Pedro Castillo: El ocaso político del ‘presidente del pueblo’ y una condena por rebelión

Del aula rural a la celda: Cómo el primer mandatario campesino de Perú terminó condenado por romper el orden constitucional

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Pedro Castillo, de maestro rural a símbolo de crisis institucional

Pedro Castillo Terrones, un maestro de escuela de raíces humildes y campesinas, fue elegido presidente del Perú en 2021 como la gran sorpresa política del continente. Enarbolando un discurso a favor de los pobres y prometiendo un cambio profundo en un país históricamente desigual, su ascenso despertó esperanzas e incertidumbre por igual. Pero apenas dos años después, en diciembre de 2022, Castillo protagonizó uno de los episodios más controversiales de la historia moderna del país: intentó disolver el Congreso y establecer un «gobierno de excepción» en lo que fue calificado casi unánimemente como un intento de golpe de Estado. La maniobra le costó la presidencia, y hoy ha sido sentenciado a 11 años y medio de prisión por conspiración para cometer rebelión, junto a dos de sus exministras.

Una sentencia que hace historia

La Corte Suprema del Perú, a través de su Sala Penal Especial, dictó la sentencia condenatoria que no sólo encierra a Castillo en una prisión, sino que también lo inhabilita para ejercer cargos públicos durante dos años. Betssy Chávez, su ex primera ministra, también fue condenada por los mismos cargos. Chávez se encuentra actualmente asilada en la embajada de México en Lima, lo que ha generado una crisis diplomática entre ambos países. Con esta decisión, Castillo se convierte en el segundo expresidente peruano sentenciado en la misma semana. El primero fue Martín Vizcarra, condenado a 14 años por recibir sobornos cuando era gobernador del departamento de Moquegua. La lista de expresidentes peruanos acusados o condenados es cada vez más extensa, reflejo de la inestabilidad política que ha caracterizado al país en las últimas décadas.

Castillo y el populismo rural: promesas rotas

Pedro Castillo rompió moldes desde el primer día. Sin experiencia política previa y con un sombrero emblemático que lo convertía en icono cultural, representaba a los sectores menos escuchados del país. Fue el primer presidente en provenir de un pequeño caserío andino, y simbolizaba la revancha social de un Perú profundo postergado. Sus promesas, sin embargo, fueron naufragando entre luchas internas, designaciones ministeriales fallidas y escándalos de corrupción. Su gobierno acumuló más de 70 cambios de ministros en poco más de un año, sumiendo al país en una incertidumbre permanente. La oposición parlamentaria aprovechó cada tropiezo para debilitarlo, y lo que surgió como una esperanza para muchos, rápidamente se tornó en pesadilla constitucional.

El 7 de diciembre de 2022: el día del caos

La historia recordará el 7 de diciembre de 2022 como un día determinante. En un mensaje transmitido a la nación, Castillo anunció la disolución del Congreso, la instauración de un gobierno de emergencia, y la reorganización del sistema judicial. Sin respaldo político, ni siquiera de su gabinete, esa tarde fue arrestado por su propia escolta mientras se dirigía a la embajada de México a pedir asilo. Fue reemplazado por su vicepresidenta, Dina Boluarte, quien tampoco logró estabilidad. A mediados de 2023, Boluarte fue destituida en medio de protestas masivas y acusaciones de abuso de poder. José Jerí, entonces cabeza del Congreso, asumió la presidencia —otro capítulo en la interminable montaña rusa política peruana.

El Perú de hoy: un Estado que se reinicia constantemente

Según un informe del Instituto Peruano de Economía (IPE), el país ha tenido seis presidentes en menos de ocho años. Esta recurrencia a la vacancia presidencial, los cambios abruptos en el Congreso y la polarización política reflejan una crisis de legitimidad estructural. Como señala el politólogo Alberto Vergara, “la democracia peruana funciona formalmente, pero está desconectada de la ciudadanía. Está capturada por grupos de poder económico, judiciales y políticos que se alternan sin verdadero interés por el bien común”. De hecho, una encuesta de IPSOS Perú en noviembre de 2025 reveló que el 78% de la población percibe que "ningún político representa sus intereses".

¿Puede sobrevivir la democracia a tanta inestabilidad?

La sentencia a Pedro Castillo reabre el debate sobre los límites del poder y el delicado equilibrio entre el Ejecutivo y el Legislativo. Mientras algunos consideran que la justicia ha prevalecido, otros advierten que la prisión de Castillo puede victimizarlo políticamente y fortalecer los discursos populistas que apelan al resentimiento popular. Desde su celda, el expresidente continúa proclamando su inocencia y asegura que fue víctima de una conspiración oligárquica. “Me encarcelaron por haber querido cambiar el sistema desde dentro, pero no podrán encarcelar la dignidad del pueblo peruano”, habría dicho en declaraciones a sus abogados defensores.

El factor internacional

La relación compleja con México por el asilo a Betssy Chávez, y el silencio de muchos organismos internacionales ante la destitución de Castillo, muestran lo difícil que es para gobiernos extranjeros posicionarse en medio de crisis institucionales domésticas. El embajador de México en Perú debió abandonar Lima en señal de protesta, y las relaciones bilaterales se encuentran estancadas.

Una historia que se repite: presidentes tras las rejas

Pedro Castillo no está solo en este camino de caída libre tras la presidencia. Perú ha visto cómo cinco expresidentes enfrentaron la cárcel en los últimos tiempos:
  • Alberto Fujimori: condenado por crímenes contra los derechos humanos y corrupción.
  • Alejandro Toledo: extraditado desde EE.UU. en 2023, acusado de recibir sobornos de Odebrecht.
  • Alan García: se suicidó en 2019 cuando iba a ser detenido por casos de corrupción.
  • Ollanta Humala: afrontó prisión preventiva, aunque fue absuelto.
  • Martín Vizcarra: recientemente condenado por corrupción cuando era gobernador.
Las causas varían, pero el patrón es claro: el poder presidencial en Perú parece más una condena que un privilegio.

La herencia de Castillo: ¿leyenda o advertencia?

Para muchos en el campo y en zonas empobrecidas, Pedro Castillo sigue siendo un mártir político. Es el símbolo de un sistema que no tolera a los “extraños” del poder. Para otros, su gobierno fue caótico, improvisado y una lección de lo que no debe volver a ocurrir. El sociólogo Nelson Manrique señala: “Castillo no fue víctima de una élite. Fue víctima de su inexperiencia, de su ego, y de su entorno improvisado. Se traicionó a sí mismo y al pueblo que lo eligió”. Más allá del juicio penal, el juicio histórico está en marcha.

¿Y ahora qué?

El Perú afronta elecciones generales en 2026 con una ciudadanía fragmentada, una clase política debilitada por el desprestigio y una economía resiliente pero sacudida por la parálisis institucional. Organismos como Transparencia Internacional han ubicado al país en el lugar 105 de 180 en su índice de percepción de la corrupción. La viabilidad democrática del país dependerá de cómo se reconfigure el consenso social. ¿Llegará un liderazgo capaz de unir al Perú sin caer en el populismo ni en la tecnocracia distante? Mientras tanto, Pedro Castillo comienza una nueva etapa, ya no como maestro rural, ni como presidente de la República, sino como símbolo controvertido de la política peruana del siglo XXI.
Este artículo fue redactado con información de Associated Press