La tragedia de Wang Fuk Court: ¿Una catástrofe anunciada en Hong Kong?

El incendio más mortal en décadas desata un debate sobre la seguridad, la vivienda pública y la responsabilidad en las renovaciones urbanas

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El pasado miércoles 26 de noviembre de 2025, Hong Kong vivió una de las peores tragedias urbanas de su historia reciente. Un enorme incendio devastó siete torres del complejo residencial Wang Fuk Court, ubicado en Taipo, en los Nuevos Territorios. El fuego, avivado por andamios de bambú, materiales plásticos y fuertes vientos, dejó un saldo de al menos 55 muertos, decenas de heridos y casi mil personas sin hogar. Más allá de los números fríos, este desastre expone fallas estructurales en políticas de construcción, regulación de viviendas y respuesta ante emergencias que merecen un análisis profundo.

Wang Fuk Court: entre lo público y lo privado

Wang Fuk Court es un complejo de vivienda en Taipo, compuesto por ocho torres de 32 pisos construido en los años 80. Aunque los apartamentos son de propiedad privada, forman parte de programas de vivienda subvencionada por el gobierno (los llamados Home Ownership Scheme). Cada unidad solo mide entre 40 y 45 m² —un estándar ampliamente común en la hiperurbanizada Hong Kong— y carece de sistemas modernos contra incendios como rociadores automáticos o detectores de humo.

¿Cómo es posible que en un entorno tan densamente poblado no se haya exigido su remodelación para cumplir con las normas actuales de incendios? La respuesta está en la legislación retroactiva limitada. Estas torres fueron construidas antes de que en 1998 se implementara un código actualizado de seguridad contra incendios que exige pisos de refugio, mayores salidas de emergencia y otros elementos esenciales.

Renovaciones fatales: un cóctel de negligencia e imprudencia

Al momento del incendio, al menos siete de las torres estaban siendo sometidas a renovaciones. Las fachadas estaban cubiertas por andamios de bambú —técnica tradicional pero inflamable— y redes plásticas que, junto a paneles de espuma utilizados como protector de ventanas, generaron las condiciones perfectas para amplificar las llamas. Las primeras investigaciones sugieren que dichos materiales no cumplían con los estándares mínimos de resistencia al fuego. De hecho, el uso de materiales combustibles habría acelerado la propagación vertical del incendio.

Hasta ahora, la policía ha arrestado a tres personas: dos directores y un consultor de la empresa a cargo de las obras, Prestige Construction & Engineering Co., bajo sospecha de homicidio involuntario. Sus oficinas fueron registradas y podrían enfrentarse a cargos criminales más severos si se comprueba la negligencia grave.

Limitaciones estructurales en la respuesta de emergencia

Uno de los aspectos más alarmantes de esta tragedia fue la incapacidad de los bomberos para llegar a los pisos superiores. Las escaleras mecánicas y mangueras solo alcanzan los primeros 53 metros, lo que equivale a unos 20 pisos. Ante el calor extremo y los riesgos de derrumbe, la entrada desde el interior resultó imposible en muchas zonas del edificio.

Además, los fuertes vientos de la temporada invernal en la región contribuyeron a avivar aún más el fuego, dispersando brasas hacia otras torres cercanas, generando una reacción en cadena que convirtió la escena en un infierno urbano.

La peor tragedia desde 1996

Este incendio es oficialmente el más letal en Hong Kong desde el siniestro de 1996, cuando un fuego que duró 20 horas mató a 41 personas en un edificio comercial en Kowloon. Sin embargo, esta es la primera vez que un desastre de tal magnitud afecta un complejo residencial tan grande y habitado.

Hong Kong, con sus más de 7.5 millones de habitantes, es mundialmente conocida por su paisaje vertical. La escasez de terrenos planos habitables ha obligado la proliferación de rascacielos, muchos de los cuales fueron pensados para la maximización de espacio, no para la seguridad ni la habitabilidad.

¿Quién vigila las reformas en las viviendas subsidiadas?

Tras el desastre, el jefe ejecutivo de Hong Kong, John Lee, anunció una investigación por parte del tribunal forense, así como la creación de un grupo de trabajo especial para revisar todos los complejos en renovación activa. La medida, aunque bienvenida, llega demasiado tarde para las víctimas de Wang Fuk Court.

Lee también prometió “todo el apoyo posible” para los damnificados y la revisión inmediata de la regulación sobre materiales y prácticas de andamiaje en proyectos futuros.

No se puede obviar la pregunta clave: ¿por qué proyectos con fondos públicos, aunque de propiedad privada, no son monitoreados más estrictamente por las autoridades urbanísticas? Más aún cuando involucran a miles de personas en espacios reducidos.

El drama humano: más allá del humo

Del total de 4,800 residentes de Wang Fuk Court, alrededor de 900 tuvieron que ser evacuados y alojados temporalmente en albergues improvisados, incluyendo una escuela cercana. Se distribuyeron alimentos, agua y ropa con ayuda de voluntarios, pero la destrucción es tal que muchos no podrán regresar en meses.

De los 62 heridos trasladados a hospitales, al menos 17 permanecían en estado crítico al día siguiente. Algunos saltaron por las ventanas o fueron rescatados desde los balcones, pero otros sucumbieron por inhalación de humo o atrapados en sus apartamentos sin salidas de emergencia adecuadas.

Renovaciones y pobreza oculta

El caso de Wang Fuk Court es emblemático de un problema estructural que afecta a muchas megaciudades del mundo: cuando la renovación urbana se realiza sin visión integral, sin respeto a normas básicas de seguridad y con lógica puramente comercial, el resultado puede ser trágico.

En Hong Kong, más del 30% de la población vive en residencias provistas o subsidiadas por el gobierno. Muchas de estas fueron construidas hace más de 40 años, en condiciones distintas y con menor densidad de población. Los retrasos en su modernización responden a medidas presupuestarias, poca vigilancia y una desconexión entre los organismos públicos responsables.

¿Una tragedia evitable?

Todo parece indicar que sí. Con la implementación adecuada de sistemas contra incendios, inspección de materiales adecuados, y supervisión estatal efectiva, se pudo haber prevenido el incendio de Wang Fuk Court o, al menos, reducir drásticamente su impacto.

Lo sucedido debe servir como un fuerte llamado de atención para ciudades con condiciones de urbanización similares. No se trata solo de construir alto y rápido, sino de construir con responsabilidad y pensando en la vida de quienes habitarán esos espacios.

El futuro inmediato

Las autoridades han prometido mejoras estructurales, apoyo económico y psicológico para los afectados, y revisión legal de los procesos de licitación y construcción. Sin embargo, los residentes de Hong Kong y de otras metrópolis densamente pobladas esperan que estas promesas no sean palabras vacías.

En circunstancias donde la falta de vigilancia técnica, sumada a intereses económicos, puede costar decenas de vidas, es hora de repensar el modelo de vivienda urbana basado solo en eficiencia y rentabilidad.

Lo que queda tras el humo y la ceniza de Wang Fuk Court es más que un recuerdo doloroso: es una advertencia urgente con lecciones que Hong Kong —y el mundo— no pueden ignorar.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press