COP30: La cumbre climática que prometía ser histórica y terminó siendo una decepción

Aunque fue celebrada en la Amazonía con el respaldo de más de 80 países y discursos inspiradores de Lula, la COP30 fracasó al evitar nombrar los combustibles fósiles y evidenció la crisis del multilateralismo climático.

Belem, la Amazonía y la ilusión de una COP transformadora

Cuando se anunció por primera vez que la ciudad de Belem, Brasil, acogería la COP30, la expectativa era altísima. No solo sería la primera vez que una Conferencia de las Partes de las Naciones Unidas sobre cambio climático se celebraría en la Amazonía, pulmón verde del planeta, sino que también traía consigo el peso simbólico y político de Luiz Inácio Lula da Silva, presidente de Brasil, como anfitrión.

Desde el inicio, Lula propuso una visión ambiciosa: el fin de la era de los combustibles fósiles. En un discurso el 7 de noviembre de 2025, el mandatario expresó:

“La Tierra ya no puede sostener el modelo de desarrollo basado en el uso intensivo de combustibles fósiles que ha dominado durante los últimos 200 años.”

Las palabras resonaron entre delegados, científicos y activistas. Pero al finalizar la cumbre el 22 de noviembre, la declaración final ni siquiera incluyó las palabras “combustibles fósiles”. Así, una reunión que prometía ser histórica terminó frustrando las esperanzas de millones.

De la ‘Cumbre de la Verdad’ a un acuerdo sin alma

La COP30 había sido bautizada por varios medios y observadores internacionales como la “Cumbre de la Verdad”. Se esperaba que, a diferencia de ediciones anteriores, esta reunión lograra compromisos claros y verificables para avanzar hacia la descarbonización.

Más de 80 países abogaron por un “mapa detallado” para abandonar el petróleo, el gas y el carbón. Sin embargo, la presión ejercida por productores de petróleo como Arabia Saudita y otros intereses económicos frenó toda mención directa a estos combustibles en los documentos finales.

Juan Carlos Monterrey Gómez, negociador de Panamá, tuvo duras palabras ante el resultado:

“Una decisión climática que ni siquiera puede decir ‘combustibles fósiles’ no es neutralidad, es complicidad. La ciencia ha sido borrada de la COP30 porque ofende a los contaminadores.”

Lula entre el pragmatismo petrolero y la urgencia climática

El papel de Lula en el fracaso parcial de la cumbre fue paradójico. Por un lado, su gobierno ha reducido significativamente la deforestación amazónica (una caída del 60% en 2023 respecto al año anterior). Pero por otro, su administración ha defendido nuevas exploraciones petroleras, incluso en aguas cercanas al Amazonas.

Esta incoherencia política debilitó su credibilidad ante delegados que esperaban una postura más firme. A pocos días del final, Lula matizó sus posiciones al afirmar que la transición energética debería ser “gradual y según la capacidad de cada país.”

Además, una evacuación masiva causada por un incendio en el recinto de la cumbre dejó perdido un día entero de negociaciones cruciales el jueves 21 de noviembre, sumando más caos a unas conversaciones ya tensas.

El desencanto de los pueblos indígenas y países vulnerables

Uno de los aspectos destacados de COP30 fue la participación de comunidades indígenas del Amazonas y de pueblos indígenas de todo el mundo. Para muchos de ellos, se trataba de una oportunidad histórica de ser escuchados en una región donde su existencia es vital para la defensa de los ecosistemas.

Sin embargo, Lidy Nacpil, líder filipina del Movimiento Asiático sobre Deuda y Desarrollo, resumió así la decepción colectiva:

“La acción climática está dispersa en muchas áreas. En general, fue una bolsa mixta. Pero podrían haber hecho mucho, muchísimo más.”

Expresiones de frustración similares llegaron desde delegaciones de Tuvalu, Colombia y la Unión Europea. El ministro del medio ambiente de Tuvalu proclamó con enfado: “Después de 10 años desde el Acuerdo de París, este proceso sigue fallando.”

Los fantasmas de COP28 y el retroceso en ambición

Durante la COP28, celebrada en Dubái en 2023, se logró incluir en la resolución final un llamado a “transición lejos” de los combustibles fósiles. Aunque no era un lenguaje contundente, al menos marcaba un rumbo.

Dos años después, no solo no se ha avanzado, sino que algunas delegaciones consideran que se ha retrocedido. Las emisiones globales de gases de efecto invernadero aumentaron un 1.3% en 2024, empujando aún más al planeta hacia umbrales peligrosos.

El objetivo del Acuerdo de París de limitar el calentamiento global a 1.5°C sobre niveles preindustriales parece cada vez más inalcanzable. Según el último informe del IPCC, sin recortes drásticos en la quema de combustibles fósiles, el mundo podría superar ese umbral tan pronto como en 2033.

El poder de veto de los intereses petroleros

Las tensiones en Belem dejaron más claro que nunca que la industria de los combustibles fósiles y sus países aliados ejercen un veto implícito sobre las decisiones climáticas.

Arabia Saudita, Rusia y otros productores bloquearon cualquier intento de incluir lenguaje vinculante sobre eliminación progresiva de combustibles fósiles. El resultado: discusiones prolongadas, borradores diluidos y resoluciones que no comprometen a nadie.

Activistas acusan a estos países de aprovechar las normas del proceso multilateral —donde el consenso se vuelve una herramienta de obstrucción— para frenar el progreso. Como señaló Tasneem Essop, directora de Climate Action Network:

“Este es el colapso del proceso. Los contaminadores han secuestrado la mesa de negociación.”

¿Qué sigue? ¿Podrá recuperarse la credibilidad rumbo a la COP31 en Turquía?

Muchos observadores están mirando ahora hacia la COP31 en Turquía en 2026. Se requerirá un esfuerzo titánico no solo para recuperar la confianza de los países vulnerables, sino también para establecer mecanismos que impidan nuevamente el bloqueo por parte de potencias contaminantes.

Durante la sesión plenaria del cierre, el presidente de la COP30, André Corrêa do Lago, anunció que Brasil —que mantiene la presidencia de la COP hasta la siguiente edición— trabajará junto a Colombia para proponer un futuro mapa de eliminación de combustibles fósiles. La promesa, sin embargo, fue insuficiente para muchos, y la desconfianza prevaleció.

“Gracias por su declaración. Será consignada en el informe.” Esa fue la respuesta burocrática a cada crítica recibida durante las últimas horas de la cumbre. Un final frío y protocolario para un evento que aspiraba a ser transformador.

Una crisis de legitimidad global

El fracaso de la COP30 representa algo más profundo que un mal resultado: es el reflejo de una crisis de legitimidad del multilateralismo climático. A medida que el tiempo corre y la ventana de acción se estrecha, los ciudadanos del mundo, especialmente de las regiones más afectadas, cuestionan si estos eventos son útiles o simplemente costosos escenarios diplomáticos sin efecto real.

La ciencia es clara, el dinero existe, la tecnología está disponible. Lo que falta es voluntad política. La COP30, lejos de acelerar la acción climática, podría ser recordada como el momento en que el proceso internacional mostró, crudamente, sus límites estructurales.

¿Será COP31 la redención o el epitafio de estas cumbres? El reloj climático no espera.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press