COP30 en la Amazonía: ¿Esperanza verde o una hoja en blanco más?

Análisis de una cumbre climática que prometía cambiar el rumbo del planeta, pero que se quedó corta frente a sus propios objetivos.

La promesa verde de la COP30

La COP30, celebrada en noviembre de 2025 en Belém, Brasil, fue anunciada con grandes expectativas como un punto de inflexión en la lucha contra el cambio climático. Al realizarse en el corazón de la Amazonía —el llamado 'pulmón del mundo'— se esperaba que sirviera como un catalizador global para descarbonizar la economía, proteger los bosques y lanzar una transición histórica lejos de los combustibles fósiles.

Sin embargo, tras dos semanas de negociaciones, el resultado dejó mucho que desear. Para muchos asistentes y analistas, esta cumbre será recordada más por lo que no logró que por los avances que concretó.

Lo que se dijo: el relato positivo

Simon Stiell, secretario ejecutivo del Cambio Climático de la ONU, trató de ofrecer una mirada optimista: "Entramos en una era de implementación". Destacó siete párrafos del acuerdo final como oportunidades reales de acción, además de una agenda con 117 puntos de compromiso, varios de ellos orientados a incluir al sector privado en la transformación energética.

Entre los compromisos, destacan:

  • La promesa de movilizar 1 billón de dólares para mejorar las redes eléctricas y almacenamiento de energía renovable.
  • 5.5 mil millones de dólares para pagar a países por mantener sus bosques en pie.
  • Fomento a los biocombustibles, planes de descarbonización industrial y resiliencia agrícola.

Además, se presentó el “acelerador de implementación global”, un mecanismo voluntario para que los países con mayor ambición climática accedan a financiamiento y soporte logístico para ejecutar planes más audaces.

Lo que no se logró: los grandes ausentes del acuerdo

A pesar de estos avances, los puntos más importantes quedaron sin resolver. El fracaso más sonado fue la ausencia de una hoja de ruta concreta para eliminar progresivamente el carbón, el petróleo y el gas, los principales responsables del calentamiento global.

Esto es particularmente frustrante si se considera que la eliminación de combustibles fósiles contaba con el respaldo público de más de 80 países, incluido el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva. Pero la resistencia feroz de los países petroestados, como Arabia Saudita y Rusia, y el principio de consenso obligatorio en estas cumbres, bloquearon cualquier medida vinculante.

“Este debió haber sido el momento: una COP en la Amazonía, con un presidente pidiendo un plan de transición... pero el mundo volvió a parpadear,” dijo el negociador climático panameño Juan Carlos Monterrey Gómez.

Una cumbre limitada por su propio diseño

Las COPs (Conferencias de las Partes) enfrentan una limitación crucial: los acuerdos requieren consenso absoluto. Así, cualquier país puede frenar el progreso de toda la comunidad internacional. Una voz puede silenciar a cientos.

Para el fundador del New Climate Institute, Niklas Höhne, los petroestados han aprendido que esta dinámica les favorece y están invirtiendo más que nunca en obstaculizar cualquier avance que ponga en peligro sus industrias fósiles.

Esto plantea una pregunta central: ¿Puede el mundo luchar contra el cambio climático a través de procesos que requieren la bendición de quienes más se benefician del status quo?

Las promesas paralelas: el plan B de la presidencia de la COP

Frente al impasse, el presidente de COP30, André Corrêa do Lago, anunció una estrategia alternativa. Se elaborarán dos "hojas de ruta" fuera del marco de la ONU: una para eliminar gradualmente los combustibles fósiles y otra para detener la deforestación. Aunque carecen de la fuerza vinculante de un tratado, podrían convertirse en herramientas de presión política y técnica.

Además, Brasil organizará en abril una conferencia conjunta con Países Bajos y Colombia para alinear visiones sobre la transición energética. Para la activista Mariana Paoli, de Christian Aid, esto podría ser una plataforma poderosa si logra presentar líneas de tiempo concretas, mecanismos de rendición de cuentas y financiamiento asegurado.

El rol de la sociedad civil e iniciativas privadas

No todo depende de los gobiernos. Como destacó David Waskow del World Resources Institute, el cambio también puede provenir del sector privado, ciudades y movimientos ciudadanos. Las COPs son solo una parte del rompecabezas climático.

En EE. UU., por ejemplo, iniciativas estatales, empresas y ONGs están ayudando a cumplir las metas del Acuerdo de París a pesar del retraimiento del gobierno federal en años anteriores. Trigg Talley, ex negociador climático estadounidense, afirmó que esta red de acción descentralizada mantiene en pie la esperanza.

“La gigantesca roca de la acción climática ya está rodando cuesta abajo en la dirección correcta,” dijo la científica Katharine Hayhoe. “Millones de manos empujan. Cada mano nueva acelera el cambio.”

Un futuro mixto: el optimismo convive con la alarma

Mientras algunos celebran los pequeños avances técnicos de la COP30, otros alertan sobre el peligro del inmovilismo. Johan Rockström, director del Instituto Potsdam para la Investigación del Clima, advirtió que todos los fenómenos climáticos extremos se intensificarán próximamente si no se reducen drásticamente las emisiones. La selva amazónica —justamente, la anfitriona de la COP30— podría transformarse en sabana, con consecuencias globales.

Mohamed Adow, director de PowerShift Africa, sostuvo que el próximo año verá tanto avances en energía renovable como inversiones en nuevos campos petroleros. La batalla climática es una carrera entre ambas tendencias.

¿Qué aprendimos de la COP30?

La cumbre de Belém muestra que el proceso multilateral tiene límites reales, pero también potencia simbólica y negociadora. Aunque no logró los acuerdos más ambiciosos, puso en la agenda global temas postergados, como el financiamiento de la transición en países en desarrollo.

Al final, el mayor riesgo es quedar atrapados en la frustración. En palabras de Paoli: "Estas conferencias son lentas e imperfectas, pero aún logran mover al mundo... aunque sea un milímetro a la vez".

¿Qué podemos hacer como ciudadanos?

Si las decisiones top-down se estancan, el activismo, el consumo responsable y la acción local se vuelven más relevantes que nunca. Cambiar hábitos, exigir transparencia a gobiernos y empresas, votar con el clima en mente —todo importa.

Porque, como bien resume Stiell, ha llegado el momento no de hablar, sino de actuar.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press