El crudo invierno energético de Ucrania: cómo la guerra y el gas se entrelazan en una batalla silenciosa

Los ataques rusos a infraestructuras energéticas ucranianas han desatado una crisis sin precedentes. El país lucha por mantener el suministro de gas mientras negocia financiamientos internacionales bajo la amenaza del frío y la guerra.

Una ofensiva sobre la energía: el nuevo frente de la guerra rusa contra Ucrania

En medio de una guerra que ha dejado incontables víctimas y profundas cicatrices, Ucrania enfrenta otro tipo de bombardeo: un ataque estratégico a su infraestructura energética. Al centro de esta tormenta está Naftogaz, la compañía energética estatal de Ucrania, cuya capacidad gasífera ha sido un blanco predilecto de los misiles y drones rusos.

En octubre de 2024, un devastador asalto dejó en ruinas una planta de extracción de gas cuya ubicación exacta no puede revelarse por motivos de seguridad. El suelo que otrora era negro por sus características naturales, terminó oxidado y colorado por la intensidad del fuego. Los escombros de drones Shahed se esparcían por el lugar como evidencia de una guerra que se libra no sólo con armas, sino también con calculadas estrategias de presión económica y social.

“Maniaco terrorismo energético”: la lectura del CEO de Naftogaz

Serhii Koretskyi, director ejecutivo de Naftogaz, fue directo en sus declaraciones:

“La infraestructura de gas no tiene ninguna relación con funciones militares. La destrucción de instalaciones de extracción, transporte y almacenamiento sólo tiene un objetivo: un ataque terrorista maníaco para dejar a los ucranianos sin calefacción.”

Y es que para millones de ucranianos, el gas no es solo un recurso; es la diferencia entre la vida y la congelación durante inviernos brutales que pueden alcanzar los -20°C.

Una nación que produce, pero no puede utilizar

Antes de que la maquinaria bélica rusa apuntara sus misiles contra las instalaciones gasíferas, Ucrania producía anualmente unos 21 mil millones de metros cúbicos de gas, cubriendo así el grueso de su demanda interna. Sin embargo, los ataques en marzo y octubre de 2024 destrozaron severamente su capacidad extractora, obligándola a importar 4.4 mil millones de metros cúbicos adicionales para cubrir los meses más fríos.

¿El costo? Aproximadamente 2.000 millones de dólares, dinero que el país no tenía previsto gastar. Naftogaz ha logrado financiar el 70% de esta suma gracias a préstamos y donaciones de Europa, pero depende de negociar con entidades estadounidenses como la Corporación Financiera de Desarrollo Internacional y EXIM Bank para el 30% restante.

Importaciones que corren contra el reloj

El CEO de Naftogaz advirtió: “Ese dinero era necesario ayer. El proceso para comprar, transportar y bombear gas lleva tiempo, y el invierno ya está aquí.”

Actualmente, Ucrania está importando entre 25 y 30 millones de metros cúbicos de gas diarios, intentando evitar picos de demanda que puedan disparar los precios en toda Europa.

Tuberías calcinadas y fuego descontrolado

El ataque sobre las instalaciones de Naftogaz fue brutal. Varios misiles y drones atacaron simultáneamente, provocando incendios que abarcaron más de 100 metros. Las tuberías de transporte de gas quedaron retorcidas por la metralla, y los tanques de gas licuado explotaron uno a uno en una cadena aterradora.

“Después de la explosión, los tanques ardieron y explotaron, haciendo que las estructuras metálicas colapsaran y volaran por los aires”, relató Víctor, un empleado con 28 años de experiencia en la planta.

Un precio político: ¿deben los ucranianos pagar más por el gas?

Los ataques han forzado a Ucrania a depender de préstamos anuales para sobrevivir al invierno. Pero algunos expertos, como Yurii Vitrenko, ex CEO de Naftogaz, creen que esto es insostenible. Propone que el gobierno eleve los precios del gas para los sectores que pueden pagarlo.

Una encuesta de expertos indica que al menos el 30% de los ciudadanos ucranianos podría asumir tarifas de mercado si se les ofrece una ayuda compensatoria dirigida. Este sistema podría reducir el consumo y, por ende, la necesidad de importación.

Sin embargo, Koretskyi señaló que el gobierno de Volodymyr Zelenskyy ha decidido mantener las tarifas congeladas este invierno ante la presión social y un escándalo de corrupción energética que ha deteriorado la confianza pública.

Subsidios: un rompecabezas sin solución clara

Actualmente, el estado subsidia el 50% del costo real del gas para hogares, según un memorando con el Fondo Monetario Internacional publicado en julio de 2024. Esto genera un déficit estructural en Naftogaz que mina su viabilidad financiera y su operatividad.

Victoria Voytsitska, exparlamentaria y experta en energía, es tajante:

“Naftogaz sigue siendo rehén de la negativa del presidente a tomar medidas impopulares en tiempos de guerra.”

El gas: una pieza más del tablero diplomático

Esta crisis energética está influyendo también en las negociaciones de paz. Un alto funcionario ucraniano indicó que la situación energética se ha vuelto un punto clave en las conversaciones diplomáticas recientes, destacando:

“Es urgente resolver esto por lo que enfrentamos este invierno y por lo que representa en nuestra resistencia.”

Rusia, según analistas especializados, sabe que congelar el hogar de cada ucraniano puede ser más eficaz que ocupar un territorio. Es, en efecto, una nueva forma de guerra: la guerra del gas.

Mirando hacia adelante: ¿puede Ucrania recobrar su autonomía energética?

Los expertos sugieren que Ucrania puede reconstruir su capacidad interna de extracción, pero será un proceso de años, y dependerá de un flujo sostenido de inversión y de estabilidad institucional. Además, precisará un plan claro de reforma energética que incluya tarifas sostenibles, subsidios focalizados y una transición hacia energías renovables.

Mientras tanto, el ciudadano promedio sigue contando los días de gas que tiene su caldera encendida. Y en ese conteo, se juega no solo el confort, sino también el símbolo de independencia de una nación que, pese al bombardeo, sigue en pie.

“Tenemos lo que tenemos. Y debemos seguir trabajando.” – Víctor, empleado anónimo de Naftogaz.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press