Separatismo, poder e inestabilidad: el dilema político de Bosnia en 2025
Las elecciones en la República Srpska reavivan tensiones históricas y cuestionan la viabilidad del sistema político bosnio
Bosnia y Herzegovina enfrenta un nuevo episodio de tensión política tras las elecciones presidenciales anticipadas en la República Srpska, la entidad serbia autónoma que conforma una mitad política del país. El controversial líder Milorad Dodik, aunque inhabilitado, sigue siendo una figura influyente a través de su aliado Sinisa Karan, quien ganó la presidencia en un proceso cuestionado por denuncias de fraude electoral.
¿Qué ocurrió en las elecciones del 2025?
El domingo 23 de noviembre de 2025, se celebraron elecciones presidenciales anticipadas en la entidad autónoma serbia de Bosnia, la República Srpska. Estas se organizaron tras la inhabilitación de Dodik, quien fue condenado por desobedecer las órdenes del Alto Representante internacional para Bosnia y temporalmente excluido de ocupar cargos públicos.
A pesar de su inhabilitación, Dodik mantuvo su estatus de líder dentro del Partido de los Socialdemócratas Independientes (SNSD) y rápidamente organizó una sucesión política que garantizara la continuidad de su influencia: su delfín político, Sinisa Karan, fue el candidato oficialista.
Con el 99% de los votos escrutados, Karan obtuvo cerca del 50% de los sufragios, mientras su principal oponente, Branko Blanusa, alcanzó un 48% muy disputado. Blanusa y otros líderes opositores denunciaron “manipulación electoral masiva”, especialmente en tres localidades cercanas a la frontera con Serbia, donde acusan el “importación ilegal de votantes”.
Votaciones bajo sospecha
Las denuncias más fuertes recaen en votantes presuntamente trasladados desde Serbia para votar a favor del candidato de Dodik. Estas acusaciones no son nuevas en el contexto de elecciones en los Balcanes occidentales, donde la dualidad étnica, el nacionalismo y las lealtades regionales hacen que las urnas sean un campo minado de legitimidad.
Blanusa fue directo en sus declaraciones: “Estas elecciones no han terminado. Se terminarán cuando el proceso se repita en las tres ciudades afectadas”. Subrayó que ceder ahora sería equivalente a “engañar al pueblo”.
La continuidad del poder de Dodik
La victoria de Karan es más que una sucesión democrática. Representa un intento de Dodik por mantener intacta su arquitectura de poder político y territorial. Él mismo afirmó tras los resultados: “Querían acabar con Dodik, ahora tienen dos Dodik” en una frase que mezcló ironía con advertencia.
Karan, por su parte, agradeció el respaldo y declaró: “Continuaremos donde lo dejamos”. Es un mensaje claro: la línea dura del separatismo serbio dentro de Bosnia sigue intacta.
Un sistema político frágil y heredado de la guerra
El sistema político en Bosnia y Herzegovina es una compleja estructura diseñada en los Acuerdos de Dayton de 1995, firmados con mediación de EE. UU. para poner fin a una guerra de tres años (1992-1995) que dejó más de 100.000 muertos.
Como herencia de ese pacto, el país quedó dividido en dos entidades:
- República Srpska, de mayoría serbia cristiano-ortodoxa
- Federación de Bosnia y Herzegovina, compartida entre bosníacos (musulmanes) y croatas católicos
Ambas unidades tienen sus propios presidentes, parlamentos y fuerzas de seguridad, pero están coordinadas por un gobierno central débil, lo que vuelve el país altamente vulnerable a tensiones étnicas y políticas.
El separatismo sigue vivo
Dodik ha defendido abiertamente en múltiples ocasiones la secesión de la República Srpska, argumentando que Bosnia es un estado fallido gobernado por una estructura extranjera. Ha desacatado a Christian Schmidt, Alto Representante de la comunidad internacional, declarando ilegal su figura dentro de territorio serbio-bosnio.
Estas acciones le han costado sanciones por parte de Estados Unidos y Reino Unido. Sin embargo, en octubre de 2025, Washington levantó las sanciones tras su promesa de no buscar la reelección, hecho que facilitó su traspaso simbólico del poder a Karan.
Los ecos de un pasado no resuelto
El conflicto de Bosnia en los años noventa no sólo devastó la infraestructura del país, también dejó heridas sociales profundas que aún hoy condicionan su política. Dodik y dirigentes como él encarnan una resistencia a la idea de un Estado multietnico unido.
La Unión Europea ha presionado durante años para lograr avances hacia una integración funcional, pero el nacionalismo excluyente ha frenado reformas estructurales clave. De hecho, en 2023, el Parlamento Europeo señaló que “República Srpska pone en peligro la integridad del Estado bosnio y socava los valores europeos”.
Los desafíos del presente
Desde el punto de vista geopolítico, Bosnia se encuentra en una posición frágil. Mientras Serbia se acerca cada vez más a Rusia, Bosnia busca ingresar a la Unión Europea y reforzar sus vínculos con la OTAN. Esto coloca a la República Srpska en una encrucijada peligrosa, especialmente cuando sus líderes son aliados de Moscú o rehúyen de Bruselas.
El hecho de que figuras como Dodik hayan sido sancionadas por promover la desestabilización regional no ha frenado la posibilidad de que mantengan poder mediante esquemas de sucesión política dentro de sus partidos.
¿Qué dice la calle?
En opinión pública, la población está dividida. Muchos en la República Srpska, especialmente en áreas rurales, ven a Dodik como un defensor de los intereses serbios frente a una opresión extranjera. Otros, sobre todo en áreas urbanas y sectores progresistas, ven con preocupación esta deriva autoritaria.
En las últimas tres elecciones (2014, 2018 y 2022), Dodik y su partido ganaron por márgenes estrechos. Esto muestra que hay una oposición activa, aunque el control institucional del SNSD, especialmente sobre medios de comunicación y justicia local, impide una competencia igualitaria.
El papel de la comunidad internacional
La presencia del Alto Representante es una anomalía en pleno siglo XXI: un funcionario extranjero con poderes mayores que cualquier líder local. Pero según muchos expertos, su figura es todavía necesaria. Sin embargo, la presión internacional ha disminuido, especialmente tras el giro de atención global hacia Ucrania, Medio Oriente y la inflación mundial.
Esto ha generado un vacío que Dodik y su círculo aprovechan para fortalecer su discurso de autonomía y, eventualmente, independencia unilateral.
¿Hacia dónde va Bosnia?
El resultado de estas elecciones anticipadas muestra algo más que una contienda de urnas: revela una lucha de legitimidades, de proyectos de país. Karan gana, pero lo hace bajo la sombra de un líder condenado, con acusaciones de fraude y sin apoyo explícito de toda la comunidad internacional.
Mientras no se reforme de fondo el sistema político bosnio, y no se logren consensos sobre memoria histórica, identidad y soberanía, Bosnia seguirá siendo un Estado atrapado entre su pasado sangriento y un presente fragmentado e inestable.
La pregunta no es si habrá estabilidad mañana, sino cuándo el sistema dejará finalmente de resistirse a sí mismo.
