El alto precio del pavo en Estados Unidos: entre virus aviares, inflación y estrategias de supermercado
En medio de escasez histórica, enfermedades aviares y cambios en hábitos de consumo, el Día de Acción de Gracias enfrenta una reinvención en valores y costos para millones de hogares
Un pavo más caro, pero aún en la mesa
El Día de Acción de Gracias sigue siendo uno de los momentos más simbólicos y familiares en Estados Unidos. Sin embargo, en 2023, esta tradicional cena ha debido adaptarse a nuevas realidades económicas y sanitarias. El protagonista de la velada –el pavo– no ha estado exento de obstáculos: virus aviares, disminución del stock nacional y precios mayoristas altísimos. A pesar de todo, los consumidores se aferran a la tradición y buscan estrategias para mantenerlo en sus mesas.
Una población de pavos en declive histórico
Uno de los puntos más llamativos de este año ha sido la drástica disminución del número de pavos en Estados Unidos. La combinación de la gripe aviar y el metaneumovirus aviar –enfermedades altamente contagiosas y mortales para estas aves– redujo el número de pavos a niveles que no se veían desde hace 40 años.
En solo tres meses, más de 2 millones de pavos han muerto por la gripe aviar. A esto se suma la menor producción de huevos provocada por el metaneumovirus, lo que impacta directamente en la cantidad de pavipollos disponibles para los productores.
Larry Doll, agricultor y propietario de Old Brick Farm cerca de Detroit, ha sido una excepción afortunada. Su granja no se ha visto afectada directamente, aunque sí ha sentido el impacto: “El criadero tuvo menos disponibilidad este año, y si no haces tus pedidos con meses de anticipación, simplemente no consigues los polluelos”, afirmó.
Una subida de precio que comienza en el campo
Los efectos de la reducción del plantel de pavos se sintieron rápidamente en el mercado. Según el Departamento de Agricultura de EE. UU., el precio mayorista del pavo aumentó un 44% respecto al año anterior. En las semanas previas al Día de Acción de Gracias, las pavitas congeladas de entre 8 y 16 libras alcanzaron los $1.77 por libra, un incremento del 81% respecto al mismo periodo de 2022.
Pero no todo se debe únicamente a la escasez; el encarecimiento de otras carnes como la res –que subió un 14% interanual en septiembre, según el Bureau of Labor Statistics– ha hecho del pavo una alternativa "barata" para consumidores que no quieren pagar más de $30 por libra por algunos cortes de carne roja.
Paul Nadeau, un jubilado de Texas, lo resume así: “Antes hacía brisket ahumado, pero ahora cuesta más de $100. El pavo subió, sí, pero no tanto”.
El supermercado como campo de batalla
A pesar del aumento de costos en la cadena de producción, las grandes cadenas de supermercados han apostado por absorber parte del golpe con el objetivo de atraer compradores. El concepto es sencillo: ofrecer pavos a precios promocionales o incluso gratuitos, para que los clientes compren el resto del menú en ese establecimiento.
David Ortega, profesor de economía alimentaria en la Universidad Estatal de Michigan, señala: “Estamos viendo promociones específicas para atraer consumidores en un momento económico delicado”. Ese esfuerzo se traduce en iniciativas como:
- Aldi: cesta de cena para 10 personas por $40 (con 21 productos).
- Kroger: menú con productos de marca blanca por menos de $50.
- Walmart: aunque con menos artículos, presentó una oferta 25% más barata que en 2022.
Discrepancias en datos: ¿cuánto cuesta realmente una cena de Acción de Gracias?
Los precios varían según la fuente y los métodos de cálculo. Por ejemplo:
- La firma Datasembly reportó que un menú típico para 10 personas cuesta en promedio $58.81 —un 4.1% más que en 2022.
- La American Farm Bureau Federation estimó un coste de $55.16, un 5% menos que el año pasado, gracias al apoyo promocional de los supermercados.
- Wells Fargo calculó un gasto de $80 utilizando productos de marcas propias.
Esto demuestra que, aunque el pavo pueda ser barato gracias a rebajas, el resto de ingredientes –papas, salsa de arándanos, vegetales enlatados, pan de relleno– sigue subiendo por culpa de la inflación general y de factores como los aranceles sobre el acero y aluminio que han encarecido las latas.
Otros productos afectados: del arándano al pastel de calabaza
El emblemático acompañamiento del pavo, la salsa de arándano, se encareció un 38% según Datasembly. Los motivos: menor producción en estados como Massachusetts debido a la sequía severa, y el impacto encadenado de los aranceles sobre las latas.
Por el contrario, algunos artículos sorprendieron con bajadas de precio —como la mezcla para pastel de calabaza, que cuesta un 5% menos que el año anterior gracias a un clima seco favorable en Illinois, el cual evitó enfermedades en la cosecha.
Cuando el pavo sabe mejor en la granja
Para muchos, un pavo comprado directamente a un productor local garantiza sabor, salud y soporte a las economías regionales. Larry Doll vendió los 92 pavos que crió este año a $6.50 por libra, ofreciendo un producto fresco, sin congelar y criado al aire libre.
“A muchos clientes les gusta pensar que nuestra granja no solo les da alimento, sino la pieza central de su tradición familiar”, explica Doll, cuya granja data de 1864 y que ha estado en la misma familia por cinco generaciones. Y aunque su producción es modesta, dice que es sostenible y gratificante.
Más allá del ave: ¿Qué dicen los datos sobre la cena en sí?
La inflación alimentaria en EE. UU. fue del 2.7% en septiembre para los alimentos consumidos en el hogar, según el U.S. Bureau of Labor Statistics. Pero, para la cena de Acción de Gracias, algunos productos rebasan ese valor:
- Salsa de arándano: +38%
- Pan de relleno: +6%
- Papas Russet: -4% (único alimento con reducción sostenida)
- Pavo mayorista: +81%
- Pavo al por menor (10 libras): -2% (por promociones)
Así, aunque el pavo se vende barato en supermercados, se subsidia con el incremento de otros alimentos.
¿Un cambio de hábitos en el horizonte?
Con precios impredecibles, escasez, enfermedades aviares y cambios en la percepción del consumo responsable, muchos estadounidenses comienzan a diversificar su menú. Las proteínas vegetales, otras carnes o incluso menús sin ave están ganando adeptos. Lo que antes era impensable —una cena de Acción de Gracias sin pavo— comienza a normalizarse, particularmente en los núcleos urbanos o entre jóvenes adultos.
No obstante, la conexión emocional con el pavo como ícono cultural aún persiste. Su valor simbólico sigue siendo suficiente para mantenerlo a flote en las góndolas de los supermercados… al menos por ahora.
