El laberinto de la lactancia en Oregon: burocracia, inequidad y el reto de cuidar a las madres
Aunque leyes recientes buscan ampliar el acceso a doulas y consultoras de lactancia, los problemas de facturación hacen insostenible su trabajo para muchas profesionales de la salud perinatal
Una oportunidad que terminó en frustración: la historia de Beth Waters
En 2020, Beth Waters estaba lista para transformar el acceso a la atención perinatal en Oregon. Después de años facilitando grupos de apoyo a la lactancia y formándose como consultora certificada, fundó una organización sin fines de lucro para ayudar a madres, especialmente de bajos recursos, a amamantar. Las políticas del estado parecían alineadas con su propósito: ese mismo año, Oregon permitió que las consultoras de lactancia pudieran facturar sus servicios a Medicaid.
Pero en la práctica, Waters se topó con la burocracia y un sistema de facturación plagado de inconsistencias. Aunque sus servicios eran elegibles, las reclamaciones eran rechazadas con frecuencia por las organizaciones que administraban Medicaid a nivel local. Como no quería cobrar a las familias necesitadas, su modelo se volvió insostenible. Dos años después, tuvo que cerrar su organización.
Nuevas leyes, viejos problemas
Oregon es pionero en políticas para ampliar el acceso a servicios de apoyo al nacimiento. En 2014, abrió Medicaid para doulas. En 2020, hizo lo mismo para consultoras de lactancia. Sin embargo, el acceso en papel no garantiza atención en realidad. Doulas y consultoras denuncian que sus solicitudes de pago son rechazadas o pagadas con largos retrasos, lo que provoca agotamiento, abandono del sector y una baja sostenibilidad general.
Un estudio de la Oregon Doula Association en 2018 y otro más reciente en 2025 destacaron estos mismos problemas administrativos. A pesar de múltiples advertencias a la Oregon Health Authority (OHA), las soluciones concretas siguen sin implementarse.
“Estamos realmente intentando salvar vidas”, afirma Asia Rubio, consultora de lactancia de Sacred Roots, una red de apoyo para familias negras y multiétnicas en Portland.
Facturas rechazadas por el género del bebé
Uno de los casos más absurdos lo vivió Waters con CareOregon, uno de los mayores proveedores de Medicaid en el estado. Docenas de sus reclamaciones fueron rechazadas bajo el argumento de que los bebés eran varones, y por tanto, no podían recibir "servicios de lactancia".
Waters quedó atónita. Trató de resolverlo con CareOregon y la OHA, pero las negativas continuaron durante seis meses. CareOregon luego reconoció que había sido un “error del sistema” y que las solicitudes debían presentarse bajo el nombre de la madre. Aun así, Waters no sabía si esas reclamaciones pendientes serían finalmente pagadas.
Realidades socioeconómicas y raciales alarmantes
La situación de las doulas y consultoras de lactancia no solo afecta a las trabajadoras, sino también a las comunidades que más las necesitan:
- Las mujeres negras e indígenas tienen las tasas más bajas de lactancia en EE.UU.
- Tienen también un mayor riesgo de mortalidad materna e infantil.
- Los servicios de apoyo perinatal son escasos o inadecuados en muchas zonas rurales y comunidades minoritarias.
Rubio, una de las pocas consultoras de lactancia negras en Oregon, recuerda su experiencia personal cuando su hija recién nacida no podía “agarrarse” adecuadamente al pecho. Su familia, sin formación en lactancia, le sugería simplemente renunciar y usar fórmula. El resultado fue una profunda sensación de fracaso.
Gracias al apoyo recibido, Rubio se convirtió en consultora para ayudar a otras mujeres negras como ella, que a menudo no reciben orientación en los hospitales ni en sus comunidades.
Las soluciones que se intentan, y por qué aún no funcionan
En teoría, Oregon tiene una sólida estructura legal para impulsar estos cuidados:
- Desde 2025, una nueva ley obliga a que los seguros privados cubran los servicios de doulas prenatales y posparto.
- La ley incluye $1 millón en subvenciones para organizaciones comunitarias y tribales.
- Se amplía el número de horas que Medicaid cubrirá para servicios de lactancia y parto.
Sin embargo, los profesionales denuncian que la implementación es mínima. “No es una realidad hasta que la gente pueda contratar con las organizaciones de atención gestionada y recibir pagos efectivos”, dijo Waters.
Los duplicados confusos de certificación
Otro intento de ampliar el acceso fue la creación de nuevas certificaciones para trabajadores de lactancia, que requerían menos formación que una consultora certificada. La idea era aumentar la diversidad y el número de proveedores.
Pero los críticos, incluyendo la propia Rubio, señalan que estas nuevas certificaciones no permiten facturar a Medicaid ni a aseguradoras privadas. Es decir, se forman profesionales que no pueden cobrar. Eso limita su alcance y hace que muchos abandonen la formación antes de empezar.
Un sistema caótico: “el viejo oeste” de la atención perinatal
Katie Minich, doula y candidata a grado de posgrado, puntualiza que el problema no es solo certificar más profesionales, sino mantenerlos. “Lo difícil no es formar trabajadores en nacimiento, sino hacer que se queden”.
Ella describe el sistema como “el viejo oeste”, sin normas claras, con inconsistencias entre organizaciones locales, y con un caos que desgasta a todas las partes. “Si hubiera una manera estandarizada y rápida de facturar Medicaid, el bienestar de muchas personas estaría por las nubes”.
Agotamiento administrativo y soluciones comunitarias
El cansancio es profundo. Cre’shea Hilton, doula y responsable de facturación en su agencia Pacific Northwest Doulas, la cierra este año. “El sistema de seguros es una gran parte de ese agotamiento. Te hace sentir como si no fueras capaz”.
Algunas iniciativas han intentado solventar el problema con enfoques colectivos. En agencias como la de Hilton, una persona se encargaba de facturar para todo el equipo. Las consultoras de lactancia, sin embargo, tienen pocos centros similares y dependen de sus propios recursos o de procesos complejos con empresas facturadoras nacionales.
Otras, como Sacred Roots o Doulas Latinas International, trabajan de manera voluntaria o con pequeñas subvenciones para ofrecer servicios gratuitos a inmigrantes, refugiados y comunidades racializadas. Pero sin apoyo estructural ni financiamiento estable, es imposible escalar estos modelos.
Mirando al futuro: ¿hay esperanza?
Los legisladores como la senadora Lisa Reynolds ya trabajan en reformular las certificaciones y buscar un camino más claro para que las doulas puedan facturar servicios de lactancia. Una nueva legislación espera presentarse en la próxima sesión legislativa.
“Creo que esta ley fue transformadora”, dijo Reynolds. “Ahora se trata de ajustarla para que funcione como se pensó”.
Dana Hepper, del Children’s Institute, admitió errores: “Hubo ingenuidad de nuestra parte al pensar que bastaba lo aprobado. No fue un enfoque integral como ahora recomendaría hacer a quienes diseñan políticas”.
Mientras tanto, muchas trabajadoras ya han cerrado sus puertas. Otras, como Rubio y Waters, siguen persistiendo, aunque saben que la pasión no paga las cuentas.
Una solución silenciosa que grita por ser escuchada
En medio de un sistema fragmentado, las doulas y consultoras de lactancia son vistas por expertos como aliados esenciales para enfrentar urgencias como la mortalidad materna, problemas de salud mental y la baja tasa de lactancia. Organismos como el Maternal Mortality and Morbidity Review Committee de Oregon han afirmado que ampliar su acceso debe ser una estrategia de salud pública prioritaria.
Sin embargo, como apunta claramente Rubio:
“Una cosa es amar tu trabajo. Otra muy distinta es hacerlo gratis mientras el sistema te ignora.”
La salud materna en Oregon depende de si el estado logra escuchar estas voces y transformar la burocracia en un acceso real y justo.