Orgullo y Resistencia: El Carnaval de Copacabana Tras la Caída de Bolsonaro
La multitudinaria marcha del Orgullo en Río de Janeiro celebra 30 años de lucha, justo después del encarcelamiento preventivo del expresidente Jair Bolsonaro
Un antes y un después en las calles de Río
El pasado domingo, Copacabana no solo vibró con la energía colorida de la marcha anual del Orgullo LGBT+ en Río de Janeiro, sino que se convirtió también en un escenario político de catarsis y reivindicación. Los reflectores no apuntaban solo al arcoíris ondeante sobre uno de los paseos más icónicos del mundo, sino también a una palabra que se repetía con júbilo desde los altavoces y pancartas: "¡Está preso!". Las referencias eran claras: Jair Bolsonaro, expresidente de Brasil conocido por su historial de ataques verbales y políticas discriminatorias contra la comunidad LGBTQ+, acababa de ser enviado a prisión preventiva bajo cargos vinculados a conductas golpistas durante su mandato.
Una marcha histórica con sabor a victoria
Con el lema “30 años haciendo historia: de las primeras luchas por existir a la construcción de futuros sostenibles”, la edición 2025 del Orgullo Carioca coincidió de forma simbólica con uno de los momentos más polémicos en la historia reciente del país. A lo largo de la avenida Atlántica, miles de personas celebraron no solo su existencia, sino también un revés para quienes históricamente han intentado silenciarla.
Emy Mateus Santos, profesora de artes de 25 años, lucía una camiseta con los colores de la bandera nacional, usualmente asociados al bolsonarismo: “Estoy usando amarillo y verde para recuperar estos colores. Nos pertenecen. Luchar contra el odio vale la pena”, afirmó emocionada.
30 años de Orgullo: de las máscaras a los megáfonos
La primera marcha del Orgullo en Brasil se llevó a cabo también en Río, hace ya tres décadas. Cláudio Nascimento, uno de los organizadores históricos, recordó cómo en los primeros años se elaboraban más de mil máscaras de papel maché para proteger la identidad de los asistentes que temían perder sus trabajos o ser repudiados por sus familias.
“Hoy, usamos máscaras para traer alegría y celebrar nuestra existencia”, dijo Nascimento. Sin embargo, los desafíos aún persisten.
Según el Grupo Gay da Bahia, al menos 291 personas LGBTI+ fueron víctimas de violencia mortal en Brasil solo en lo que va de 2024, 34 casos más que el año anterior. Estas cifras posicionan a Brasil, una vez más, como uno de los países más peligrosos para la comunidad LGBTQ+ en el mundo.
El peso de Bolsonaro: de la homofobia al intento de golpe
El expresidente Jair Bolsonaro, derrotado en las elecciones de 2022, ha sido conocido durante toda su carrera por sus declaraciones e iniciativas abiertamente homofóbicas y de corte ultraconservador. En una ocasión afirmó que prefería tener un hijo muerto antes que gay. Durante su mandato, recortó sistemáticamente políticas públicas destinadas a la protección y promoción de la diversidad.
En septiembre de 2025, Bolsonaro fue condenado a 27 años de prisión por su presunto involucramiento en un intento de golpe de Estado tras su derrota electoral. Aunque se encontraba bajo arresto domiciliario, el sábado anterior a la marcha, el ministro del Tribunal Supremo Alexandre de Moraes ordenó su reclusión preventiva al considerar que era un riesgo de fuga. La sospecha se reforzó luego de que se comprobara que Bolsonaro intentó manipular su tobillera electrónica con un soldador, alegando luego haber tenido un brote psicótico.
Cuerpos, banderas y mensajes poderosos
La marcha en Copacabana se llenó de simbolismos. Una enorme bandera arcoíris fue sostenida por cientos de personas, mientras los carros de sonido lanzaban consignas como “¡Sin lesbianas, los derechos no son humanos!” y “Un Río sin LGBTIfobia”.
Una de las imágenes más impactantes fue ver a personas mayores, muchas de ellas presentes en las primeras marchas hace 30 años, compartir espacio con adolescentes que apenas comienzan a comprender su identidad. Esos cruces generacionales demostraron que la Marcha del Orgullo también es un espacio de memoria y transmisión cultural.
Una victoria simbólica, pero no definitiva
Flávio Salgueiro, un abogado de 34 años que viajó desde São Paulo, expresó con firmeza: “Mientras estas estadísticas sean una realidad, las marchas seguirán siendo necesarias. Es importante mostrar que existe una comunidad unida en una sociedad que intenta borrarnos”.
La activista y diputada estadual Dani Balbi, primera mujer trans elegida en la asamblea estatal de Río, también habló sobre el impacto político de la detención de Bolsonaro: “Verlo preso y luego tener los camiones LGBT+ en las calles es una celebración que lleva la esperanza de que políticos como él no regresen jamás”.
Lo que se juega en las urnas y en las calles
Mientras el Congreso brasileño analiza un proyecto de ley de amnistía para reducir las penas de los condenados por participar en el intento de golpe de Estado, muchos activistas lucieron calcomanías que decían “¡Sin amnistía!”. La lucha, claramente, no se ha terminado.
Aunque se celebró con baile, lentejuelas y purpurina, el Orgullo de 2025 dejó claro que la comunidad LGBTQ+ brasileña entiende que sus derechos están en juego, no solo en las urnas, sino también en las calles. La prisión de Bolsonaro puede ser vista como una victoria, pero el objetivo más amplio sigue siendo la erradicación de discursos de odio desde el poder y la consolidación de políticas públicas que garanticen la seguridad y dignidad de todas las personas, sin importar su orientación sexual o identidad de género.
