Rodrigo Paz y el giro económico de Bolivia: ¿una nueva era o riesgos calculados?

El nuevo presidente boliviano promete dinamizar la economía eliminando impuestos controversiales y recortando el gasto público, pero mantiene subsidios clave. Analizamos el alcance de estas reformas y lo que podrían significar a corto y largo plazo.

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Un presidente conservador en el Palacio Quemado

Por primera vez en casi dos décadas, Bolivia tiene un presidente conservador: Rodrigo Paz. En una nación marcada, hasta hace poco, por el dominio político del partido Movimiento al Socialismo (MAS), liderado por Evo Morales y luego Luis Arce, el viraje ideológico no es menor. Sin embargo, el discurso de Paz no apunta al choque frontal. Al contrario, intenta sembrar certezas en medio de la peor crisis económica que ha visto Bolivia en los últimos 40 años.

En solo dos semanas en el cargo, Paz anunció medidas que han generado tanto entusiasmo como controversia: eliminación de impuestos clave, un objetivo de recorte del 30% del gasto público para 2026 y una política exterior más abierta al mundo. El enfoque es claro: atraer inversión, restaurar la confianza y poner fin a los déficits galopantes que heredó del MAS.

Impuestos bajo la lupa: adiós al impuesto a la riqueza y al gravamen bancario

Dos tributos fundamentales instaurados durante el gobierno anterior están en el punto de mira del nuevo mandatario:

  • El impuesto a la riqueza, que según Paz "ha frenado el crecimiento e inhibido miles de millones de dólares en inversión".
  • El impuesto del 0.3% a las transacciones bancarias, que fomentó, en palabras del presidente, "la economía del colchón" al disuadir a muchos ciudadanos de usar el sistema financiero formal.

Estas reformas han sido bien recibidas por líderes empresariales, quienes califican esta nueva etapa como "el fin de la persecución al sector privado". Klaus Freking, representante de la Cámara Agropecuaria de Bolivia, afirmó que se está recuperando "el principio de seguridad jurídica que tanto necesitamos para invertir".

Recorte del gasto público: ¿es factible un recorte del 30%?

Una promesa tan audaz como potencialmente riesgosa es el plan de reducir el gasto estatal en un 30% para 2026. Si bien los detalles aún no se han concretado, se anticipa que Paz buscará eliminar programas ineficientes y reducir la burocracia acumulada en años de gasto expansivo. Sin embargo, analistas advierten que un ajuste fiscal de tal magnitud podría tener efectos adversos en áreas sensibles como salud, educación e infraestructura.

Gonzalo Chávez, economista boliviano, explicó: “El presidente empieza con buen pie en cuanto a recuperación de inversiones, pero aún no enfrenta los problemas de fondo, como la distorsión del tipo de cambio o la sostenibilidad de los subsidios energéticos”.

Subsidios a los combustibles y tipo de cambio fijo: tabúes intocables

Paz decidió mantener intactas dos piedras angulares del modelo económico instaurado por el MAS:

  • Los subsidios a la gasolina, que mantienen uno de los precios del combustible más bajos del mundo.
  • El tipo de cambio fijo, que ha generado distorsiones importantes debido a la escasez de dólares en el país y la pérdida de reservas internacionales.

La supervivencia de estas medidas responde al temor del gobierno de cortar súbitamente beneficios percibidos por la población como derechos adquiridos. Además, cualquier eliminación abrupta podría provocar protestas sociales, una llamada que ningún presidente boliviano olvida.

Recuperación de la credibilidad y apertura internacional

Una de las transformaciones más notables ha sido la reactivación de las relaciones diplomáticas con Estados Unidos. Tras años de tensiones iniciadas por Morales (quien expulsó la DEA en 2008 y estrechó lazos con Irán, Venezuela y Rusia), la nueva administración optó por un acercamiento estratégico. En tan solo días, se firmaron acuerdos de cooperación nuclear y asistencia en seguridad.

Además, Bolivia otorgó por fin licencia de operación a Starlink, el sistema satelital de internet perteneciente a Elon Musk, lo cual marca un giro tecnológico importante en zonas rurales donde la conectividad es mínima.

Deuda externa: entre salvavidas financieros y dependencia

Para financiar la transición, el gobierno ha empezado a solicitar créditos multilaterales. Hasta ahora, se ha aprobado un préstamo de $3,100 millones por parte de la CAF (Banco de Desarrollo de América Latina), de los cuales $550 millones ya fueron liberados. El ministro de Economía, José Gabriel Espinoza, estima la necesidad de obtener hasta $9,000 millones para tapar el déficit fiscal en los próximos tres años.

Esta apuesta, sin embargo, no está exenta de riesgo. Analistas advierten sobre la necesidad de condiciones sostenibles para los préstamos multilaterales y de evitar la dependencia de deuda como principal herramienta de sobrevivencia presupuestaria.

Primeros signos de alivio económico

La Nación ha comenzado a experimentar mejoras visibles. Las largas filas en estaciones de gasolina, que se convirtieron en símbolo del caos económico de 2023, han disminuido gracias a nuevas importaciones pactadas por el gobierno. Además, los bonos soberanos bolivianos han recuperado parte de su valor en los mercados, como reflejo de una confianza creciente en la nueva administración.

Asimismo, el boliviano —la moneda nacional— ha dejado de caer ante el dólar en el mercado paralelo, una señal de leve recuperación monetaria.

Comparaciones inevitables: ¿nuevo neoliberalismo o pragmatismo fiscal?

El tono moderado de Paz evita el radicalismo neoliberal de los años 90, pero su enfoque de mercado y de recorte de impuestos recuerda a ese periodo. La clave está en el enfoque gradual, lo cual difiere completamente de los ajustes abruptos que traumatizaron a generaciones anteriores, especialmente el plan de estabilización de 1985 con su "shock económico".

En palabras del propio Paz: “Estamos dando las primeras señales de seguridad que el país requiere, pavimentando el camino para la actividad económica”.

¿Solo una reforma contable o el inicio de una transformación cultural?

Las medidas anunciadas por Rodrigo Paz no son únicamente económicas. También apuntan a reconfigurar el concepto de rol del Estado y su relación con el ciudadano. Mientras sus partidarios celebran el final de lo que llaman “populismo económico”, sus detractores temen una retirada del Estado de espacios donde todavía se requiere protección social fuerte.

El punto de equilibrio aún está por definirse. ¿Podrá Paz mantener su popularidad mientras recorta gasto? ¿Logrará atraer suficiente inversión sin tocar subsidios esenciales? ¿Será capaz de reformar el aparato estatal sin provocar un estallido social?

Solo el tiempo lo dirá. Por lo pronto, el ojo está puesto en Bolivia. Y el país, en una vez más, vuelve a ser el epicentro de un intenso debate ideológico y económico en América Latina.

“El gobierno está apostando a recuperar la confianza de los mercados sin perder la paz social. Es una soga floja, pero no imposible de cruzar”, concluye el analista Gonzalo Chávez.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press