Las apuestas deportivas en EE. UU.: ¿Jugada maestra o bomba de tiempo?

El gobernador DeWine se arrepiente de legalizar el juego en Ohio, mientras el deporte profesional enfrenta una crisis de integridad alimentada por los prop bets.

El auge de las apuestas deportivas: ¿un juego sin reglas?

Lo que alguna vez fue apenas una actividad de nicho en Las Vegas se ha convertido en una industria valorada en más de $11 mil millones de dólares anuales en Estados Unidos. Las apuestas deportivas, impulsadas por una ola de legalización en múltiples estados, hoy están profundamente entrelazadas con el deporte profesional, generando beneficios millonarios para casas de apuestas como DraftKings, FanDuel o Caesars. Sin embargo, los recientes escándalos han encendido las alarmas sobre su verdadero impacto en la integridad del deporte y la salud cívica de los ciudadanos.

Ohio: entre la ilusión de libertad y la realidad del descontrol

El gobernador republicano de Ohio, Mike DeWine, quien firmó la ley de legalización en 2021 permitiendo apuestas en línea, en casinos, bares y hasta en estadios, hoy admite arrepentirse. «Absolutamente, no lo habría hecho», expresó recientemente a medios de comunicación al recordar su decisión.

Su cambio de postura no es casual: en los últimos meses, dos lanzadores de los Cleveland Guardians –Luis Ortiz y Emmanuel Clase– fueron acusados de manipular lanzamientos para beneficiar a apostadores en esquemas que aún se investigan. Ambos han declarado ser inocentes, pero el daño ya está hecho: la sombra de la sospecha ha caído sobre la MLB.

¿Dónde se perdió el control?

Para entender la crisis actual hay que hablar de los prop bets, también llamados micro-puestas. Estos permiten apostar, por ejemplo, si un lanzador ejecutará una bola o un strike en su próximo lanzamiento. Las ganancias suelen ser pequeñas, pero fáciles de manipular si algún jugador se presta al fraude (o si recibe amenazas, otra práctica detectada en ligas universitarias).

DeWine tomó cartas en el asunto tras un aumento de denuncias por acoso a atletas, especialmente tras recibir información alarmante desde la Universidad de Dayton. Su reacción fue pedir al presidente de la NCAA, Charlie Baker, que prohibiera los prop bets en competencias universitarias. Baker accedió, allanando el camino para una orden estatal que las eliminó del menú legal en Ohio.

Un deporte en crisis: el caso de los Cleveland Guardians

El caso que terminó por detonar la alarma ocurrió cuando fiscales federales imputaron a Ortiz y Clase. La acusación indica que los lanzadores habrían pactado errar lanzamientos específicos en determinadas situaciones para que un grupo de apostadores ganara montos superiores a $10,000. Aunque faltan pruebas definitivas y ambos implicados han negado las acusaciones, este evento destapó lo que expertos califican como «una tormenta perfecta» entre adicción, tecnología, dinero rápido y falta de regulación.

"Estas apuestas pequeñas pueden parecer inofensivas, pero están socavando la base misma del deporte profesional" – Rob Manfred, Comisionado de la MLB

MLB responde: primeras restricciones a los prop bets

Gracias a la presión de DeWine, la MLB negoció con plataformas como DraftKings y FanDuel un limite a los prop bets en lanzamientos individuales a $200 por apuesta máxima y su exclusión de apuestas múltiples. Aunque modesta, fue la primera medida concreta para contener esta modalidad de juego y proteger la integridad del béisbol como espectáculo.

Un modelo lleno de intereses: dinero, política y lobbies

El origen de esta situación se vincula estrechamente a los intereses económicos que impulsaron la legalización del juego en Ohio y en otros 38 estados. Un análisis de registros de campaña encontró que, solo en 2021 y 2022, entidades relacionadas al sector donaron cerca de $1 millón de dólares a comités afiliados al Partido Republicano y directamente más de $22,000 a la campaña de reelección de DeWine.

Además, un cabildeo constante y millonario ha mantenido viva la industria. En los últimos tres años, empresas como Caesars, MGM o Hard Rock han invertido más de $130,000 en donaciones a legisladores estatales con poder sobre el futuro del juego, especialmente los que integran las comisiones económicas y regulatorias.

Este vínculo apretado entre industria, política y deporte dificulta cualquier intento regulador fuerte. Legisladores como el presidente del comité de finanzas de la Cámara, Brian Stewart, han defendido públicamente los prop bets: «Muchos habitantes los disfrutan, no creo que debamos eliminarlos del todo», dijo en agosto pasado.

¿Es posible revertir la legalización?

A pesar del vuelco en su opinión, DeWine es realista. Asegura que no hay votos suficientes en el Congreso estatal para anular las apuestas deportivas. «Puedo contar. No siempre estoy en lo correcto, pero te garantizo que ellos no están listos para hacer esto», afirmó.

En vez de pugnar por una reforma legal, el gobernador dice apoyarse en un enfoque más pragmático: acuerdos voluntarios entre ligas, sindicatos de jugadores y casas de apuestas que limiten o eliminen los prop bets. Ya lo logró con la NCAA y la MLB, ahora quiere empujar a la NBA, la NFL y otras ligas profesionales a hacer lo mismo.

¿Qué está en juego?

DeWine, fan empedernido del béisbol —especialmente de los Cincinnati Reds—, lo resume en una frase cargada de simbolismo: «Están jugando con dinamita». Y no es una exageración. El riesgo es múltiple:

  • La integridad de competencias profesionales, que podría verse socavada por fraudes.
  • La salud mental de jugadores y jóvenes, expuestos a presiones, amenazas o adicciones.
  • La confianza del público, que podría dejar de creer en la veracidad del espectáculo deportivo.

La historia nos da ejemplos dolorosos. En 1919, el escándalo de los Chicago Black Sox puso en jaque al béisbol cuando se descubrió que ocho jugadores conspiraron para perder la Serie Mundial a cambio de dinero ilegal. Aquello casi termina con el deporte. Hoy, con tecnologías más avanzadas y apuestas al alcance de un clic, el escenario es aún más delicado.

Un llamado necesario pero difícil

La cruzada que ha iniciado el gobernador DeWine puede parecer tardía, pero es necesaria. La facilidad de uso de plataformas de apuestas, la normalización desde los propios eventos deportivos y el respaldo político complican una retirada ordenada. Sin embargo, si no se imponen límites ahora, podríamos estar sembrando las bases para escándalos mucho más graves en el futuro.

El deporte necesita ser transparente. Y más aún, necesita ser creíble. Las ligas, las casas de apuestas y los políticos están frente a una decisión moral que va más allá del rédito económico inmediato. ¿Tendrán el coraje de anteponer la integridad a las ganancias?

Este artículo fue redactado con información de Associated Press