¿Cooperación o Control? La creciente presencia militar de EE. UU. en el Caribe desata debate regional

Una mirada crítica a la estrategia estadounidense contra el narcotráfico, el papel de Trinidad y Tobago y las implicaciones geopolíticas en la región

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La confusión inicial: Marines en Tobago

La reciente controversia desatada en Trinidad y Tobago sobre la presencia de marines estadounidenses en el aeropuerto de Tobago ha puesto a la nación caribeña nuevamente en el centro del debate geopolítico regional. La primera ministra Kamla Persad-Bissessar primero aseguró que no había militares de EE. UU. en el país, solo para desdecirse días después y confirmar su presencia, alegando trabajos de mejora en el radar y la pista de aterrizaje como justificación.

Nos ayudarán a mejorar nuestra vigilancia e inteligencia de los radares contra los narco-traficantes en nuestras aguas y fuera de ellas”, afirmó Persad-Bissessar. Lo que no quedó claro, sin embargo, fue el alcance de dicha cooperación técnica y si se trata de una simple modernización o de un despliegue estratégico mayor.

Radar, drogas y geopolítica

El involucramiento militar estadounidense en territorios caribeños no es nuevo, pero los hechos recientes sugieren un repunte significativo. En Trinidad y Tobago, aún no se ha aclarado si se trata de la instalación de un nuevo radar o simplemente la mejora del existente. Mientras tanto, al menos un avión militar estadounidense aterrizó en la isla para reabastecerse, según fuentes locales.

El trasfondo: desde septiembre, EE. UU. intensificó su lucha contra el narcotráfico en el Caribe, llevando a cabo operaciones que, según cifras oficiales, han dejado al menos 83 muertos. Estas acciones no solo han generado apoyo en algunos sectores, sino también fuertes críticas entre líderes regionales preocupados por la soberanía y la militarización progresiva.

¿Base secreta contra Venezuela?

Una dimensión aún más polémica de este despliegue es la posibilidad de que estas acciones formen parte de una estrategia más amplia para ejercer presión sobre el gobierno venezolano. Venezuela no fue mencionada, según Persad-Bissessar, en conversaciones recientes con representantes estadounidenses, incluyendo al General Dan Caine, presidente del Estado Mayor Conjunto de EE. UU.

Pero los analistas no están convencidos. La ubicación estratégica de Trinidad y Tobago —a solo 11 kilómetros del noreste venezolano— y su cercanía a zonas marítimas de tráfico intenso generan especulaciones fundadas. Históricamente, el Caribe ha sido una zona clave para la inteligencia militar estadounidense, especialmente durante la Guerra Fría, y parece estar reviviendo ese rol.

Dominica, Grenada y la República Dominicana: el mosaico caribeño

Trinidad y Tobago no son los únicos actores involucrados. En meses recientes, EE. UU. solicitó a Grenada la instalación temporal de un radar en su principal aeropuerto internacional. Aunque las autoridades locales no han hecho pública su decisión final, este pedido suma una nueva ficha al tablero estratégico.

La República Dominicana, por su parte, ya dio pasos concretos. El presidente Luis Abinader anunció acceso temporal de EE. UU. a zonas restringidas de una base aérea y del aeropuerto internacional, en un acuerdo anunciado conjuntamente con el Secretario de Defensa norteamericano Pete Hegseth.

Estos acuerdos reflejan una cooperación creciente, pero también una dependencia potencialmente peligrosa. ¿Cuál es el verdadero precio de ceder espacio soberano bajo el pretexto del combate al narcotráfico?

Una lucha regionalizada: estadísticas del narcotráfico

Según la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), el Caribe es una de las rutas centrales del tráfico de cocaína desde América del Sur hacia Estados Unidos y Europa. Se estima que entre el 14% y el 20% de la cocaína sudamericana transita por corredores caribeños, incluyendo las aguas de Trinidad y Tobago.

Las operaciones militares de EE. UU., bajo la bandera del Comando Sur, han aumentado su intensidad. Solo en los primeros seis meses de 2024, se interceptaron más de 50 toneladas métricas de estupefacientes en coordinación con fuerzas locales.

No obstante, críticos sostienen que estos despliegues son una forma de proyección de poder bajo la fachada de lucha antidroga. ¿Dónde se traza la línea entre cooperación y control?

Una estrategia con fantasmas del pasado

Las dinámicas actuales evocan recuerdos históricos inquietantes. En 1983, EE. UU. invadió Granada bajo el pretexto de rescatar a ciudadanos estadounidenses durante un golpe de Estado. La intervención desató críticas globales, pero también consolidó la presencia del Pentágono en el Caribe.

Hoy, esa historia parece repetirse a escala más sutil. La “asistencia técnica” en Tobago, el acceso temporal en República Dominicana y las solicitudes en Granada parecen piezas de un rompecabezas que responde a intereses estratégicos más amplios.

¿Cuál es el impacto para la población local?

En Tobago, las autoridades locales confirmaron al menos una visita de tropas estadounidenses y subrayaron que fue “para reabastecimiento”. Sin embargo, líderes comunitarios y organizaciones de derechos civiles han empezado a expresar preocupaciones.

No queremos ser usados para acciones veladas contra otros países vecinos”, señaló un representante local en entrevista con el medio Newsday Trinidad. También alertó sobre la falta de transparencia gubernamental en torno al alcance real de los acuerdos firmados con Washington.

Más allá del temor a una militarización prolongada, también hay inquietud sobre cómo estas alianzas podrían afectar las relaciones con Venezuela y otras naciones del ALBA (Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América).

¿Seguridad real o percepción de seguridad?

Mientras los gobiernos presentan estas decisiones como una forma de combatir el narcotráfico, expertos en seguridad advierten que la ocupación o presencia militar solo produce una “ilusión de control”. El especialista mexicano en estrategias regionales Eduardo Buscaglia afirma que “la militarización ha demostrado ser ineficiente sin una base institucional sólida y sin reformas judiciales profundas”.

En lugar de atacar las causas estructurales del narcotráfico —como la pobreza, la corrupción y la falta de oportunidades—, existe un riesgo de trabajar solo en los síntomas, desatando consecuencias incluso más perjudiciales, como la criminalización de comunidades pesqueras o étnicas enteras sospechosas por default.

El Caribe ante una disyuntiva crítica

El Caribe atraviesa un momento decisivo. La cooperación con Estados Unidos puede representar oportunidades en términos de inversión, tecnología y seguridad. Pero también puede marcar el inicio de una pérdida gradual de autonomía política en nombre de una estrategia antinarcóticos que pocos comprenden del todo.

Lo paradójico del caso es que, siendo regiones frecuentemente invisibilizadas en los debates globales, países como Trinidad y Tobago, República Dominicana y Grenada se convierten en actores clave en una estrategia global liderada por Washington.

La pregunta, al final, no es si EE. UU. está ayudando. Es si el Caribe realmente necesita esta ayuda bajo estas condiciones.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press