La rebelión del velo: el nuevo rostro de la resistencia femenina en Irán

Cada vez más mujeres iraníes desafían abiertamente la obligatoriedad del hiyab en medio de una creciente marea de disconformidad social

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Una revolución silenciosa en las calles de Teherán

Desde las agitadas avenidas del centro de Teherán hasta los tranquilos barrios del norte bajo la sombra de los sicomoros, es cada vez más común ver a mujeres iraníes caminando con la cabeza descubierta. Lo que hasta hace pocos años era un taboo absoluto, alimentado por décadas de imposición teocrática, hoy se ha vuelto un acto de desafío colectivo cada vez más aceptado.

La primavera del descontento comenzó en septiembre de 2022 con la muerte de Mahsa Amini, una joven de 22 años arrestada por la “policía de la moral” por no llevar correctamente el hiyab. Fue el catalizador que encendió protestas masivas en todo el país. Más allá del caso puntual, Amini pasó a representar el hartazgo acumulado de generaciones de mujeres reprimidas por una norma que, para muchas, nunca representó su identidad ni sus valores.

El hiyab: símbolo religioso, imposición política

Desde la Revolución Islámica de 1979, el uso del hiyab en público no solo fue promovido sino impuesto. Las normativas estatales han oscilado entre la tolerancia limitada y la vigilancia agresiva, especialmente por parte de los Basiyíes, la fuerza paramilitar voluntaria vinculada a la Guardia Revolucionaria. Durante largos periodos, una simple hebra fuera de lugar podía provocar un arresto o, al menos, una reprimenda severa en público.

Este control formaba parte de una promesa más amplia de gobernabilidad basada en valores islámicos, pero el paso del tiempo, los problemas económicos y las crisis sociales han erosionado la legitimidad de estas imposiciones. Como señaló la analista iraní-estadounidense Holly Dagres: “Cuando me mudé a Irán en 1999, mostrar un solo mechón de cabello causaba alarma. Ver a mujeres caminando abiertamente sin hiyab hoy es inimaginable, incluso para muchos dentro del sistema.”

La nueva realidad en Teherán

Durante una visita reciente a Irán, un reportero occidental quedó sorprendido por el cambio radical que presenció. Desde mercados como el Bazar Tajrish hasta lujosos hoteles como el Espinas Palace, mujeres con el cabello suelto pasaban frente a carteles oficiales que exigían "observar el uso del hiyab islámico", sin sanción ni advertencia. “Verlo con mis propios ojos fue una revelación,” escribió en su crónica.

Incluso en zonas más conservadoras del sur de Teherán, algunos casos de resistencia ya no eran excepcionales, sino manifestaciones diarias. Mujeres jóvenes saliendo de la escuela se quitaban el velo al cruzar la calle, como si al hacerlo respiraran un nuevo aire de libertad personal. Y la respuesta institucional... es el silencio.

¿Por qué el gobierno no actúa?

La inacción del gobierno iraní frente a estas manifestaciones abiertas de desobediencia no es fortuita. El país enfrenta un cóctel explosivo de apagones frecuentes, escasez de agua, desempleo juvenil, hiperinflación y creciente descontento social. Cualquier intento represivo masivo podría encender una protesta nacional al estilo de la primavera de 2022.

Además, el propio presidente reformista Masoud Pezeshkian ha manifestado públicamente su oposición a un mayor control sobre las mujeres: “Los seres humanos tienen derecho a elegir”, dijo en una entrevista con NBC News en septiembre. Sin embargo, el Ayatolá Ali Khamenei, líder supremo del país, ha evitado pronunciarse abiertamente sobre el tema, concentrándose en amenazas externas y el reciente conflicto con Israel.

El foco de la tensión: entre miedo y esperanza

Los estudios de opinión también reflejan el creciente rechazo. Según datos filtrados de una encuesta de la Iranian Students Polling Agency, existe un desacuerdo generalizado en torno a la gestión gubernamental. Mohammad-Javad Javadi-Yeganeh, asesor en asuntos sociales del presidente, reconoció públicamente que “en las provincias vemos en las encuestas que la gente está descontenta con el gobierno”.

Sin embargo, ese mismo entorno de desilusión también está impregnado de miedo. La posibilidad de una nueva guerra con Israel, las sanciones internacionales constantes y el recuerdo de las brutales represiones anteriores hacen que muchas mujeres aún guarden un velo en el bolso, por si acaso. Como expresó una joven emigrada a Canadá: “A veces, cuando conduzco, mi mano busca el velo automáticamente. El miedo nunca desaparece del todo.”

El velo como símbolo cultural y político

Más allá de su carácter religioso, el hiyab en Irán es —y ha sido— una herramienta política. En el contexto del régimen islámico, su uso obligatorio simboliza la supuesta moralidad colectiva que sustenta al Estado. Pero la creciente objeción, sobre todo entre mujeres jóvenes nacidas mucho después de la revolución de 1979, muestra que el relato oficial ya no representa a la sociedad actual.

En la calle, las diferencias generacionales también se hacen visibles. Para muchas madres, el uso del velo era una norma que se siguió por temor o por costumbre. Para sus hijas, criadas en un mundo interconectado, hiperinformado y con referentes globales, representa represión. Es un fenómeno comparado por algunos analistas con la desobediencia civil no violenta liderada por figuras como Rosa Parks o Gandhi en su tiempo: actos pequeños, colectivos y constantes capaces de cambiar sistemas.

Una revolución sin líderes, pero con rostro femenino

Lo más destacable de este movimiento es que no tiene líderes formales, no cuenta con partidos detrás ni una estrategia política convencional. Son mujeres comunes: estudiantes, trabajadoras, amas de casa, que deciden desde lo personal lo que debería ser un derecho. El nivel de organización es orgánico y espontáneo, lo que lo hace más difícil de neutralizar por el poder.

El reconocimiento global de esta resistencia también es importante. Desde enero de 2023, organizaciones como Amnistía Internacional y Human Rights Watch han documentado este cambio y solicitado al régimen iraní el abandono de políticas represivas contra las mujeres. En respuesta, el gobierno ha bajado —por ahora— la intensidad de su vigilancia.

¿Hacia un Irán post-hiyab?

No se trata simplemente de una moda o de una rebelión estética. Se trata de reclamar la agencia sobre los cuerpos de las mujeres, de recuperar lo que les fue arrebatado en nombre de la tradición. Y aunque el gobierno aún no ha decretado cambios a la ley, en la práctica, cada día que una mujer más sale sin hiyab es una enmienda tácita a la imposición.

Las calles de Irán se han convertido en pasarelas de valentía. Mujeres jóvenes que caminan con la cabeza erguida, no por vanidad, sino por dignidad. Y, quizás, esa misma valentía —hecha de pasos cotidianos, no de discursos— sea la que cambie el futuro de uno de los países más complejos y políticamente cerrados del mundo.

Como resumió una mujer que abandonó Irán recientemente: “Yo cumplí las reglas toda mi vida. Pero un día decidí que no era justo callar más. Quitarse el velo puede parecer una nimiedad, pero para muchas de nosotras representa haber ganado una batalla interior de años.”

Las revoluciones no siempre se televangelizan. A veces, simplemente, caminan por las calles con el cabello al viento.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press