Adicción silenciosa: El lado oscuro del cannabis en una era de legalización
Aunque cada vez más personas consumen marihuana a diario, son pocas las que reconocen su dependencia. ¿Qué está pasando con el cannabis en una sociedad que lo ha convertido en rutina?
La otra cara de la normalización
En un mundo en el que cada día más estados legalizan la marihuana, el consumo de cannabis ha dejado de ser visto como una conducta desviada y ha pasado a ser una rutina cotidiana. Sin embargo, el auge del consumo diario ha venido acompañado de una realidad menos visible pero tremendamente preocupante: cada vez más personas desarrollan una dependencia, y muchas de ellas no lo saben o no buscan ayuda.
Cifras que alertan
En 2022, cerca de 18 millones de personas en Estados Unidos reportaron usar cannabis todos los días o casi todos los días, una cifra que contrasta drásticamente con la menos de 1 millón que lo hacía hace tres décadas, según encuestas federales. De hecho, por primera vez, el consumo diario de marihuana superó al de alcohol.
El Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas (NIDA, por sus siglas en inglés) estima que alrededor del 30% de los usuarios de cannabis desarrollan trastorno por consumo de cannabis (CUD), una condición que implica un uso compulsivo del cannabis a pesar de sus consecuencias negativas en distintas áreas de la vida.
El mito de que no es adictiva
Muchos usuarios, especialmente jóvenes, siguen creyendo que no se puede ser adicto a la marihuana. Pero la ciencia muestra lo contrario. “Es una adicción real”, afirma la psiquiatra Smita Das, de la Universidad de Stanford. “No se trata solo de una costumbre; es una condición médica que puede requerir tratamiento”.
La doctora Jennifer Exo, de la Fundación Hazelden Betty Ford, va más allá: “El gran problema es que aún existe una narrativa dominante que dice que la marihuana es natural, benigna y segura, lo que impide a muchos reconocer que tienen un problema”.
Cannabis de alta potencia: la nueva norma
Uno de los mayores cambios en las últimas décadas ha sido la potencia del cannabis. En la década de 1960, el contenido promedio de THC —el compuesto psicoactivo de la planta— no superaba el 5%. Hoy en día, muchas variedades vendidas en dispensarios alcanzan niveles superiores al 40%, y los concentrados y cartuchos para vapeo pueden tener hasta un 95%.
Esto ha generado una nueva generación de consumidores expuestos a dosis significativamente más fuertes. “Ya no estamos hablando de un par de porros en una fiesta, estamos hablando de usuarios diarios de dabs y vapes con niveles altísimos de THC”, señala Exo.
Alta disponibilidad, mayor riesgo
El acceso más fácil también ha facilitado el abuso. Actualmente, 24 estados de EE. UU. permiten el uso recreativo del cannabis y 40 estados permiten su uso médico. Esto ha disparado las visitas a las salas de emergencia por intoxicación aguda por cannabis.
Un estudio realizado en Michigan encontró que la legalización recreativa se asoció con un aumento inmediato en las visitas a emergencias relacionadas con el cannabis en todas las edades. Los síntomas comunes incluyen paranoia, taquicardia, vómitos y ansiedad severa.
Historias de dependencia
El testimonio de Megan Feller, de 24 años, es representativo. Comenzó a consumir cannabis a los 16 años. Con el tiempo, pasó de fumar flores de cannabis a usar cartridges con extractos. Pronto, no podía comer ni levantarse de la cama sin antes fumar.
“Fumaba por la mañana para no vomitar”, relata. “No era por el ‘subidón’, era para no sentirme mal”. Tras varios intentos fallidos y la muerte de su madre, Megan buscó ayuda. Hoy lleva casi un año sin consumir y asegura sentirse libre. “Ya no estoy encadenada a una sustancia”, afirma.
Miguel Laboy, un hombre de 75 años, también enfrenta problemas similares. A pesar de sentirse motivado por dejar de consumir diariamente, reconoce que no puede empezar el día sin su porro. “No me gusta que mi primer pensamiento en el día sea el cannabis”, confiesa.
Adicción invisible en jóvenes universitarios
Kyle, estudiante de 20 años en Boston University, cuenta que comenzó a consumir para controlar sus crisis de ansiedad. Sin embargo, rápidamente, el consumo recreativo se convirtió en algo más profundo: “Ya no puedo calmar mis pensamientos si no estoy drogado. Me asusta”.
Describe el fenómeno de la “niebla cerebral” como una pérdida gradual de claridad mental y memoria: “Algunas mañanas me despierto y ni siquiera recuerdo lo que hice el día anterior”.
El sueño convertido en pesadilla
Anne Hassel, de 58 años, trabajaba como fisioterapeuta antes de renunciar para cumplir su “sueño” de trabajar en un dispensario. Pronto ese sueño se transformó en pesadilla: “Empecé a consumir concentrados con 90% de THC varias veces al día. Me volví apática, dejé de disfrutar las cosas. Me sentía vacía.”
Afirma que aunque no recibió tratamiento formal, una red de apoyo personal le ayudó a dejarlo. Hoy, viaja en su motocicleta verde, que antaño se llamaba “Sativa”. Ahora, dice, lo hace para reconectar con su cuerpo y espíritu.
Un espacio para hablar: r/leaves
La comunidad de Reddit r/leaves cuenta con más de 380.000 usuarios intentando dejar la marihuana. Muchos comparten historias similares: al principio, el cannabis les ayudó a lidiar con problemas, pero con el tiempo, se convirtió en otro problema más.
“Es una relación enredada”, comenta uno de los moderadores. “Empiezas usándolo para relajarte, y un día descubres que no puedes relajarte sin ello.”
Medicina sin guía puede ser peligrosa
El Dr. Jordan Tishler, especialista en cannabis medicinal indica que, si bien puede haber beneficios terapéuticos, estos deben ser administrados profesionalmente. “Bajas dosis de THC con CBD pueden ayudar en algunos casos, pero los productos del mercado están cargados de THC y nadie educa al respecto”, advierte.
El Dr. Kevin Hill, del Boston’s Beth Israel Deaconess Medical Center, señala la falta de educación como el mayor problema. “No se trata de prohibir, sino de informar. Hoy las personas consumen sin saber los riesgos”, afirma. Él enfatiza que la mayoría de las veces, los riesgos superan los beneficios.
¿Y ahora qué?
Con más personas desarrollando dependencia al cannabis, pero menos buscando tratamiento, la sociedad se enfrenta a un reto de salud pública silencioso. A medida que la industria del cannabis se expande, urge establecer controles, educación preventiva y acceso a tratamiento especializado.
Como bien concluye Feller: “Si estás cambiando tu vida por el cannabis... probablemente tengas un problema. Hay recursos. Y no estás solo.”
