Hezbolá bajo presión: el dilema de un Líbano devastado por la guerra y la política
Mientras Israel intensifica sus ataques aéreos, el primer ministro libanés responsabiliza a Hezbolá por no haber desarmado, en medio de tensiones que podrían desestabilizar todo Oriente Medio
Por décadas, Hezbolá ha sido la organización armada más influyente de Líbano. Nacido de la resistencia a la ocupación israelí en los años 80, el grupo chiita respaldado por Irán ha construido una red de poder que trasciende lo meramente paramilitar. Hoy, sin embargo, en 2025, su legitimidad dentro del propio Líbano empieza a resquebrajarse. El reciente mea culpa del primer ministro libanés Nawaf Salam alimenta una pregunta profunda: ¿puede una nación reconstruirse mientras un actor no estatal como Hezbolá mantiene sus armas fuera del control del Estado?
Guerra y tregua: Un año de tensión constante
Líbano e Israel firmaron un alto el fuego en 2024 tras meses de enfrentamientos sangrientos. Sin embargo, ese acuerdo ha sido, a lo mucho, frágil. A lo largo del último año, Israel ha lanzado más de 200 ataques aéreos en el sur del Líbano, incluyendo incursiones puntuales en Beirut mismo, donde un bombardeo reciente mató al jefe de gabinete de Hezbolá.
Según un informe de Naciones Unidas emitido el pasado martes, 127 civiles han muerto en el Líbano desde que expiró formalmente la última ofensiva.
“Hezbolá dice que sus armas son una medida disuasoria. Pero disuadir significa evitar la agresión, y eso no está ocurriendo”, señaló el primer ministro Salam en una entrevista con la agencia estatal libanesa.
Sus palabras no son menores. Representan una inédita ruptura en el discurso oficial libanés, que hasta ahora había evitado enfrentarse públicamente con Hezbolá, por temor a generar un enfrentamiento directo con el brazo armado más poderoso del país.
El dilema del Estado: soberanía secuestrada
Aunque Hezbolá se presenta como la “resistencia libanesa”, sus acciones a menudo escapan al control del gobierno central. Su fuerte alineación con Irán y su dependencia económica del mismo, junto al respaldo logístico que recibe desde Siria, hacen prácticamente imposible que el Estado libanés lo trate como una milicia común.
Además de su brazo armado, Hezbolá controla una red de servicios sociales, escuelas, hospitales y mercados en los suburbios del sur de Beirut y otras áreas del sur del país. A nivel político, también posee una destacada representación parlamentaria. En las elecciones de 2022, obtuvo junto a sus aliados 62 escaños de los 128 del Parlamento libanés.
En ese contexto, el reclamo del primer ministro Salam se lee como una señal de desesperación interna y de presión externa. Estados Unidos e Israel han insistido en la necesidad de que Hezbolá entregue sus armas como condición para el desbloqueo de ayuda a la reconstrucción económica del país.
La visita del Papa y una oportunidad de unidad
La tensión en el Líbano se recrudece justo cuando el Papa Leo XIV aterriza en Beirut para una visita histórica que busca promover el diálogo interreligioso y la paz regional. Es el primer pontífice estadounidense y el primero en visitar la nación del Cedro desde la devastadora guerra de 2024.
Sin embargo, su agenda evita el sur del país. Fuentes cercanas al Vaticano confirmaron que, por seguridad, no visitará zonas bajo el control de Hezbolá o próximas a las fronteras palestinas o sirias.
En lugar de eso, se espera que Leo XIV insista en mensajes de paz y reintegración nacional en sus discursos en Beirut, hablando en inglés y francés, en lo que se considera una estrategia para subrayar la diversidad cultural y lingüística de Líbano.
La batalla interna por el poder narrativo
Hezbolá, por su parte, ha respondido en sus medios con firmeza ante las declaraciones de Salam. El canal Al-Manar reiteró que sus armas son “defensivas” y su existencia “evita la ocupación total del Líbano por parte del enemigo sionista”.
No obstante, los hechos muestran otra verdad: Israel no ha cesado sus ataques. Más aún, los bombardeos siguen ocurriendo incluso en áreas no involucradas directamente con Hezbolá.
Las víctimas civiles crecen, y la percepción ciudadana ya no se alinea con las justificaciones de guerra. Una reciente encuesta del centro Libanés de Estudios Políticos reveló que el 58% de los libaneses quiere que Hezbolá se desarme, frente al 37% que aún apoya su arsenal.
El factor internacional: entre Estados Unidos, Irán e Israel
El conflicto no puede analizarse solo desde el microcosmos libanés. La geopolítica de la región juega un papel central. Hezbolá forma parte de lo que Irán llama “el eje de la resistencia”, una alianza informal que incluye también a Siria, los hutíes en Yemen y grupos iraquíes. Todos están comprometidos en la lucha contra intereses estadounidenses e israelíes en la región.
Mientras tanto, Israel ha intensificado sus operaciones militares en diversos frentes: en Gaza con incursiones permanentes desde la guerra de 2023, en el norte del país contra objetivos libaneses, y en el interior de Cisjordania con redadas masivas.
En las últimas semanas, en la zona de Tubas, en Cisjordania, el ejército israelí ha detenido a más de 119 palestinos, de los cuales solo 27 han sido liberados. La operación, según el portavoz militar, busca desarticular “infraestructuras terroristas”. Sin embargo, organizaciones como B'Tselem denuncian torturas y detenciones indiscriminadas, incluyendo menores.
Mohammed Ibrahim: un relato incómodo sobre la detención arbitraria
Un dato que complica más la imagen de Israel ante la comunidad internacional es la reciente liberación de Mohammed Ibrahim, un adolescente palestino-estadounidense de 16 años, que fue retenido nueve meses en prisión sin juicio formal, tras ser acusado de lanzar piedras contra colonos.
Su testimonio es escalofriante. Declaró que fue obligado a confesar bajo amenazas de tortura. Su familia lo recibió con llanto al verlo desnutrido, con sarna y con huellas de abuso.
Este caso ha cristalizado en EE.UU. un nuevo debate sobre los derechos humanos bajo la ocupación israelí. Varios miembros del Congreso, como Rashida Tlaib y Betty McCollum, han pedido transparencia y justicia.
¿Qué sigue para Líbano?
En palabras del experto libanés Michel Nawfal, “el país está atrapado entre dos fuegos: la ocupación indirecta de sus cielos por parte de Israel y el secuestro interno de su aparato estatal por Hezbolá”.
Los ciudadanos libaneses siguen pagando el precio de un sistema roto, con una moneda en caída permanente (la libra libanesa ha perdido el 95% de su valor desde 2019), una economía completamente colapsada y una clase política aferrada al poder.
La visita del Papa Leo XIV, aunque simbólica, podría abrir una pequeña ventana al cambio. Un mensaje alto y claro a favor de un Líbano plural, democrático y desmilitarizado quizás llegue a calar, no tanto en los líderes, sino en una sociedad harta de vivir entre ruinas, bombas y promesas vacías.
Como alguna vez dijo el poeta Khalil Gibran: “La vida sin libertad es como un cuerpo sin alma”. Tal vez sea hora de que Líbano reconquiste ambas.
