El precio de explorar la naturaleza: una mirada crítica a las nuevas tarifas discriminatorias en los parques nacionales de EE.UU.
La nueva medida que cobra más a turistas extranjeros para entrar a parques icónicos como Yellowstone y Yosemite genera debate sobre exclusión, equidad y acceso a la naturaleza
Una decisión polémica: más allá del 'America First'
Desde enero próximo, los turistas internacionales que quieran disfrutar de los majestuosos paisajes del Gran Cañón, Yellowstone, Yosemite y otros parques nacionales de Estados Unidos necesitarán algo más que ganas de aventura: también deberán desembolsar un extra de $100 USD por encima de la tarifa regular. Así lo anunció recientemente el National Park Service, como parte de una nueva estrategia denominada —sin tapujos— “política de entrada America-first”.
Los residentes estadounidenses, en cambio, seguirán pagando $80 USD anuales por el pase a todos los parques nacionales, mientras que el nuevo costo para visitantes extranjeros será de unos $250 USD anuales. Además, los días de entrada gratuita —como el Día de los Veteranos— estarán disponibles únicamente para ciudadanos y residentes legales. No cabe duda: la naturaleza estadounidense tendrá fronteras más altas para los de fuera.
¿Justicia económica o exclusión institucionalizada?
La decisión, anunciada por el Secretario del Interior Doug Burgum, se justifica con argumentos económicos: asegurar que los ciudadanos estadounidenses obtengan un "acceso asequible" a los parques que sus impuestos financian, mientras que los turistas "contribuyen lo justo" al mantenimiento de estos espacios.
Sin embargo, la implementación de esta medida abre múltiples interrogantes:
- ¿Es esta una forma de afrontar los recortes presupuestarios del Servicio de Parques?
- ¿O estamos ante un gesto simbólico en lo que algunos analistas describen como un giro hacia el nacionalismo económico incluso en el acceso a bienes ambientales?
Para organizaciones como la National Parks Conservation Association (NPCA), esto representa una oportunidad perdida de diálogo. "Existen muchas preguntas sobre cómo se implementará esta medida y su impacto real”, afirmó la portavoz Kati Schmidt. La NPCA prevé reunirse con el Departamento del Interior para cuestionar la base ética y operativa de la medida.
Turismo internacional bajo la lupa
Las cifras de los últimos años muestran que el turismo internacional es vital para la economía vinculada a los parques. Según la U.S. Travel Association, en 2018 más de 14 millones de visitantes extranjeros recorrieron los parques nacionales de Estados Unidos, generando miles de millones en ingresos directos e indirectos. Restaurantes, hoteles, estaciones de servicio y guías turísticos dependen parcialmente de estos ingresos para sobrevivir.
Esta relación simbiótica corre el riesgo de entrar en desequilibrio. ¿Pagarán más los turistas internacionales o, en cambio, optarán por destinos alternativos en Canadá, Europa, Sudamérica o Asia, donde no existen estas barreras económicas? La respuesta se verá en la próxima década, pero muchos países ya están tomando nota del precedente.
El acceso a la naturaleza como derecho, no como privilegio
En 1916, el presidente Woodrow Wilson creó el Servicio de Parques Nacionales con la misión de proteger “los paisajes y objetos históricos y únicos del país, para el disfrute y educación de esta y futuras generaciones". A lo largo del siglo XX, los parques nacionales se consolidaron como el "mayor invento de Estados Unidos", como dijo algún día el cineasta y ambientalista Ken Burns.
Ese legado, sin embargo, se tensiona ante políticas que segregan el acceso en función de la nacionalidad. Grupos defensores de los derechos civiles y ambientales sostienen que esto contradice la intención universalista e inclusiva con la que fueron concebidas estas reservas naturales.
Días gratis, pero solo para unos pocos
Una de las aristas más controvertidas de la nueva normativa es que los “resident-only patriotic fee-free days” —o días gratuitos solo para residentes— excluirán totalmente a los turistas. Esto representa una erosión a la función educativa y de construcción de tolerancia cultural que muchos parques cumplían. Desde Grand Teton hasta Zion, estos espacios han sido puntos de encuentro entre culturas y nacionalidades, fomentando la empatía global a través de la contemplación del entorno.
Según Jennie Sager, directora ejecutiva de una ONG australiana, decisiones como esta están diseñadas para apaciguar a sindicatos y sectores conservadores en medio de recortes presupuestarios agresivos. “No se trata de sostener los parques. Se trata de enviar un mensaje político”, afirmó en declaraciones a Nature Conservancy Forum.
La paradoja de los parques: naturaleza financiada por impuestos vs. naturaleza para todos
Paradójicamente, muchos parques nacionales estadounidenses han sido restaurados y mantenidos gracias a recursos internacionales. Programas como los World Heritage Sites de la UNESCO han permitido canalizar fondos globales para la conservación de estas áreas. Incluso, muchas universidades extranjeras han realizado investigaciones científicas dentro de parques como Yellowstone, compartiendo datos que han beneficiado tanto a la biodiversidad como a los conocimientos ecológicos que hoy forman parte de políticas sostenibles locales.
¿Es justo entonces excluir o taxar en exceso a quienes ya han contribuido y continúan haciéndolo desde el extranjero?
Un precedente internacional peligroso
La decisión tomada por EE.UU. también podría motivar a otros países a aplicar tarifas diferenciales o días “nacionales” exclusivos. Podríamos estar ante una futura fragmentación del ecoturismo global, donde cada país proteja su patrimonio natural blindándolo frente al visitante extranjero, promoviendo una especie de proteccionismo ambiental que impediría la movilidad y el diálogo entre ecosistemas y culturas.
Ya hay casos similares en Tailandia (donde se cobra más a turistas extranjeros por acceder a parques y templos) o en India, donde los precios para turismo nacional e internacional en sitios históricos pueden variar hasta en un 300%. La política estadounidense podría legitimar estas prácticas y normalizar lo que algunos consideran una “ecosegregación económica”.
¿Solidaridad climática o xenofobia encubierta?
En tiempos de crisis climática global, donde la cooperación entre naciones es más necesaria que nunca, estas decisiones representan retrocesos en la construcción de una conciencia ecológica global. La solidaridad ambiental —nos dicen los expertos— requiere puentes, no muros. Para Naomi Oreskes, historiadora de ciencia en Harvard, medidas como esta solo fomentan el "econacionalismo”, donde los recursos naturales se ven como propiedad exclusiva de un país y no como parte del patrimonio planetario compartido.
¿Qué opciones quedan?
Organizaciones como Earthjustice y Center for Responsible Travel ya preparan campañas para presionar al Congreso a revisar y derogar estas políticas. En redes sociales, el hashtag #ParksForAll se ha viralizado entre ecoturistas y ambientalistas internacionales.
Persiste la esperanza de que el próximo ciclo presupuestario reconsidere la medida o al menos revise su alcance. Mientras tanto, el turista extranjero deberá asumir que visitar la icónica Old Faithful en Yellowstone o contemplar las paredes del Agassiz en el Cañón Bryce podría implicar un impacto significativo en su bolsillo, o simplemente, resignarse a no hacerlo.
La naturaleza debería unificar, no dividir. Pero cuando la política se inmiscuye entre árboles, montañas y cañones, ni los paisajes más majestuosos pueden escapar de las decisiones humanas.