 20% que podría decidir el futuro de Chile sin tomar partido
El fenómeno Parisi: la llave del poder sin aceptarla
En una de las elecciones más polarizadas de la historia reciente de Chile, Franco Parisi, un economista populista y figura mediática, ha emergido como un inesperado centro de gravedad política. Tras obtener un contundente 19,7% en la primera vuelta de las elecciones presidenciales, Parisi no solo sorprendió a la élite política tradicional, sino que ahora se sitúa como el deseado "rey sin corona", cortejado tanto por la izquierda comunista como por la ultraderecha conservadora.
Sin embargo, la respuesta de Parisi ha sido tajante: "No estoy hablando con ninguno de ellos porque no les creo". Ni Jeannette Jara del Partido Comunista, ni José Antonio Kast de la ultraderecha, merecen su adhesión porque, según él, están cegados por la ideología y alejados del sentido común del pueblo.
Una elección que redefine la política chilena
Los resultados del pasado 16 de noviembre plasmaron una fragmentación política inédita. Jeannette Jara cosechó el 26,9% de los votos, seguida por Kast con 23,9%, preparando el escenario para una segunda vuelta de alto voltaje ideológico el próximo 14 de diciembre. En medio de esta polarización, el tercer lugar de Parisi, con 2,5 millones de votos, ha reconfigurado por completo el mapa electoral.
Su partido, el Partido de la Gente, logró imponer 14 congresistas en una cámara baja profundamente dividida, consolidando su papel como un actor político bisagra. No obstante, su negativa a endosar a ningún candidato desconcierta a la clase política.
¿Quién es Franco Parisi?
Economista de formación, académico y estrella de YouTube con su programa "Bad Boys que incomodan a la élite", Parisi construyó una imagen antipolítica en una de las sociedades más desiguales de América Latina. En su campaña del 2013, un video viral lo mostraba llegando en un Porsche a una zona pobre de Santiago para "buscar trabajo como presidente" —una ilustración audiovisual de su marca política: un hombre del pueblo con acceso al poder, que lo rehúye.
Su discurso, crítico tanto del modelo neoliberal como del estatismo ortodoxo, se condensa en un lema que ha resonado: "Ni comunista, ni fascista". Esa ambigüedad populista ha seducido a una ciudadanía desencantada que, según analistas como Patricio Navia (Universidad de Nueva York), aspira a capitalismo sí, pero con equidad.
"Los seguidores de Parisi quieren ir al mall y tener su casa propia, pero sienten que el sistema está amañado contra ellos" — Patricio Navia.
La desconfianza ante los extremos
Parisi ha declinado cualquier participación activa en la segunda vuelta, vaticinando incluso que buena parte de sus votantes anulará o votará en blanco: una silenciosa protesta contra lo que considera alternativas fallidas. Parte de esa desconfianza está sembrada en la biografía y propuestas de los candidatos:
- José Antonio Kast, defensor del orden y el libre mercado, ha sido asociado históricamente con la aristocracia chilena y ha sido criticado por su oposición al aborto incluso en casos de violación. Además, la pertenencia de su padre al partido nazi y la cercanía de su hermano con la dictadura de Pinochet siguen siendo temas sensibles en la memoria chilena.
- Jeannette Jara, exministra de Trabajo de Gabriel Boric y militante del Partido Comunista, representa, para Parisi, el esquema rígido de estructuras partidarias tradicionales. Aunque la considera una persona afable, teme que su programa étatista frene el emprendimiento chileno.
¿El voto nulo como protagonista?
De acuerdo con Parisi, la verdadera voz de su movimiento se hará sentir con un masivo voto nulo o en blanco en la segunda vuelta. En Chile, el voto es obligatorio, lo que garantiza que ese porcentaje casi inédito de votantes inconformes se manifieste de alguna forma. De plasmarse, sería una forma contundente de rechazo público a la disyuntiva “ideológica” propuesta por candidatos que, dice Parisi, "han secuestrado el sentido común".
En elecciones anteriores, el voto nulo o en blanco no ha superado el 10%, pero con el fenómeno Parisi esa cifra podría dispararse —y con ello debilitar significativamente el mandato del próximo presidente.
El futuro de la democracia chilena
Chile vive una transformación posestallido social, donde la nueva Constitución propuesta fue rechazada, pero la demanda ciudadana de cambios no se ha apagado. Más bien parece haberse canalizado por vías nuevas. El mensaje es claro: los votantes exigen modelos políticos que representen de forma efectiva sus aspiraciones, lejos de los dogmas tradicionales.
Si una figura como Parisi —criticada por su mediático estilo, falta de propuestas estructuradas y acusaciones pasadas— puede canalizar el descontento de tal manera, el problema probablemente no sea él, sino el sistema.
Las elecciones del 14 de diciembre podrían ser decididas por aquellos que no votan por convicción, sino por descarte. O por aquellos que no votan por ninguno. En ese paisaje, Franco Parisi, aunque encerrado en su casa de Santiago ignorando llamadas, puede que se haya convertido en el político más relevante... sin quererlo.
¿Qué sigue?
Chile se enfrenta a un dilema donde la moderación y el diálogo han sido relegados a un segundo plano. La ideologización de la política —de oposición frontal entre extremos— ha dejado un campo fértil para el crecimiento de terceras vías con rostro antipolítico.
En este sentido, Parisi puede ser solo el principio. Un modelo que pone en tela de juicio el relato del desarrollo chileno, cuestiona a la élite tradicional y sueña con un Chile más equitativo pero desde una postura antisistema.
La paradoja es evidente: el outsider que no quiere poder tiene más poder que nunca.
