Texas rural pierde con recorte de fondos para internet: ¿cómo afectará el desarrollo digital del estado?
A pesar de haber esperado $3.3 mil millones en fondos federales para mejorar la conectividad de internet, Texas recibe solo $1.3 mil millones: lo que esto significa para millones de hogares desconectados
Un recorte sorpresivo: de $3.3 mil millones a $1.3 mil millones
Cuando se anunció que Texas recibiría $1.3 mil millones en fondos federales para expandir el acceso a internet de alta velocidad, para muchos representantes y comunidades rurales del estado no fue una buena noticia. Todo lo contrario: fue una decepción mayúscula.
Hace apenas un par de años, el estado fue promesa de recibir $3.3 mil millones bajo el programa federal Broadband Equity, Access, and Deployment (BEAD), parte del paquete de infraestructura bipartidista firmado por el presidente Joe Biden. Texas, siendo el estado con más fondos asignados entonces, se convirtió en un caso emblemático de lo que muchos esperaban sería una auténtica revolución digital. Pero al final, los fondos que llegaron no fueron ni la mitad de lo prometido.
¿Por qué es tan importante esta financiación?
De acuerdo con la Oficina del Censo de EE.UU., más de 2.8 millones de hogares tejano y 7 millones de personas no cuentan con acceso a banda ancha. Esto afecta especialmente a las zonas rurales como Deep East Texas, donde la baja densidad de población hace poco rentable para las empresas instalar infraestructura de conexión.
“Para muchos, siempre fue $3.3 mil millones la cifra sobre la que estábamos trabajando, y aún con eso había dudas de si sería suficiente para Texas”, explicó Lonnie Hunt, director ejecutivo de Deep East Texas Council of Governments. “Es mucho menos de lo que esperábamos que fuera”.
Enterprise Texans: esperanza y desilusión
Empresas como Big Bend Telephone Company e iniciativas como Texas Rural Funders han luchado durante años para mejorar la conectividad del estado. Sin embargo, con los recortes, muchos ven sus esfuerzos opacados.
“Estamos ciertamente decepcionados con la asignación de BEAD,” expresó Rusty Moore, gerente general de Big Bend Telephone. “Se ha perdido una oportunidad increíble para cambiar el destino de muchas comunidades desconectadas.”
La directora ejecutiva de Texas Rural Funders, Kelty Garbee, fue aún más crítica. “La cantidad asignada está muy por debajo de lo necesario para llevar servicios de calidad a las comunidades rurales al nivel de lo que se ofrece en las ciudades.”
La gran demanda: más de $6.4 mil millones solicitados
Documentos estatales revelan que Texas recibió solicitudes por más de $6.4 mil millones para mejorar la banda ancha. ¿Qué significa esto? Que la necesidad ya triplicaba el monto original asignado y más que quintuplica el monto final otorgado con los nuevos cambios de administración.
Además, hay preocupaciones sobre la equidad en la distribución del dinero y la fiabilidad de los mapas de desarrollo de banda ancha. “Estos mapas no reflejan fielmente qué regiones necesitan mayor atención,” denunció Garbee.
Una inversión con múltiples vertientes tecnológicas
El plan actualizado por el estado involucra conexión para más de 123,000 ubicaciones mediante fibra óptica, otras 65,000 por satélites en órbita baja y 54,000 a través de señales inalámbricas. Sin embargo, expertos aseguran que estas cifras siguen siendo insuficientes frente a la magnitud del desafío de conectar un territorio tan extenso y diverso como Texas.
“Nuestro objetivo es banda ancha para cada hogar y negocio en nuestra región,” afirmó Hunt. “Somos, sin duda, una de las áreas más desatendidas del país”.
Un vaivén político que alimenta la incertidumbre
El panorama de la conectividad no solo se ha visto afectado por variables técnicas o económicas, sino por el vaivén de decisiones políticas desde Washington.
Aunque el proyecto BEAD fue inicialmente impulsado bajo la administración Biden, ahora es bajo el liderazgo de una nueva configuración política en Washington, con la figura destacada del senador tejano Ted Cruz, que se han realizado cambios puntuales en los criterios del programa. Cruz afirmó en una carta que su trabajo en el Comité de Comercio había evitado el "malgasto" en mansiones y zonas turísticas, redireccionando los fondos hacia zonas rurales con verdadera necesidad. Sin embargo, no todos coinciden con esa visión.
Para muchos observadores, los nuevos criterios –como permitir tecnologías distintas a la fibra y eliminar la obligación de proveer una opción económica a familias de bajos ingresos– favorecen más a las empresas proveedoras que al consumidor final.
La eliminación del requisito de precios bajos supone el fin efectivo del Affordable Connectivity Program, que sostenía rebajas para 23 millones de hogares en todo EE.UU. hasta que expiró en 2024 tras la falta de fondos del Congreso.
¿El principio del fin o una oportunidad de redireccionar la estrategia?
Texas aún tiene la oportunidad de manejar estratégicamente el paquete de fondos, aunque reducido. Sin embargo, el desafío será asegurarse de que cada dólar invertido tenga impacto real y que las comunidades marginadas no queden en el olvido.
Hegar, ex Contralor de Texas y actual rector del Sistema Texas A&M, propuso cambios a la política del BEAD para hacerla más “flexible”, pero las organizaciones rurales siguen preguntando si los cambios realmente les ayudarán o si simplemente consolidarán un status quo donde la conectividad es privilegio urbano.
“¿Estamos pidiendo a las comunidades sin banda ancha que hagan más con menos?” se preguntó Garbee. “Porque si es así, aumentará la brecha digital en lugar de cerrarla.”
El verdadero impacto: más allá de líneas de fibra y megas por segundo
La falta de conectividad en zonas rurales no es solo un problema tecnológico. Se refleja en acceso a oportunidades educativas, servicios de salud, empleo remoto y participación cívica. Es el tipo de infraestructura que determina si un joven tiene o no acceso a herramientas digitales para competir en igualdad de condiciones.
En un estado tan vasto como Texas, donde muchas zonas rurales son también zonas históricamente marginadas, el acceso a internet se convierte en un tema de justicia social. Más aún cuando muchas voces rurales sienten que, a pesar de haber sido protagonistas del discurso político sobre infraestructura en años recientes, ahora se les ha dado la espalda.
“Este es solo una pieza del rompecabezas, pero es una muy grande,” reiteró Hunt. “Sin esto, muchas comunidades no podrán avanzar.”
Para millones de residentes del Texas rural, el futuro digital aún espera conexión.
