El callejón sin salida en Sudán: ¿Fracaso de la mediación internacional o estrategia de Burhan?
Tras más de dos años de conflicto devastador, el rechazo del general al último acuerdo de paz pone en jaque los esfuerzos por acabar con la guerra civil más mortífera del presente siglo.
Por más de 30 meses, Sudán ha estado sumido en una guerra civil de proporciones cataclísmicas, cobrando decenas de miles de vidas y desplazando a millones de personas. La reciente negativa del general Abdel-Fattah Burhan a aceptar una propuesta de alto al fuego, impulsada por mediadores internacionales, podría hundir aún más al país africano en la desesperanza.
En este blog post analizaremos los verdaderos motivos detrás del rechazo del alto mando militar, el papel de los países mediadores y cómo esta guerra se ha convertido en una de las crisis más ignoradas y dolorosas del siglo XXI.
¿De qué trata la propuesta y por qué fue considerada "la peor"?
El plan en cuestión, impulsado por el llamado Grupo Cuádruple (Estados Unidos, Arabia Saudita, Egipto y los Emiratos Árabes Unidos), proponía:
- Un cese del fuego de tres meses para permitir ayuda humanitaria.
- Un proceso político posterior de nueve meses para acordar un gobierno de transición.
El grupo paramilitar Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF, por sus siglas en inglés), liderado por Mohamed Hamdan Dagalo “Hemedti”, había aceptado esta hoja de ruta.
No obstante, Burhan calificó el documento como “el peor hasta ahora”, argumentando que:
- Diluía el poder de las Fuerzas Armadas.
- Disolvía los servicios de inteligencia y seguridad.
- Permitía que la RSF mantuviese sus posiciones actuales.
“Estamos a favor de la paz, no somos amantes de la guerra, pero nadie puede imponernos condiciones”, dijo Burhan en una declaración pública donde también acusó al asesor estadounidense Massad Boulos de tratar de imponer condiciones inaceptables para las Fuerzas Armadas sudanesas.
Un conflicto de poder que se volvió tragedia humanitaria
El conflicto comenzó en abril de 2023 cuando las tensiones acumuladas entre el Ejército y la RSF estallaron en enfrentamientos armados. Lo que, en teoría, sería un tránsito conjunto hacia una democracia después del golpe militar de 2021, se convirtió en una guerra abierta por el poder.
Desde entonces, la guerra ha causado más de 40,000 muertos según Naciones Unidas —una cifra que organizaciones humanitarias denuncian como subestimada—, con múltiples masacres no reportadas y víctimas indirectas muertas por hambre, enfermedades o desplazamiento.
Más de 14 millones de personas han sido desplazadas. Se estima que:
- 7 millones sufren hambre aguda.
- Al menos 6 millones están atrapados sin acceso regular a alimentos o ayuda médica.
- 3 de cada 4 hospitales en Khartoum están cerrados.
Sudán se ha convertido, según la ONU, en “la peor catástrofe humanitaria en curso en el mundo”. Incluso supera en desplazamiento interno a Siria, Yemen o Ucrania.
La mediación en tela de juicio: ¿neutra o cómplice?
Burhan ha acusado abiertamente a los Emiratos Árabes Unidos de armar y financiar a la RSF, algo respaldado en parte por informes de inteligencia de EE.UU., citados por medios como AP. Aunque Abu Dabi niega tales acusaciones, varias ONG han documentado envíos sospechosos de armas hacia Darfur y otras zonas controladas por Hemedti.
El general también apunta directamente al asesor estadounidense Massad Boulos como “obstáculo para la paz” y cuestiona la imparcialidad de la mediación al incluir a países “interesados o partícipes directos” del conflicto.
“La mediación no puede continuar si ignora la soberanía del Estado y fortalece a los rebeldes”, afirmó Burhan.
RSF: ¿fuerza rebelde o estrategia alternativa para el dominio militar?
La Fuerza de Apoyo Rápido, antes conocida por su brutal accionar durante el genocidio de Darfur, es un grupo paramilitar profesionalizado, con considerable financiamiento propio, minas de oro y conexiones con actores internacionales como Rusia (a través del Grupo Wagner) y los propios Emiratos Árabes.
Hemedti ha intentado proyectar una imagen de fuerza “revolucionaria y ciudadana”, ganándose el favor de algunas regiones desplazadas y actores tribales, especialmente en Darfur.
No obstante, múltiples informes confirman atrocidades cometidas por la RSF, incluyendo:
- Violaciones sistemáticas.
- Masacres étnicas, como en El-Fasher.
- Bloqueo de ayuda humanitaria en zonas bajo su control.
Un fracaso compartido: silencio global y agendas cruzadas
La comunidad internacional ha fallado rotundamente en dar una respuesta efectiva. En parte por la complejidad del conflicto, pero también por divisiones sobre cómo manejarlo.
Estados Unidos parece haberse limitado a declaraciones y gestiones diplomáticas que no alteran sustancialmente el conflicto. Por su parte, actores regionales como Egipto o Arabia Saudita continúan jugando un delicado doble rol: oficialmente piden paz, pero tienen intereses estratégicos en mantener aliados en el terreno.
Ni siquiera la reciente declaración del presidente Donald Trump —quien aseguró estar evaluando intervenir diplomáticamente por pedido del príncipe heredero saudí— parece haber cambiado el curso de la guerra.
¿Y el pueblo sudanés?
De poco sirven los acuerdos si no incluyen una voz real de la ciudadanía. Desde 2019, cuando una ola de protestas pacíficas derrocó a Omar al-Bashir, la población sudanesa ha mostrado una clara vocación democrática y una fortaleza impresionante frente a la opresión.
Hoy, los Comités de Resistencia —estructuras comunitarias horizontales surgidas durante las protestas— siguen coordinando ayuda local y denunciando crímenes, pese a la guerra.
Sin embargo, ni la propuesta rechazada ni otras sobre la mesa consideran mecanismos reales de participación civil. La “paz negociada” parece ser apenas una redistribución del poder entre facciones armadas.
¿Cuál es la salida posible?
Si el Grupo Cuádruple desea verdaderamente restaurar una Sudán unificada y democrática, deberá:
- Exigir a la RSF la retirada inmediata de zonas civiles como condición previa.
- Establecer mecanismos vinculantes para el desarme progresivo de ambos bandos.
- Incluir a actores civiles, especialmente los Comités de Resistencia, en las futuras mesas de negociación.
- Asegurar corredores humanitarios supervisados por misiones internacionales.
- Investigar y perseguir crímenes de guerra, tanto de la RSF como del Ejército.
Sudán necesita más que un alto al fuego. Necesita justicia, verdad y participación.
Hoy, mientras el general Burhan y Hemedti libran una batalla por el control del país, millones de civiles siguen huyendo, sobreviviendo y muriendo en silencio. Y con cada promesa de paz no cumplida, la desesperanza gana terreno.
¿Será este rechazo final uno más en la lista de fracasos diplomáticos, o el punto de inflexión hacia una mediación real y transformadora?
