El nuevo precio de la gasolina en Irán: ¿reforma necesaria o chispa de descontento social?

Irán introduce un tercer nivel tarifario para el combustible en un intento de frenar el consumo y aliviar el gasto estatal, pero ¿será esta decisión el preludio de protestas como en 2019?

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Una nueva capa en el sistema de subsidios iraní

El gobierno iraní ha anunciado una modificación significativa en su complejo sistema de subsidios a la gasolina que entrará en vigor el 6 de diciembre. Esta medida introduce un tercer nivel de precios para el combustible, afectando directamente a millones de conductores en el país. El objetivo declarado por Teherán es claro: reducir el consumo excesivo y aliviar la presión fiscal del Estado. Sin embargo, el anuncio ha generado una ola de incertidumbre sobre el impacto en el costo de vida y la posible reacción social ante esta reforma.

¿Cuánto costará llenar el tanque a partir de diciembre?

El nuevo sistema mantendrá los 60 litros mensuales subsidiados por vehículo al precio de 15,000 riales por litro (alrededor de 1 centavo de dólar al tipo de cambio del mercado negro). Después de ese límite, los conductores podrán comprar 100 litros adicionales a un precio intermedio de 30,000 riales. Pero el verdadero cambio está en el consumo más allá de los 160 litros mensuales, que ahora se cobrará a 50,000 riales por litro.

Este nuevo precio representa el costo al que hasta ahora solo podían acceder los iraníes mediante las tarjetas no oficiales que algunos operadores de gasolina mantenían bajo discreción. Con la formalización de este nivel superior, el gobierno busca cerrar “canales informales de venta” y aumentar la transparencia.

Revisiones trimestrales: ¿camino hacia un precio de mercado?

Otro aspecto clave del nuevo plan es la revisión tarifaria cada tres meses, lo que permitiría al gobierno ajustar los precios según criterios de inflación, demanda y presiones presupuestarias. Aunque los funcionarios no han anunciado aumentos inmediatos adicionales, esta facultad introduce un elemento de incertidumbre constante para los ciudadanos.

Esta política recuerda, peligrosamente según algunos analistas, a la dramática reforma de precios de noviembre de 2019, cuando el gobierno incrementó el precio del combustible en un 50% y el costo fuera del cupo en un impactante 300%. Aquello desembocó en una serie de protestas masivas que costaron la vida a centenares de iraníes, en una de las represiones más severas del país desde la Revolución Islámica.

Un subsidio costoso: ¿cuánto le cuesta al Estado iraní la gasolina barata?

Según economistas cercanos al gobierno, el precio actual del combustible, incluso a 50,000 riales, está por debajo del costo real de producción y distribución. Estimaciones indican que el proceso de extracción, refinación y logística encarece la gasolina hasta los 100,000 o incluso 150,000 riales por litro.

Esto significa que el Estado estaría asumiendo pérdidas multimillonarias anualmente para sostener los subsidios, un lujo cada vez más difícil de mantener en un país golpeado por las sanciones internacionales, la devaluación del rial y una inflación de más del 40%.

La desigualdad en la distribución: autos múltiples y nuevos sin cuota

En el corazón de la reforma también hay un intento de mitigar la percepción de injusticia. Por ejemplo, quienes posean más de un automóvil solo recibirán tarjeta de gasolina subsidiada para uno de ellos. Además, los autos nuevos que se vendan a partir del 6 de diciembre no vendrán con una cuota inicial de combustible.

Medidas como esta, según el gobierno, buscan evitar que los sectores más acomodados acumulen ventajas injustas en la obtención de gasolina barata. Sin embargo, también existe el riesgo de ahogar aún más el ya frágil sector automotriz persa, dominado por marcas locales poco eficientes.

¿Cómo afecta esta medida al ciudadano común?

El impacto a nivel individual puede ser significativo. Un ciudadano que utilice su vehículo diariamente para trabajar o transportar mercancías podría fácilmente consumir más de 160 litros mensuales. Esto significa que cada litro extra costará más del triple en comparación con el subsidio base.

Para muchos trabajadores y pequeños comerciantes, este incremento puede traducirse en una subida directa de sus costos operativos, lo que podría a su vez trasladarse a precios más altos en bienes y servicios para el conjunto de la población.

Parvaneh, una taxista en Teherán, expresó su preocupación en una entrevista con el diario local Shargh: “Mis ingresos apenas alcanzan. Si tengo que pagar gasolina a 50,000 riales por litro, tendré que elegir entre llenar el tanque o comprar comida”.

El elefante en la sala: vehículos ineficientes y gasolina de baja calidad

Uno de los grandes desafíos para los iraníes es la imposibilidad práctica de consumir menos gasolina. La mayoría de los vehículos producidos localmente por empresas como Iran Khodro y Saipa tienen altos niveles de consumo por la falta de innovación tecnológica y estándares ambientales laxos.

Además, la propia calidad de la gasolina iraní ha sido cuestionada durante años. Según datos recopilados por Iran International Newsroom, buena parte del combustible refinado internamente tiene una calificación de octanaje inferior a 85, muy por debajo del estándar europeo de 95 o superior.

Esto no solo aumenta el consumo de combustible por parte de los vehículos, sino que también incrementa el desgaste de los motores y las emisiones ambientales. En este contexto, las llamadas del gobierno a “reducir el consumo” suenan, para muchos, como una exigencia irreal.

¿Se repetirá la historia de 2019?

La memoria colectiva iraní aún no ha olvidado las sangrientas manifestaciones de hace cuatro años. En esa ocasión, el gobierno elevó los precios de la gasolina con escasa anticipación y sin ofrecer redes de protección social, generando una explosión de rabia popular.

Aunque ahora las autoridades han adoptado un enfoque más gradual —y están comunicando con antelación los detalles—, la tensión en la sociedad es palpable. Algunos activistas han comenzado a difundir llamados a protestas a través de canales alternativos como Telegram y Signal, dado que muchas redes sociales están bloqueadas en el país.

El gobierno, por su parte, asegura que esta vez la medida está “planificada y monitoreada”. No obstante, las condiciones económicas actuales —salarios estancados, inflación creciente y poco acceso al crédito— hacen del escenario social una bomba de tiempo.

Subsidios, petróleo y geopolítica: un equilibrio inestable

También es importante entender este cambio dentro del contexto global. Irán posee las cuartas mayores reservas de petróleo del mundo. Sin embargo, las sanciones internacionales han limitado cada vez más su capacidad para exportar crudo y obtener divisas.

Esto hace que su modelo de uso interno de hidrocarburos subsidiados sea más insostenible. Muchos expertos lo comparan con la Venezuela de los años 2000, donde se vendía gasolina a precios artificialmente bajos hasta que el sistema colapsó.

Con el precio del petróleo fluctuando y acuerdos de exportación restringidos, Teherán tiene que elegir entre seguir subsidiando el consumo interno o reforzar su inversión en infraestructura básica. Y ha elegido lo segundo… al menos por ahora.

¿Qué sigue para el ciudadano iraní?

La verdadera prueba llegará en las próximas semanas. Si esta reforma se implementa con acompañamiento social, salarios indexados y una evolución tecnológica en el parque automotor, podría marcar el inicio de una transición hacia una economía más sostenible.

Pero si no se aborda con sensibilidad y medidas de compensación, existe el riesgo palpable de protestas masivas, agitación social e incluso desobediencia civil. Como bien dijo un analista económico en la cadena BBC Persia: “Cuando se toca el combustible, se toca el alma de Irán”.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press