México alza la voz: La lucha contra la violencia de género en la era Sheinbaum

A pesar de tener una presidenta por primera vez, las mexicanas siguen enfrentando una realidad cruda de violencia sistemática. ¿Qué significa realmente este cambio de liderazgo?

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Un día para alzar la voz

El 25 de noviembre, en conmemoración del Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, cientos de mujeres salieron a las calles de Ciudad de México. Vestidas con bandanas verdes y ropa morada, se unieron en una sola voz que clama por justicia, visibilidad y reformas reales. Sin embargo, detrás de los cánticos y pancartas hay una historia más profunda y alarmante.

La elección de Claudia Sheinbaum: ¿luz al final del túnel?

En 2024, Claudia Sheinbaum hizo historia al convertirse en la primera mujer presidenta de México. Su presidencia había generado esperanzas entre los colectivos feministas de que, por fin, habría un enfoque sensible y estructurado contra la violencia de género. Pero, según muchas manifestantes, esta esperanza aún no se convierte en práctica.

Una de ellas, Alin Rocha, maestra de 41 años, expresó durante la marcha: “Estoy aquí por mi abuela, por mi madre, por todas las mujeres que ya no están, por todas las que denuncian y no son escuchadas”.

Las cifras que estremecen

Hay muchos motivos por los que estas mujeres protestan. Según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en 2021:

  • 7 de cada 10 mujeres mexicanas mayores de 15 años han sufrido algún tipo de violencia a lo largo de su vida.
  • Casi la mitad de esta violencia ha sido de tipo sexual.
  • Cada día, en promedio, son asesinadas 11 mujeres en el país.

Estos números reflejan una epidemia social que ha permanecido en gran medida impune. Y aunque se aplauden reformas legales recientes, muchas activistas coinciden en que, como dijo Sheinbaum: “Cambiar las leyes no es suficiente, pero sí es necesario”.

Simbolismo vs. realidad

En un evento reciente en Palacio Nacional, Sheinbaum se reunió con los 32 gobernadores del país para revisar el progreso en materia legislativa sobre acoso sexual, con el objetivo de que todas las entidades federativas lo tipifiquen como delito. Sin embargo, Miriam González, doctora de 41 años, cuestiona el impacto real: “Aunque una mujer haya llegado a la presidencia, nada ha cambiado”.

Y es que la propia presidenta fue víctima de acoso este mismo mes —un hombre ebrio la tocó inapropiadamente mientras caminaba por el centro histórico— un recordatorio grotesco de los desafíos incluso para la mujer más poderosa del país.

El peso de la impunidad

Uno de los principales motores detrás de la rabia colectiva es el alto nivel de impunidad. De cada 100 denuncias por violencia sexual, menos del 10% llegan a una sentencia condenatoria. Esta cifra se agrava en zonas rurales, donde el acceso a la justicia es aún más limitado.

Los colectivos feministas señalan también a los cuerpos policiacos, muchos de ellos señalados por cometer agresiones o, en el mejor de los casos, minimizar las denuncias de las víctimas.

Reformas legales: ¿una solución viable?

Desde 2023, diversas entidades han aprobado legislaciones para penalizar el acoso callejero, abordar la violencia digital y establecer protocolos con perspectiva de género. Sin embargo, la implementación es otro cantar. Las expertas sostienen que los cambios deben ser acompañados de presupuesto adecuado, capacitación profesional y, sobre todo, voluntad política real.

Según cifras del CONAVIM (Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres), solo 14 de las 32 entidades han cumplido plenamente con estos requerimientos. El resto enfrenta demoras o resistencia institucional.

Una juventud que no se calla

No obstante, en este panorama sombrío hay un rayo de resiliencia: las nuevas generaciones de mujeres mexicanas. Jóvenes de entre 15 y 25 años han liderado protestas, colectivos estudiantiles, y movimientos como el Paro Nacional de Mujeres 2020, que paralizó a más de 10 millones de mujeres en todo el país.

Estos movimientos se nutren, muchas veces, en redes sociales como TikTok o Instagram, donde se viralizan casos de abuso y violencia, visibilizando lo que antes se ocultaba entre miedo y vergüenza.

La importancia del enfoque interseccional

Expertas como la socióloga Marcela Lagarde han advertido que toda estrategia contra la violencia de género debe ser interseccional. ¿Qué significa esto? Que se deben considerar las distintas realidades sociales: mujeres indígenas, afromexicanas, con discapacidad, migrantes o de la comunidad LGBT+ enfrentan formas de violencia específicas y acumulativas.

Por ejemplo, en comunidades indígenas del sur del país, casi el 90% de las mujeres vive múltiples violencias: de pareja, comunitaria, institucional y económica.

¿Y los hombres?

Una parte medular del reto está en la educación. Especialistas insisten en que sin la reeducación de los varones en nuevas masculinidades, será imposible erradicar la raíz del problema. Las escuelas mexicanas aún están lejos de impartir educación sexual integral con perspectiva de género.

Además, aún existe una cultura de silencio entre los hombres al presenciar comportamientos abusivos. Romper la complicidad masculina se plantea como uno de los grandes desafíos del siglo XXI.

El papel de los medios

Otro actor fundamental es el mediático. La revictimización en coberturas periodísticas sigue siendo común. Titulares como “Crimen pasional” o “Estaba sola en la noche” perpetúan estereotipos y culpan a las víctimas.

Sin embargo, medios independientes y periodistas feministas han comenzado a modificar estas narrativas, exigiendo un periodismo con enfoque de derechos humanos y responsabilidad social.

¿Qué sigue para México?

La lucha contra la violencia de género en México no se resolverá de la noche a la mañana. Requiere coordinación interinstitucional, educación integral y una cultura de prevención arraigada en valores de equidad.

Al final de la marcha, una joven tomó el micrófono y gritó: “No estamos todas, faltan las que nos han arrebatado”. Las demás respondieron al unísono: “¡Ni una más, ni una menos!”.

Ese grito, convertido en eco social, nos recuerda que si bien se ha avanzado, el camino hacia un país libre de violencia machista sigue siendo largo, y cada paso cuenta.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press