Reino Unido en la cuerda floja: ¿Está el gobierno laborista cavando su propia tumba fiscal?

Con una economía estancada, inflación persistente y una lluvia de impuestos, el gobierno de Keir Starmer enfrenta crecientes tensiones políticas y sociales, mientras intenta rescatar su credibilidad ante mercados, votantes y aliados.

Un año después de la gran victoria: ¿Dónde está el cambio?

En julio de 2024, el Partido Laborista británico logró una victoria histórica que prometía un nuevo rumbo para el Reino Unido. Bajo la dirección de Keir Starmer como primer ministro y Rachel Reeves como ministra de Hacienda, la propuesta era clara: sanear las finanzas públicas, aliviar el coste de vida y devolverle dinamismo a la economía británica. Sin embargo, a más de un año de gobierno, el panorama es desalentador: la inflación no cede, el endeudamiento público sigue creciendo y el PIB apenas muestra signos de vida.

La economía británica: una recuperación que nunca llegó

La economía del Reino Unido, sexta a nivel mundial, ha tenido un rendimiento mediocre desde la crisis financiera de 2008. La situación se ha agravado con el impacto acumulado de la pandemia de COVID-19, la guerra entre Rusia y Ucrania y el legado de Brexit, que ha costado al país miles de millones en pérdida de comercio e inversión extranjera directa.

Según datos oficiales, el gobierno británico destina más de 130 mil millones de dólares anuales solo en intereses de deuda, que representa ya el 95% del ingreso nacional anual del país. En este contexto, la promesa laborista de un presupuesto «excepcional» en 2023 como cura para todos los males parece más una ilusión que una hoja de ruta.

Una repetición constante de errores: el Día de la Marmota fiscal

Rain Newton-Smith, directora de la Confederation of British Industry, lo expresó con precisión: “parece menos que estemos avanzando, y más que estuviéramos atrapados en el ‘Día de la Marmota’”. Y no se trata solo de la comunidad empresarial. Ciudadanos y votantes empiezan a cuestionar seriamente si el nuevo gobierno tiene la capacidad —o incluso la intención— de transformar sus promesas en realidades tangibles.

¿Crisis de liderazgo? Starmer en la mira

El descontento ha llegado hasta filas internas del propio Partido Laborista. Ante el desplome persistente en las encuestas, varios legisladores estarían considerando destituir a Keir Starmer, en una jugada casi impensable hace tan solo un año. Según Luke Tryl, director del centro de estudios More in Common, “los votantes no entienden por qué no hay cambios positivos”.

La situación ha generado especulación incluso desde el propio despacho del Primer Ministro, que en un intento fallido de mostrar autoridad, aseguró que Starmer resistiría cualquier intento de reemplazo. El anuncio ha tenido el efecto contrario: desató un frenesí político y alarmó a miembros del Parlamento que ya ven el horizonte de las elecciones de 2029 con preocupación.

Poco margen para maniobrar

Rachel Reeves ha sido enfática en que su próximo presupuesto tomará “decisiones difíciles pero correctas”. Pero las opciones son limitadas. Reducir el gasto estatal, como hicieron los Conservadores en los últimos 14 años, está descartado. Y los intentos de reducir el enorme coste del sistema de bienestar social han sido detenidos por los propios legisladores laboristas.

Así las cosas, el gobierno solo tiene un camino disponible para aumentar ingresos: más impuestos.

Contradicciones, promesas rotas y 'spin' fiscal

La situación se torna aún más caótica debido a los mensajes confusos desde el gobierno. En noviembre, Reeves insinuó una posible subida de impuestos sobre la renta—rompiendo una promesa electoral clave— antes de dar marcha atrás tras la reacción negativa de colegas laboristas y medios de comunicación.

En lugar de un gran aumento, se habla ahora de pequeñas y polémicas medidas impositivas:

  • "Impuesto a las mansiones" para propietarios de viviendas de alto valor.
  • Pago por milla conducida para vehículos eléctricos, medida que podría frenar la transición verde.
  • Mantener el impuesto corporativo elevado vigente desde 2023, tras aumentos que ya desataron molestias entre grandes empresas.

Desequilibrio entre mercados y votantes

Uno de los grandes dilemas de esta administración se encuentra en intentar complacer a dos actores con necesidades opuestas: los mercados financieros y los votantes comunes.

Patrick Diamond, profesor de políticas públicas en la Universidad Queen Mary de Londres, lo resume así:

“Puedes dar confianza a los mercados, pero eso probablemente implica subir impuestos, algo muy impopular. Por otro lado, puedes intentar aliviar la carga a los votantes, pero eso pone nerviosos a los mercados porque sienten que el gobierno no tiene un plan fiscal claro.”

La crisis de confianza no es solo teórica. El colapso del gobierno de Liz Truss en 2022, tras anunciar recortes de impuestos sin respaldo financiero, sigue fresco en la memoria. Reeves sabe perfectamente que un paso en falso puede desencadenar volatilidades impredecibles, siendo el mercado de los bonos el “examen de realidad” definitivo.

Medidas paliativas para ganar tiempo

Consciente del mal ambiente, Reeves ha añadido "endulzantes" al presupuesto, como:

  • Aumentos por encima de la inflación en las pensiones de millones de jubilados.
  • Congelación de tarifas ferroviarias, popular entre los usuarios diarios.

Pero para muchos, estos gestos son solo cortinas de humo que no resuelven el problema de fondo: una economía que no crece, una deuda que no baja y un malestar social que se acumula.

Comparativa internacional: ¿Qué hace distinto al Reino Unido?

A diferencia de otras economías avanzadas, el Reino Unido tiene una carga adicional: el impacto estructural del Brexit. El Instituto de Estudios Fiscales ha calculado que abandonar la Unión Europea ha reducido el PIB británico en al menos un 4%, comparado con un escenario en el que el país hubiera permanecido.

A eso se suma un contexto internacional complicado, con la guerra de Ucrania presionando los precios de la energía y una ralentización global que hace más difícil exportar productos británicos. Mientras tanto, Estados Unidos y Alemania han logrado recuperar tasas de crecimiento cercanas al 2%, el Reino Unido no consigue superar el 1%.

El futuro incierto: ¿quién liderará el cambio?

La presión política interna no da tregua. Las encuestas colocan al laborismo por detrás de partidos como Reform UK, liderado por el ultraderechista Nigel Farage. Un dato revelador, considerando que Farage no es ni siquiera miembro del Parlamento.

La combinación de desgaste económico, promesas incumplidas y falta de liderazgo claro está pasando factura. Reeves y Starmer tienen, por ahora, más de cuatro años por delante antes de que deban enfrentarse a las urnas en 2029, pero si no logran revertir esta dinámica en los próximos 12 meses, no se descarta que el propio Partido Laborista les exija retirarse anticipadamente.

Como apuntó Jill Rutter, experta del think tank Institute for Government:

“Puede que se mantengan en el poder por ahora, pero no apostarías a que van a completar este mandato parlamentario.”

¿Labour: víctima de su propio idealismo?

La narrativa del cambio estructural ha sido eje del discurso progresista británico en los últimos años. Sin embargo, cuando llega el momento de implementarlo con pragmatismo fiscal, la realidad golpea con fuerza. El caso del gobierno de Starmer/Reeves no es solo una lección británica, sino una advertencia global para aquellas fuerzas políticas que prometen transformación sin una ingeniería financiera robusta detrás.

En un país donde la economía es religión y el mercado su profeta, la fe sin resultados se paga caro. El Partido Laborista británico está aprendiendo esa lección en carne propia.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press