Morgan Geyser y el Crimen de Slender Man: ¿Redención o Repetición de un Ciclo Inquebrantable?
La adolescente que conmocionó al mundo con un ataque motivado por una leyenda urbana, y su reciente huida, despiertan serias preguntas sobre la salud mental, el sistema judicial juvenil y los límites de una segunda oportunidad
Una herida que no cierra
Morgan Geyser, la joven estadounidense que se hizo tristemente célebre en 2014 por apuñalar a una compañera de clase en Wisconsin junto a su amiga Anissa Weier para impresionar a una figura ficticia conocida como Slender Man, ha vuelto a los titulares. Pero esta vez no es por un nuevo crimen, sino por violar su libertad condicional y fugarse del estado que le ofreció una oportunidad de redención. La historia vuelve a conmocionar a una sociedad que no ha olvidado el caso, y plantea interrogantes profundos sobre salud mental, reinserción y nuestra capacidad para perdonar.
El crimen que nació de una pesadilla digital
Corría mayo del año 2014 cuando la noticia sacudió los medios de comunicación de Estados Unidos: dos niñas de 12 años, Morgan Geyser y Anissa Weier, planearon y ejecutaron un ataque brutal contra su amiga Payton Leutner, también de 12. La emboscaron en un parque en Waukesha, Wisconsin, y Geyser fue quien finalmente la apuñaló 19 veces. Milagrosamente, Leutner sobrevivió al ataque.
¿El motivo? Quisieron ganar el favor de Slender Man, un personaje sobrenatural ficticio que había surgido en foros de internet, especialmente en Creepypasta. Era una figura alta, sin rostro, vestida de traje negro, a menudo vinculada con la desaparición de niños. Aunque sabíamos que era un mito —una creación de Eric Knudsen en 2009—, la mitología en línea alrededor del personaje se volvió tan densa que estas dos niñas lo creyeron real.
Ambas adolescentes fueron examinadas psicológicamente. Se descubrió que Geyser sufría esquizofrenia precoz, una enfermedad mental severa. En 2017, fue sentenciada a 40 años en un hospital psiquiátrico estatal. Mientras tanto, Weier recibió una condena de 25 años.
Una segunda oportunidad... ¿arriesgada?
En septiembre de 2023, tras múltiples peticiones rechazadas, Morgan Geyser obtuvo libertad condicional bajo supervisión después de pasar casi una década en un hospital psiquiátrico. Fue instalada en una casa grupal en Madison, Wisconsin, bajo asistencia médica constante y monitoreo con GPS. Parecía el inicio de una nueva etapa.
Sin embargo, tan solo semanas después, Geyser cortó su dispositivo de localización y fugó junto a un acompañante de 43 años hacia Illinois. Fueron hallados por la policía durmiendo en una acera cerca de una estación de servicio en Posen, Illinois, el 19 de noviembre. El incidente generó un debate inmediato: ¿fue un fracaso del sistema judicial, del tratamiento psiquiátrico o simplemente un síntoma de que aún no estaba lista para reintegrarse?
Detalles de la fuga: un viaje sin rumbo fijo
De acuerdo con los reportes policiales y grabaciones de las cámaras corporales, Geyser y su acompañante mostraban señales de desorientación. Llevaban una mochila con efectos personales, incluyendo un cuaderno titulado “Guía de parejas sin hogar”, lo que dejaba entrever una planificación precaria.
Durante el interrogatorio, Geyser se mostró temerosa. Cuando un oficial le preguntó: “No eres buscada por asesinato, ¿verdad?”, ella respondió: “Hice algo realmente malo”. Se aferraba a un juguete de peluche, lo cual evocaba más una imagen infantil que la de una posible reincidente.
También manifestó su preocupación por su acompañante, insistiendo a los oficiales que ella no sabía su verdadero nombre. El acompañante, cuya identidad no ha sido divulgada y se ha identificado como una persona trans, podría enfrentar cargos menores, pero todavía no se le vincula oficialmente con la fuga.
¿Amor, dependencia o manipulación?
Según reportes de WKOW-TV, el acompañante afirmó que había conocido a Geyser en la iglesia y la veía todos los días. Afirmó que Morgan temía que las autoridades del hogar grupal prohibieran sus visitas, motivo por el cual decidió fugarse. “Ella huyó por mí”, declaró.
Relató además que Geyser le había contado todo sobre su pasado y que, lejos de juzgarla, le expresó: “No te odio. Claramente ya no eres esa persona. Estás tratando de cambiar, y eso es obvio”. Según sus palabras, la acompañó en su huida porque no creía que Morgan sobreviviera sola.
Este tipo de vínculos emocionales entre personas con trauma compartido o situaciones límite es conocido como trauma bonding, y ha sido estudiado por psiquiatras como una forma de codependencia emocional con potencial de recaída en conductas destructivas.
¿Debemos temerle otra vez?
Geyser ya ha aceptado su extradición a Wisconsin y las autoridades tienen 30 días para trasladarla de vuelta. Todavía se debate si su libertad condicional será revocada por completo o si enfrentará nuevos cargos.
Desde el punto de vista clínico, regresarla sin más a una institución mental no solucionaría los elementos sociales y emocionales que la llevaron a fugarse. Pero también existe una alarma evidente: muchos se preguntan si la sociedad está lista para permitirle una segunda oportunidad, o si ella es capaz de asimilarla de manera segura.
Según datos del National Institute of Mental Health (NIMH), uno de cada cinco jóvenes en EE.UU. tiene algún trastorno mental. Pero el caso de Geyser es extremo, pues combinó psicosis, presión social en la infancia e internet como amplificador alucinógeno.
Slender Man: un monstruo nacido en internet
El ícono digital de Slender Man se convirtió en un ejemplo temprano del poder de los mitos en redes. Su impacto salió de Reddit y Creepypasta para llegar a videojuegos (Slender: The Eight Pages) y películas como The Slender Man (2018). Pero en el caso de Geyser y Weier, representó una fijación malsana alimentada por un entorno sin suficientes controles adultos o diagnósticos psiquiátricos tempranos.
Una encuesta realizada por el Pew Research Center en 2014 reveló que el 92% de los adolescentes están conectados todos los días a internet, y el 24% dice estar “en línea constantemente.” El caso de Slender Man subraya la necesidad de vigilancia parental y educación emocional.
¿Hasta qué punto puede sanar una mente rota a los 12 años?
La historia de Morgan Geyser nos obliga a repensar los conceptos de culpabilidad e inocencia cuando se trata de personas con graves trastornos mentales desde temprana edad. ¿Podemos, como sociedad, confiar en que los sistemas actuales de salud mental y justicia rehabilitan verdaderamente?
Casos como el suyo pueden marcar generaciones, tanto para su víctima, Payton Leutner (quien logró superar el ataque y ofrecer entrevistas años más tarde), como para las familias que observan con incertidumbre si otras Morgans podrían estar creciendo sin atención.
Muchos en Wisconsin y otros Estados aún se debaten entre el deseo de justicia restaurativa y el miedo ante una posible reincidencia. En un país donde más del 43% de los presos tienen alguna condición mental diagnosticada según el Bureau of Justice Statistics, la historia de Geyser no es la única, pero sí de las más emblemáticas por haber comenzado con tan solo 12 años.
