Dan Driscoll: el inesperado arquitecto de la paz entre Ucrania y Rusia

De burócrata militar a negociador clave, el secretario del Ejército de EE.UU. lidera esfuerzos diplomáticos cruciales en una guerra sin fin

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Cuando alguien imagina quién podría liderar las delicadas negociaciones de paz entre Ucrania y Rusia, rara vez imaginaría el nombre de Dan Driscoll. Con 38 años, veterano de Irak y con trayectoria como capitalista de riesgo y burócrata militar, Driscoll ha sorprendido al mundo al convertirse, por designación de Donald Trump, en una pieza central en el tablero geopolítico más complejo del siglo XXI.

El ascenso inesperado de un outsider diplomático

Hasta hace poco, Driscoll se encontraba sumido en los asuntos internos del Ejército estadounidense, centrado en la reforma del reclutamiento y la adquisición ágil de drones tácticos. No obstante, el presidente Trump lo ha empoderado como su enviado especial en las negociaciones clave para dar fin a la guerra entre Rusia y Ucrania.

Su papel diplomático comenzó con una visita inicialmente técnica a Kiev, destinada a inspeccionar el uso ucraniano de drones. Sin embargo, tras una orden del propio Trump, Driscoll pasó a convertirse en negociador oficial, reuniéndose con el presidente Volodímir Zelenskyy en Ucrania y luego viajando a Abu Dabi para encarar simultáneamente conversaciones con representantes rusos.

¿Por qué Driscoll?

La elección de Driscoll ha generado escepticismo en círculos diplomáticos. “No había escuchado su nombre en negociaciones sobre Ucrania y Rusia”, expresó Max Bergmann, director del programa sobre Europa y Eurasia en el Center for Strategic and International Studies. Sin embargo, Bergmann también matiza la crítica señalando que la conexión de Driscoll con el vicepresidente JD Vance —su viejo amigo de la facultad de derecho en Yale— le proporciona un canal directo y potente de influencia política.

Este capital político, denominado informalmente como “jugoso acceso”, es crucial en cualquier contexto de negociación, pero más aún en un proceso caracterizado por múltiples fracasos previos y una brecha creciente entre bloques geopolíticos. Como dijo el ex embajador estadounidense en Polonia, Daniel Fried: “No necesitas ser el más experimentado si tienes el respaldo de quienes realmente toman decisiones.”

El bajo perfil y el currículum inesperado

Dan Driscoll no parecía estar en camino de convertirse en negociador internacional. Nacido en una familia modesta de Carolina del Norte, fue soldado en Irak, emprendió estudios de negocios y derecho, trabajó en firmas de capital de riesgo y fracasó en su intento por llegar al Congreso en 2020, obteniendo apenas el 8% de los votos en las primarias republicanas.

En su audiencia de confirmación ante el Senado, Driscoll dijo: “Mi trabajo será para los soldados, no para los generales.” Una frase que parecía limitarse a su rol en el Departamento del Ejército, pero que ahora resuena en otro nivel frente al conflicto europeo más sangriento desde la Segunda Guerra Mundial.

Una administración que rompe molde

No es sorpresa que la administración Trump esté probando fórmulas alternativas. La política exterior trumpista ha estado cargada de personalidades inesperadas y decisiones poco convencionales. El propio Secretario de Estado, Marco Rubio, ha acompañado los esfuerzos de Driscoll y del enviado especial Steve Witkoff, casando lo político con lo estratégico en una sincronicidad que, hasta ahora, parece estar dando frutos.

Trump ya ha declarado que el “Plan de Paz” está avanzando de forma considerable y ha encomendado a Driscoll continuar las tratativas con Ucrania, mientras que Witkoff partirá hacia Moscú para encuentros directos con Vladimir Putin.

¿Puede alguien sin experiencia diplomática lograr la paz?

Los acuerdos de paz rara vez descansan exclusivamente en el talento técnico. También dependen de la confianza política, la empatía hacia ambas partes y la capacidad de hacer concesiones importantes en momentos clave. Driscoll, quizás por su falta de antecedentes diplomáticos, puede permitirse cierta flexibilidad táctica.

Además, el hecho de que haya nacido de una familia militar —su padre combatió en Vietnam y su abuelo descifró códigos en la Segunda Guerra Mundial— le brinda un halo simbólico ante los combatientes ucranianos: el respeto a quienes defienden su patria. Una virtud que no pasó desapercibida para Zelenskyy, quien lo acogió calurosamente en su visita a Kiev.

La importancia de los símbolos: Zelenskyy, Ucrania y la narrativa de la resistencia

Durante la reunión, Driscoll comentó: “Incluso los soldados estadounidenses más experimentados nunca han tenido que defender su patria. Ustedes lo han hecho con extraordinaria valentía.” La frase, aunque simple, captura una dimensión emocional poderosa para el espíritu ucraniano.

Esa legitimidad que Driscoll concede puede ser más valiosa que horas de retórica geopolítica. En un conflicto donde las percepciones públicas y las narrativas internas son tan importantes como los despliegues militares, este tipo de declaraciones pueden suavizar las posturas y permitir avances concretos.

Pragmatismo y política: del entrenamiento en drones a la diplomacia en Abu Dabi

La experiencia de Driscoll analizaba, en principio, el uso de drones económicos y de producción rápida por parte de Kiev, algo crucial en la guerra moderna. Sin embargo, ese mismo perfil técnico le permite comprender con más profundidad las urgencias materiales del frente ucraniano.

En esa línea, Driscoll ha expresado que le preocupa que la asistencia futura de EE.UU. sea “útil, no simbólica.” En otras palabras, no se trata de enviar declaraciones de apoyo, sino herramientas tangibles para el combate, mientras dure.

Este enfoque pragmático es también el que lo ha llevado a abordar temas internos como el arrendamiento del campo de entrenamiento del Ejército en Hawái. Pese a la oposición de comunidades nativas hawaianas, Driscoll ha mostrado disposición al diálogo y a considerar alternativas que equilibren seguridad nacional y protección del medioambiente.

Un architecture político en surgimiento

El impacto de Driscoll en la diplomacia no solo redefine su imagen personal, sino que puede elevarlo como futuro actor político con alcance nacional. Su cercanía con JD Vance, su formación en Yale, su experiencia militar y su disposición pragmática lo posicionan como una figura emergente con posibles aspiraciones presidenciales, o como mínimo, de alto rango dentro del partido republicano.

Si logra, aunque sea parcialmente, consolidar una hoja de ruta para el fin del conflicto ucraniano —o incluso un cese al fuego prolongado— su nombre entrará inevitablemente en los libros de historia diplomática estadounidense.

¿Qué sigue para las negociaciones?

Por ahora, la siguiente fase incluye una serie de reuniones bilaterales y multilaterales en Ginebra y posiblemente Moscú. Witkoff tiene un encuentro agendado con Putin, mientras que Driscoll volverá a Kiev para presentar los ajustes al plan inicial tras las discusiones en Abu Dabi.

En esta etapa, la presión será máxima. Las elecciones en EE.UU. están a la vuelta de la esquina y Trump quiere presentar este esfuerzo como triunfo diplomático antes del proceso electoral. Para Ucrania, lograr concesiones significativas es imprescindible, pero sin ceder soberanía. Para Rusia, una salida honrosa parece cada vez más deseable ante la fatiga de guerra.

Y para Dan Driscoll, es la oportunidad de su vida.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press