El Viernes Negro sin brillo en Venezuela: entre la crisis económica y la incertidumbre migratoria

Mientras las vitrinas de Caracas ofrecen descuentos vacíos, miles de venezolanos siguen huyendo por el sur ante la presión política y la desesperanza social

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Una Caracas sin filas, ni euforia

En el corazón de Caracas, escaparates con ofertas tentadoras como “Zapatos a $20” y descuentos del 30% parecían querer revivir el espíritu comercial del Viernes Negro, pero la respuesta ciudadana fue tibia. Ni siquiera la recién inaugurada tienda H&M logró atraer multitudes en una jornada que, en otras latitudes, se vive con frenesí.

La razón es clara para los venezolanos: la crisis económica es más intimidante que cualquier amenaza bélica extranjera. “¿Qué hago para sobrevivir hoy y vivir mañana?”, dice la doctora Luisa Torrealba, resumiendo el sentir de millones de ciudadanos atrapados entre inflación, pobreza y falta de oportunidades.

Una economía bajo asfixia

Según el Fondo Monetario Internacional, la inflación interanual en Venezuela alcanzó un impresionante 270% en el último mes, haciendo casi imposible adquirir productos básicos. Mientras tanto, el salario mínimo oficial, de apenas 130 bolívares (alrededor de $0.52), permanece congelado desde 2022. Eso deja al país muy por debajo del umbral de pobreza extrema de $2.15 diarios estipulado por la ONU.

“Es difícil darse lujos”, comenta Marian García, de 26 años, al encontrar una tienda vacía pese a una oferta irresistible en botas. “Las prioridades ahora son alimentos y medicinas”. Como ella, millones de venezolanos se han resignado a una vida de supervivencia, donde el placer de comprar por placer se ha desvanecido.

De consumidor a migrante: otra cara de la emergencia

La desesperanza económica no solo ha vaciado los centros comerciales, sino que también ha disparado la migración. Aquellos que salieron del país buscando mejores horizontes ahora enfrentan una nueva realidad: la xenofobia y políticas restrictivas en países que antes eran refugios como Chile.

En pleno periodo electoral, el ultraconservador José Antonio Kast, favorito en la segunda vuelta presidencial chilena, ha endurecido su discurso anti-inmigración. En uno de sus más comentados anuncios, filmado en la frontera con Perú, Kast lanzó una advertencia que resuena con crudeza: “Tienen 111 días para salir voluntariamente o serán detenidos y expulsados”.

Un giro en la narrativa migratoria sudamericana

Chile, antaño visto como un oasis de oportunidades, ahora representa una etapa crítica en la travesía migrante. Cientos de venezolanos, sin documentación legal chilena, intentan regresar al norte cruzando hacia Perú, solo para encontrarse con una nueva traba: el gobierno de Perú también endurece su postura.

El presidente peruano José Jarí declaró el viernes estado de emergencia en la frontera sur, desplegando fuerzas armadas ante la oleada migrante. Las imágenes de familias completas cargando sus pertenencias en bolsas de plástico sacudieron la opinión pública de ambos países.

“No sabemos qué vendrá mañana”

Yarbelis Revilla, trabajadora incansable con tres empleos, definió bien el sentir nacional: “En este país uno vive día a día. Buscar zapatos podría parecer vanidoso, pero es parte de mantener algo de dignidad”. En un entorno dominado por escasez y miedo, muchos como ella se han refugiado en la fe. “La Biblia dice que no debemos preocuparnos por mañana”, concluye.

Pero en medio de las preocupaciones por el pan de cada día, una amenaza geopolítica de fondo pulsa con fuerza.

La presión de Estados Unidos sobre Venezuela

El expresidente Donald Trump, en su afán de retomar una política de “mano dura”, aumentó la presión sobre el gobierno de Nicolás Maduro, duplicando la recompensa por su captura a $50 millones por cargos de narcoterrorismo. Parte de esta estrategia incluye bombardeos marítimos contra embarcaciones presuntamente ligadas al narcotráfico procedentes de Venezuela.

Según fuentes militares, estos ataques han causado la muerte de al menos 80 personas desde septiembre, sin necesidad de entrar aún en suelo venezolano. Pero muchos temen que una posible operación terrestre esté en evaluación en Washington, lo cual podría configurar un escenario aún más explosivo.

Maduro, por su parte, desestima las acusaciones y reitera que se trata de una estrategia para propiciar un cambio de régimen dictada desde el extranjero. Sin embargo, las bombas aún no han caído sobre tierra firme, pero la economía y las esperanzas ya están en ruinas.

Crónicas de una cotidianidad cada vez más incierta

Atrás quedan los recuerdos de un país en el que el Viernes Negro era sinónimo de consumo, ofertas agresivas y vitrinas abarrotadas de compradores voraces. Hoy, los escasos ciudadanos que salen de casa para buscar una ganga lo hacen con la angustia de saber que lo realmente urgente está en otro lado.

  • Comprar una caja de medicamentos vitales puede costar entre $50 y $100
  • El acceso a productos básicos requiere más de $500 al mes, mientras la mayoría de trabajadores gana menos de la mitad
  • Solo en 2023, más de 250,000 venezolanos salieron del país rumbo a países andinos como Perú y Chile, según cifras de ACNUR

En medio de estas cifras, ¿quién puede detenerse a meditar sobre una posible intervención militar? ¿Quién puede distraerse con un 40% de descuento en un electrodoméstico si alimentar a su familia representa toda una hazaña?

Venezuela sigue escribiendo su historia, no con tinta, sino con bolsas de basura cargadas de ropa, descuentos vacíos, promesas políticas incumplidas y rezos al amanecer.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press