El colapso de la confianza del consumidor en EE. UU.: ¿Una señal de alerta económica?
El impacto del cierre de gobierno, la inflación y un mercado laboral frágil está alimentando la incertidumbre económica en el consumidor estadounidense
Un noviembre sombrío para la confianza del consumidor
El mes de noviembre trajo consigo un fuerte golpe a la confianza del consumidor en Estados Unidos, según el último informe del Conference Board. El índice de confianza cayó a 88.7, desde un reajustado 95.5 en octubre, marcando la segunda cifra más baja registrada en 2023. Esta caída representa mucho más que un simple número: es un reflejo del ánimo de millones de estadounidenses ante un escenario económico incierto.
Las razones detrás de esta caída son múltiples: el reciente cierre parcial del gobierno federal, el estancamiento en la creación de empleo y una inflación persistente que sigue afectando los bolsillos de las familias. Todo esto tiene consecuencias tanto para el crecimiento económico como, potencialmente, para el panorama político del país.
El mercado laboral, bajo lupa
Una de las principales preocupaciones de los consumidores es la disponibilidad de empleo. La proporción de personas que considera que los trabajos son “abundantes” se redujo a 27.6% en noviembre, frente al 28.6% de octubre y un lejano 37% en diciembre del año anterior. En contraste, un 17.9% de los encuestados calificó el mercado laboral como restrictivo, señalando que “los empleos son difíciles de encontrar”.
De acuerdo con Thomas Simons, economista jefe de Jefferies Bank, estos indicadores son altamente fiables para predecir tendencias de contratación y desempleo: “Los datos del mercado laboral no están a punto de derrumbarse, pero claramente los riesgos a la baja se están acumulando”.
El fantasma de la inflación
La inflación se mantiene como uno de los temas dominantes en las preocupaciones del ciudadano común. Precios elevados en bienes de primera necesidad, gasolina, vivienda y servicios médicos han alimentado la percepción de una pérdida constante del poder adquisitivo.
Según Dana Peterson, economista jefa del Conference Board, las respuestas espontáneas de los consumidores indicaban cada vez más referencias a precios, inflación, política y el cierre del gobierno como los principales factores adversos a la economía.
Este sentimiento se reflejó también en las elecciones de este mes, donde el tema de la “asequibilidad” fue central. Si bien el crecimiento del PIB durante julio a septiembre fue sólido —estiman analistas que rondó un 3% anual durante ese trimestre— apuntan a que las cifras se debilitarán en los últimos meses del año.
¿Influye realmente la confianza en el consumo?
Históricamente, existe una relación entre confianza del consumidor y gasto, aunque esta no siempre es lineal. En los últimos años, el gasto de los consumidores ha mostrado resiliencia incluso cuando los indicadores de confianza iban en dirección opuesta. Sin embargo, los expertos advierten que “este desacoplamiento podría no mantenerse por mucho tiempo” si los factores estructurales no mejoran.
El reporte oficial señala: “A pesar de la disminución en la confianza, no se espera una caída abrupta del gasto en consumo, pero los riesgos continúan aumentando”.
Un escenario político complicado
Las implicancias de esta caída no son solo económicas. En el frente político, el informe resalta que la pérdida de confianza afecta a ciudadanos de todas las afiliaciones políticas, siendo especialmente marcada entre los independientes, un grupo clave en cualquier elección futura.
La administración del presidente Donald Trump ya había enfrentado críticas tras el anuncio de aranceles a principios de año, lo cual generó nerviosismo en los mercados bursátiles. La continuación de políticas fiscales y comerciales impredecibles, sumadas a episodios como el apagón legislativo de noviembre, podrían minar aún más la confianza en la gestión económica desde la Casa Blanca.
El efecto del cierre del gobierno
El cierre del gobierno —que se prolongó hasta el 12 de noviembre— tuvo un impacto directo en múltiples áreas de la economía. Millones de empleados federales se quedaron sin salario temporalmente, se suspendieron contratos y se generaron retrasos tanto en el transporte como en los servicios administrativos clave.
Estos efectos, aunque temporales, afectaron directamente la actividad económica de múltiples ciudades donde el gobierno federal es el principal empleador, como Washington D. C., y añadieron una capa de incertidumbre en el cierre del año.
Perspectivas para el consumo navideño
A pesar del pesimismo generalizado, algunos indicadores adelantados muestran que ciertos sectores —como el tecnológico y el de grandes almacenes— mantienen cierto optimismo de cara a la temporada navideña. Empresas como Best Buy incrementaron levemente su proyección de ventas hacia fin de año, apostando a compradores que seguirán gastando en bienes tecnológicos y utilitarios.
No obstante, otros analistas advierten que si las condiciones macro no mejoran rápidamente, es probable que las ventas minoristas se desaceleren de forma importante en los primeros meses de 2024.
Una mirada histórica: ¿cómo se compara esta caída?
Comparando con otros periodos turbulentos en la economía estadounidense, la actual caída en la confianza se asemeja a los niveles observados durante el inicio de la pandemia del COVID-19 en 2020 y la recesión financiera de 2008-2009. En ambas ocasiones, el índice de confianza cayó por debajo de los 90 puntos.
Mientras que en 2020, la causa fue una interrupción repentina de la economía global, y en 2008 una crisis bancaria, hoy la preocupación gira en torno a factores más estructurales y prolongados como la inflación persistente, los riesgos en el mercado laboral y un clima político fragmentado.
¿Qué podrían hacer las autoridades?
Desde una perspectiva de política económica, existen múltiples caminos para intentar restaurar la confianza:
- Relajar la política monetaria: La Reserva Federal podría pausar eventuales aumentos de tasas de interés.
- Impulsar estímulos fiscales: mediante subsidios focalizados o créditos fiscales dirigidos a la clase media.
- Estabilizar el discurso político: evitando más cierres de gobierno que ponen en jaque el funcionamiento del Estado.
- Políticas públicas antiinflacionarias: fortaleciendo el control de precios en rubros clave como medicamentos y vivienda.
Las elecciones de medio término en 2024 estarán marcadas por estos desafíos. ¿Será suficiente reactivar el optimismo de los votantes a tiempo?
Para muchos analistas, es imperativo que tanto republicanos como demócratas reconozcan que la respuesta al malestar económico no puede seguir siendo ideológica, sino pragmática. Como dijo Abraham Lincoln: “La mejor forma de predecir el futuro es crearlo”. Para los líderes de Estados Unidos, la tarea no es menor.
¿Estamos al borde de una recesión?
La pregunta que muchos se hacen es si estos indicadores son presagio de una próxima recesión. El consenso económico no estima una recesión formal inmediata, pero sí señala una desaceleración significativa en sectores clave. La interrogante es si esto será suficiente para erosionar aún más la confianza o si Estados Unidos logrará navegar este tramo de la economía sin mayores daños.
Como consumidores, votantes y ciudadanos, lo que ocurra en los próximos tres a seis meses será crucial para definir no solo el ritmo del crecimiento económico, sino también el ánimo del país en un año políticamente decisivo.
