Guerras de energía: cómo el sabotaje al campo de gas de Kormor amenaza la estabilidad de Irak

Dos ataques con drones en una semana paralizan el suministro de energía en el norte de Irak y exponen la fragilidad de la infraestructura energética en la región kurda

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El corazón energético del Kurdistán en llamas

El campo de gas natural de Kormor, ubicado en la provincia de Sulaymaniyah, en la región autónoma del Kurdistán iraquí, ha sido blanco de dos ataques con drones en menos de una semana. El más reciente ocurrió el miércoles cerca de las 11:30 p.m., generando un incendio que, aunque no dejó víctimas, provocó la suspensión total del suministro de gas natural. Esto ha desencadenado una crisis energética en el norte de Irak, específicamente en las zonas de Erbil y Sulaymaniyah, donde millones de personas enfrentan apagones incesantes.

Un ataque a la infraestructura crítica

El Comando de Operaciones Conjuntas de Irak calificó el ataque como un “acto cobarde de terrorismo” con el objetivo explícito de desestabilizar la economía del país y sabotear los servicios esenciales. En una declaración oficial afirmaron: “Este acto constituye una amenaza directa a los intereses del pueblo iraquí”. Las imágenes del incendio circularon rápidamente en redes sociales, provocando estupor tanto a nivel nacional como internacional.

Kormor: una joya energética vital

El yacimiento de Kormor es operado por Dana Gas, una compañía emiratí que gestiona junto con Crescent Petroleum algunas de las mayores reservas de gas natural de Irak. Abastece a múltiples plantas eléctricas en el norte del país, siendo clave para la generación de energía que alimenta hogares, hospitales, pequeñas industrias y organismos gubernamentales.

Por esta razón, su parálisis ha tenido consecuencias devastadoras: apagones prolongados, interrupción de servicios básicos y un incremento en la tensión social. Para peor, los operadores de generadores privados están en huelga desde el inicio del año debido a nuevas políticas del gobierno que recortaron sus ingresos tras implementar suministro eléctrico las 24 horas.

Eco político: condena nacional e internacional

La respuesta de los líderes políticos no se hizo esperar. El primer ministro federal iraquí, Mohammed Shia’ al-Sudani, convocó una reunión de emergencia con los ministros de Defensa e Interior y anunció la creación de un comité de alto nivel para investigar los hechos y evitar que se repitan incidentes similares.

Nechirvan Barzani, presidente de la región del Kurdistán, fue tajante: “Este ataque no es solo contra una instalación energética, es un acto contra la soberanía y seguridad nacional”. Su llamado a la acción fue respaldado por líderes internacionales.

Mark Savaya, enviado especial del expresidente Donald Trump, apuntó directamente a grupos armados ilegales respaldados por potencias extranjeras como responsables de los ataques. “Todo grupo armado ilegal y sus financiadores serán rastreados, confrontados y llevados ante la justicia”, afirmó Savaya en la red social X (antes Twitter).

Un patrón peligroso

Apenas unos días antes del ataque del miércoles, las fuerzas locales interceptaron un dron intentando impactar en el mismo campo gasífero. A pesar de que lograron evitar ese sabotaje, esta segunda embestida con éxito demuestra una creciente amenaza organizada y persistente.

Hasta el momento, ningún grupo ha reivindicado los ataques, pero las autoridades planean tomar “medidas legales decisivas” contra los responsables una vez identificados. Lo preocupante es que estos ataques ocurren en un contexto global donde la infraestructura energética se ha convertido en uno de los principales blancos de guerra híbrida y sabotaje geopolítico.

Impacto en la población civil: más que apagones

Erbil y Sulaymaniyah, dos de las ciudades más importantes del norte iraquí, están prácticamente paralizadas sin electricidad. Hospitales operan con generadores de emergencia, las clases han sido suspendidas y muchas familias dependen exclusivamente de velas o linternas.

Además, la interrupción del flujo de gas ha repercutido en la subida de precios de otros combustibles alternativos, como el diésel. El comercio también se ve afectado ya que la refrigeración y la iluminación son vitales para negocios que ahora ven evaporarse sus ingresos.

Dimensión económica de la crisis: millones en juego

Según datos del Ministerio de Recursos Naturales del Kurdistán, el campo de Kormor producía alrededor de 450 millones de pies cúbicos equivalentes de gas al día antes de los ataques. Su cierre implica una pérdida diaria de millones de dólares, además de afectar la confianza de futuros inversionistas en la región.

El Kurdistán iraquí se había posicionado en la última década como un polo emergente de inversión en energías fósiles, y parte de su desarrollo económico dependía directamente de estas exportaciones. Con incertidumbre sobre la seguridad de la infraestructura, los contratos internacionales ahora enfrentan posibles revisiones.

Preocupación estratégica: ¿hacia una guerra energética?

Lo ocurrido en Irak resuena con un patrón observable en otros puntos calientes del mapa global. De Ucrania a África Occidental, instalaciones energéticas han sido focos de ataques dirigidos para debilitar los sistemas nacionales desde adentro y sembrar el caos.

Expertos en geopolítica lo llaman “guerra de infraestructuras”, una forma de conflicto asimétrico no convencional que apunta a destruir la capacidad operativa sin necesidad de invadir territorio físicamente.

Llamado urgente a cooperación internacional

Ante este escenario, el primer ministro regional Masrour Barzani ha pedido apoyo defensivo adicional a los Estados Unidos y otros aliados. Las demandas incluyen sistemas anti-drones y tecnología de vigilancia para resguardar centrales energéticas.

Irak y el Kurdistán deben ahora estrechar más que nunca sus lazos con socios internacionales. El reto es doble: proteger la infraestructura actual y blindar las inversiones futuras. Porque sin energía, no solo se apagan las ciudades, también la esperanza de desarrollo de toda la región.

¿Quién está detrás?

La falta de reivindicación oficial de los ataques ha desatado múltiples teorías. Algunos analistas apuntan a milicias respaldadas por Irán que buscan presionar tanto al gobierno central como a los kurdos por su cercanía con Occidente. Otros ven posibles intereses económicos internos para desestabilizar al sector energético ante disputas políticas recientes entre Bagdad y Erbil por el reparto de ingresos.

Sin pruebas claras, el caso sigue abierto. Pero la presión crece para actuar con rapidez antes de que nuevos sabotajes terminen en tragedia humana y colapso estructural.

Reflexión final: el precio de la energía en tiempos de incertidumbre

Estos ataques revelan cuán frágiles pueden ser los pilares del desarrollo cuando están sometidos al fuego cruzado del terrorismo, la política y la codicia. Irak, tras años de guerra, aún camina por la cuerda floja. Y cuando la electricidad se apaga, también se apagan los sueños de estabilidad.

Los próximos meses serán decisivos. La protección de Kormor y su reactivación segura no solo significarán una victoria técnica, sino también simbólica para un país que aún lucha por encontrar la luz al final del túnel.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press