Ucrania atrapada entre Washington y Moscú: ¿quién define la paz?
Una mirada crítica a los intereses cruzados de Estados Unidos y Europa en la guerra ruso-ucraniana, y el frágil equilibrio que enfrenta Zelenskyy mientras intenta salvar la soberanía de Ucrania.
¿Una paz impuesta o negociada con dignidad?
La guerra en Ucrania ha entrado en una etapa crítica que podría definir no solo el futuro del país, sino también el equilibrio de poder en Europa oriental. Casi cuatro años después de la brutal invasión rusa, el intento de Estados Unidos de acelerar un plan de paz está generando tensiones importantes, no solo en Kiev, sino también en las principales capitales europeas.
Ese plan, un borrador de 28 puntos, es percibido como excesivamente favorable a Moscú, con concesiones que muchos en Ucrania y Europa consideran inaceptables. Tal es así que el presidente ucraniano Volodymyr Zelenskyy se manifestó de forma tajante, diciendo que su país enfrenta una elección desgarradora: resistir para mantener su soberanía o ceder bajo la presión de su principal aliado militar.
El plan estadounidense: ¿una amenaza a la soberanía ucraniana?
Según lo revelado, el plan de Washington contempla elementos que han prendido alarmas: Ucrania debería ceder territorios ocupados por Rusia, reducir el tamaño de su ejército y abandonar toda aspiración inmediata de ingresar a la OTAN. Además, las garantías de seguridad que el plan ofrece son, según muchos analistas, tibias y ambiguas.
En otras palabras, el acuerdo parece más una fórmula para aliviar presiones sobre Moscú que una solución para una paz justa y sostenible. «Nada sobre Ucrania sin Ucrania», repitió la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, justo antes de una importante cumbre del G20 celebrada en Johannesburgo, Sudáfrica, donde líderes europeos buscaron plantear una alternativa al enfoque estadounidense.
Europa alza la voz
Para los líderes europeos, la guerra en Ucrania es algo más que un conflicto lejano; es un punto de inflexión en la seguridad continental. Ceder ante Moscú implicaría abrir la puerta a futuras agresiones y debilitar los principios sobre los que se fundó la seguridad europea tras la Segunda Guerra Mundial: respeto a la soberanía y a la integridad territorial.
De ahí que la Unión Europea, encabezada por von der Leyen y el recién electo presidente del Consejo Europeo, António Costa, haya respondido con firmeza proponiendo un diálogo más inclusivo y transparente. El encuentro paralelo al G20 fue una muestra clara de que Bruselas pretende ocupar un rol de liderazgo en las negociaciones futuras.
Presiones cruzadas: Zelenskyy en la cuerda floja
La posición de Zelenskyy es cada vez más delicada. Por un lado, Ucrania depende en gran medida del aporte militar y financiero de Estados Unidos: más de 75.000 millones de dólares desde el inicio del conflicto, según datos del Instituto Kiel para la Economía Mundial. Por otro, aceptar propuestas que impliquen pérdida de territorio o renuncia a la OTAN puede ser políticamente suicida y devastadoramente impopular en su país.
Como lo dijo el propio Zelenskyy el viernes antes de la cumbre: «Estamos ante una elección cruel: preservar el apoyo de nuestros aliados o defender nuestra soberanía hasta el final». Y esa brecha entre lo que necesita Ucrania y lo que están dispuestos a conceder sus aliados se agranda con cada semana que pasa.
Combates que no cesan
Mientras la diplomacia se llena de palabras, los drones siguen volando. En las últimas horas, un ataque ucraniano impactó en una refinería en la región de Samara, al sur de Rusia, dejando dos muertos y dos heridos, según el gobernador regional Vyacheslav Fedorishchev. Esta operación forma parte de la estrategia de Kiev de atacar infraestructura energética rusa, crucial para la maquinaria militar del Kremlin.
Al mismo tiempo, el Ministerio de Defensa de Rusia informó que lograron derribar 69 drones ucranianos en su territorio, incluyendo 15 sobre Samara. Estos ataques han forzado el cierre temporal de cinco aeropuertos rusos y causado cortes eléctricos afectando a miles de hogares en Rylsk, una ciudad meridional.
Acuerdo de paz o rendición maquillada
La comunidad internacional debe plantearse una pregunta fundamental: ¿vale más un alto el fuego inmediato a cualquier precio, o una paz justa, fundamentada en la autodeterminación del pueblo ucraniano?
Desde la perspectiva europea, si se permite que Ucrania sea sacrificada por una paz diplomática exprés, se corre el riesgo de sentar un precedente nefasto. Las fronteras podrían entonces ser rediseñadas a punta de tanque, y los tratados internacionales pasarían a ser simples sugerencias.
Cabe recordar que en 1994, Ucrania entregó su arsenal nuclear —el tercero más grande del mundo en ese momento— a cambio de garantías de seguridad bajo el Memorándum de Budapest. Esas garantías fueron violadas en 2014 con la anexión de Crimea y nuevamente en 2022 con la invasión a gran escala.
Una salida negociada que legitime estas acciones debilitaría todo el sistema de no proliferación nuclear global y enseñaría al mundo que los acuerdos son descartables.
Ucrania no está sola, pero tampoco blindada
Uno de los mensajes más claros de la cumbre en Johannesburgo fue que Europa no permitirá que se trate a Ucrania como una moneda de cambio. La insistencia de la UE en que cualquier acuerdo cuente con el consentimiento explícito de Kiev es, en sí misma, una forma de resistencia.
Pero los desafíos son enormes. Donald Trump, aspirante presidencial para 2024, ha dejado en claro que de ser elegido, buscará poner fin a la guerra rápidamente, posiblemente presionando a Ucrania para aceptar los términos rusos. «Ucrania puede quedarse sin el respaldo crucial de Estados Unidos», alertó el expresidente ucraniano Petro Poroshenko en una reciente entrevista a CNN.
¿Hacia dónde vamos?
En un conflicto donde cada actor tiene agendas distintas —Washington, Moscú, Bruselas y Kiev—, el campo de batalla se ha trasladado parcialmente a las salas de negociación. Pero la diplomacia, como la guerra, también puede ser una forma de imposición si no se respeta la voluntad del pueblo afectado.
Ucrania merece elegir su destino sin coacciones, sin pérdidas territoriales forzadas y sin vetos a sus aspiraciones soberanas. El verdadero desafío de Occidente no está solo en ganar la guerra, sino en asegurar que la paz que venga después sea justa, duradera y auténticamente ucraniana.
Como dijo alguna vez el historiador británico A.J.P. Taylor: “La causa de casi todas las grandes guerras modernas ha sido una paz mal hecha.” Que no repitamos la historia.