Elecciones en Honduras: entre la desafección ciudadana y las promesas vacías

Con alta migración, desconfianza en los políticos y señales de crisis democrática, Honduras se encamina a unas elecciones marcadas por el desencanto

Por: Redacción

Una nación que sobrevive con promesas rotas

En el corazón de Tegucigalpa, Amanda Durón García, una mujer de 57 años que sobrevive vendiendo refrescos y golosinas en la universidad nacional, encarna el drama cotidiano de millones en Honduras. "Los políticos solo quieren el poder para hacerse ricos; el pueblo es lo que menos les importa", confiesa. Ella y su madre sobreviven con apenas 7 dólares al día, en un país que ha probado gobiernos de derecha e izquierda sin ver mejoras sustanciales.

¿Y ahora qué? Las elecciones del desencanto

Este domingo, Honduras celebrará elecciones presidenciales en un ambiente de profunda apatía. Después de décadas de gobierno del Partido Nacional, corrompido y con su último presidente encarcelado en EE. UU., los hondureños eligieron en 2021 a Xiomara Castro del partido Libre, de tinte socialista. Aunque hubo avances en índices como la tasa de homicidios más baja en 30 años y cierta estabilidad fiscal celebrada incluso por el FMI, la gran mayoría de hondureños como Amanda no sienten estos cambios en su mesa ni en su bolsillo.

La inflación sigue golpeando con fuerza, manteniéndose entre el 4% y 5% anual desde 2022, encareciendo la vida diaria para una población ya empobrecida. La migración sigue siendo la válvula de escape: uno de los hijos de Amanda emigró hace tres años a Estados Unidos y ahora vive bajo la sombra de la deportación.

Los candidatos: los mismos discursos, otro envoltorio

Los tres principales candidatos para estas elecciones representan viejas fórmulas con nuevos lemas. Rixi Moncada, de 60 años y exministra de Finanzas y Defensa de Castro, es la heredera del proyecto Libre. Su discurso gira en torno a la "democratización" económica, abogando por una mayor progresividad fiscal y acceso al crédito.

Salvador Nasralla, de 72 años, es un aspirante perpetuo que vuelve a intentarlo, esta vez por el Partido Liberal. Famoso como figura televisiva y con varias alianzas partidarias en su historial, se presenta como paladín contra la corrupción, aunque muchos dudan de su coherencia política.

Nasry "Tito" Asfura, de 67 años, del Partido Nacional, exalcalde de Tegucigalpa y constructor de obras públicas, vuelve al ruedo a pesar de haber sido acusado antes de malversación de fondos, cargos que él niega.

Un sistema electoral bajo sospecha antes de arrancar

Todos los candidatos, sin excepción, lanzaron acusaciones preventivas de fraude electoral. Moncada, por ejemplo, ya adelantó que no reconocerá los resultados preliminares, cuestionando el sistema usado por el Consejo Nacional Electoral.

La Organización de Estados Americanos (OEA) ha expresado preocupación por el entorno de desconfianza creado por los propios aspirantes. "Todos han hablado de fraude", subrayó Ana María Méndez Dardón, directora para Centroamérica de WOLA. Esta narrativa generalizada erosiona la credibilidad del proceso antes de que comience.

Castro, entre el pragmatismo y la militarización

Cuando Xiomara Castro asumió el poder en enero de 2022, prometió acabar con la militarización de la seguridad interna. Sin embargo, a fines de ese mismo año estableció un estado de excepción para enfrentar la violencia pandillera, delegando nuevamente funciones a las Fuerzas Armadas.

Gracias a ello —y también a una migración de las estructuras criminales a zonas rurales—, Honduras alcanzó en 2023 su menor tasa de homicidios en tres décadas. Según el Observatorio Nacional de la Violencia, este año cerró con 31 homicidios por cada 100,000 habitantes, cifra aún alta, pero inferior a los escalofriantes 86 por cada 100,000 registrados en 2011.

Sin embargo, expertos como Migdonia Ayestas criticaron el estado de excepción: "No se necesita suspender derechos constitucionales, se necesita una política pública de seguridad y justicia sostenida".

Corrupción y escepticismo: el círculo vicioso

La percepción de que la política en Honduras gira en torno al lucro personal alimenta la apatía del electorado. Según encuestas realizadas por CESPAD, el 68% de los hondureños considera que los políticos solo buscan enriquecerse.

“Nos prometieron seguridad y las cosas ahora están peor”, asegura Leydi Coello, una ama de casa de Tegucigalpa que ha sido robada múltiples veces. Votará, pero sin esperanza.

¿Influencia externa? El factor Trump

El clima electoral hondureño ha cruzado fronteras. Esta semana, el expresidente Donald Trump intervino públicamente respaldando a Tito Asfura y acusó a Moncada y Nasralla de tener vínculos con el comunismo. "El único verdadero amigo de la libertad en Honduras es Tito Asfura", dijo el expresidente estadounidense en sus redes sociales.

Esto generó sorpresa, a pesar del trato pragmático de Castro con la administración Trump. Visitas de altos funcionarios estadounidenses en 2023, como Kristi Noem o la Gral. Laura Richardson, confirmaron una relación bilateral estable. Incluso Honduras colaboró en la deportación de migrantes venezolanos a través de su territorio, según indicó el centro CEPR.

Jake Johnston, del CEPR, resumió que el gobierno hondureño “ha hecho esfuerzos extraordinarios para mantener relaciones amistosas con la administración Trump”, lo que añade un matiz interesante al repentino respaldo a Asfura.

Democracia debilitada e incertidumbre total

En una región donde los golpes de Estado, la militarización y la presión externa se han convertido en moneda común, el caso hondureño refleja un fenómeno moderno: el deterioro democrático lento, pero constante, desde dentro. El voto ya no representa esperanza, sino rutina.

Las instituciones se tambalean, no tanto por la fuerza bruta sino por la desconfianza ciudadana y el oportunismo político. La política se convierte en un espectáculo sin contenido, con promesas repetitivas, candidatos que reciclan discursos y una ciudadanía que observa con resignación.

Lo dijo Amanda, la vendedora ambulante, con una claridad lapidaria: "En este país, un gobierno se va y viene otro, y la situación económica es la misma o peor". Una frase que podría grabarse en la entrada de cada centro electoral este domingo en Honduras.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press