Vietnam, Tailandia y Malasia bajo el agua: ¿Estamos viendo el futuro climático del sudeste asiático?

Inundaciones sin precedentes azotan el sudeste asiático y evidencian la dureza del cambio climático en una región cada vez más vulnerable

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Una emergencia creciente en Vietnam

El sudeste asiático está experimentando una de sus peores crisis climáticas en décadas. En Vietnam, las lluvias torrenciales que comenzaron hace poco más de una semana han cobrado la vida de al menos 91 personas, con 11 desaparecidos y más de 200,000 viviendas inundadas. La región central del país, incluyendo las provincias de Quang Tri hasta Lam Dong, ha sido especialmente golpeada, con 63 muertes concentradas en Dak Lak, una de las regiones más afectadas y epicentro de la producción nacional de café.

El gobierno vietnamita ha desplegado helicópteros para entregar provisiones e incluso rescatar a personas aisladas por las aguas. En medio de toda esta tragedia, hay gestos de solidaridad como el de Pham Thu Huyen, turista y voluntaria improvisada en Nha Trang: “Nunca habíamos vivido algo así. Fue una inundación sin precedentes”, expresó.

Cosechas y economía bajo amenaza

La región de Dak Lak no solo llora a sus muertos, también intenta salvar lo que queda de sus cosechas. Las plantaciones de café, motor económico local, han sido sepultadas bajo el agua. Las pérdidas económicas iniciales ascienden a 500 millones de dólares, y se espera que aumenten si continúa el mal tiempo.

Para ofrecer perspectiva, según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), las tormentas y tifones que Vietnam ha soportado en septiembre y octubre ya habían acumulado más de 1,2 mil millones de dólares en daños y medio millón de viviendas afectadas.

Vietnam, con un 45% de su población viviendo en zonas propensas a inundaciones, ocupa el segundo lugar a nivel mundial en cuanto al impacto del cambio climático sobre su economía, según un informe del Instituto de Política Ambiental Global.

Tailandia: récords históricos de lluvia y caos

Tailandia tampoco ha sido ajena a este desastre. Recientemente, la ciudad de Hat Yai en la provincia de Songkhla registró 335 mm de lluvia en solo 24 horas, la marca más alta en tres siglos. Entre miércoles y viernes, cayeron 630 mm de lluvia. Resultado: calles convertidas en ríos, cientos de personas atrapadas en hoteles y casas, rescates con balsas y una cifra mortal que asciende a cinco muertos y cuatro heridos.

Las autoridades tailandesas indican que casi 2 millones de habitantes se han visto afectados por las lluvias en el sur del país. El fenómeno no es completamente nuevo: este 2024 ya se habían registrado inundaciones importantes en el norte y el centro del país.

La agricultura ha sido otra gran víctima. Miles de hectáreas de cultivo fueron arrasadas y se estima que miles de casas también quedaron seriamente dañadas por el fenómeno.

Malasia: el monzón golpea sin tregua

En Malasia, las inundaciones se siguen extendiendo mientras el país atraviesa su temporada anual de monzones (noviembre-marzo). Según el Departamento de Bienestar Social, al menos 12,500 personas han sido evacuadas en nueve estados del país, siendo Kelantan el más afectado.

Las autoridades han tenido que habilitar 86 refugios temporales para los desplazados. Aunque los monzones siempre han formado parte de la realidad malaya, los expertos ya advierten que los episodios de lluvias hoy son mucho más intensos y erráticos.

¿Una nueva normalidad?

El sudeste asiático siempre ha convivido con el agua, pero lo que está ocurriendo ahora parece superar cualquier patrón histórico. Expertos advierten que el cambio climático está amplificando la intensidad de las tormentas y la frecuencia de estos desastres.

“La intensidad de las lluvias está fuera de escala. Hemos monitoreado sistemas de tormentas que deberían generarse una vez cada 50 o 100 años, ocurriendo ahora cada 5”, explica el meteorólogo Nguyen Thanh Vinh, del Centro Nacional de Pronóstico Hidrometeorológico de Vietnam.

Según el quinto informe del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), se espera que el aumento en la temperatura global genere una mayor acumulación de vapor de agua, lo que incrementará las lluvias intensas en la región tropical del planeta—y eso incluye a toda el área indochina.

Impacto social: hogar perdido y migración forzada

Uno de los grandes desafíos será atender a la población desplazada. Solo en Vietnam, entre los tifones de septiembre y las lluvias recientes, cientos de miles de personas se han visto obligadas a abandonar sus viviendas.

La contribución de Corea del Sur de $1 millón de dólares para ayudar a Vietnam es insuficiente frente al tamaño del desastre. La ONU advierte sobre la posibilidad de que muchas de estas personas se conviertan en migrantes climáticos, una figura que cobra protagonismo en la región del sudeste asiático.

La OIM (Organización Internacional para las Migraciones) ha elevado la alerta afirmando que “la pérdida prolongada de vivienda y tierras cultivables puede motivar flujos migratorios masivos hacia áreas urbanas o incluso hacia países vecinos”.

¿Qué se puede hacer?

Ante este panorama, las autoridades deben repensar su infraestructura hídrica y construir sistemas de drenaje más adaptativos. Además, urge definir políticas de reubicación seguras para quienes vivan en zonas de alto riesgo.

Por otro lado, las comunidades también piden mayor educación climática y acceso a información confiable para poder actuar y prevenir daños pero, sobre todo, salvar vidas.

  • Invertir en defensas costeras y gestión de cuencas hidrográficas.
  • Actualizar los mapas de riesgo y planificación urbana sostenible.
  • Fortalecer las capacidades de respuesta de emergencia a nivel local.
  • Apoyar a los agricultores con programas de seguros contra eventos climáticos extremos.

El costo humano detrás de cada cifra

Más allá de números y estadísticas, hay miles de historias que narran el sufrimiento humano. Familias enteras luchan por mantenerse juntas; ciudades que antes eran vibrantes, hoy están cubiertas de escombros y barro.

En palabras de Nguyen Thi Lan, habitante de Hue: “No solo perdimos nuestra casa, perdimos nuestras memorias, nuestras fotos, nuestras raíces. Mi madre dice que no recuerda haber llorado tanto desde la guerra”.

Una advertencia para el mundo

Lo que ocurre hoy en el sudeste asiático puede ser el presagio de lo que vendrá en otras partes del mundo si no se adoptan medidas contundentes contra el cambio climático. Este tipo de fenómenos extremos se están volviendo cada vez más comunes, y la ciencia ya no lo niega.

Es hora de actuar. El desastre de esta semana no puede quedarnos como “otro episodio más”. Debe convertirse en el detonante que impulse acciones regionales e internacionales para proteger la vida y el planeta.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press