Georgia resiste: un año de protestas frente al retroceso democrático y el abandono del camino europeo
Miles de georgianos mantienen viva una protesta de 365 días contra un gobierno que ha desviado al país de la integración con la Unión Europea, en medio de leyes represivas, detenciones arbitrarias y una creciente influencia rusa.
La lucha por el alma de Georgia
Lo que comenzó como una protesta espontánea tras el discurso del Primer Ministro georgiano, Irakli Kobakhidze, en el que anunció la suspensión de las charlas para la adhesión a la Unión Europea el 28 de noviembre de 2024, ha devenido en una de las manifestaciones ciudadanas más perseverantes en la historia reciente de Europa del Este.
Un año después, los manifestantes siguen tomando las calles de Tiflis y otras ciudades día tras día. Lo que para muchos era impensado —que una pequeña nación del Cáucaso enfrentaría durante 365 días consecutivos a su propio gobierno en defensa de su vocación europea— se ha convertido en símbolo de resistencia.
Un año, todos los días
Con tambores, silbatos, pancartas y banderas de la Unión Europea, la protesta ha ocupado cada rincón de la avenida Rustaveli, la arteria política de la capital. Aunque el número de participantes ha fluctuado, incluso en días de intenso frío o represión policial, nunca se ha dejado de manifestar.
La protesta no solo expresa una decepción ante el viraje del gobierno, sino que representa también una lucha generacional. Como expresó Sopo Batilashvili, una de las participantes:
“Nos han quitado el futuro por el que nuestros antepasados lucharon y del cual estábamos orgullosos.”
La respuesta autoritaria del gobierno
En vez de dialogar con los ciudadanos, el gobierno liderado por el partido Sueño Georgiano ha respondido con dureza. Se han aprobado leyes restrictivas en tiempo récord: desde limitar reuniones públicas hasta endurecer las sanciones contra acciones comunes en las protestas, como portar mascarillas o colocar estructuras temporales.
Hoy, participar en una manifestación podría implicar hasta 15 días de detención administrativa o 20 días para los organizadores. Además, las multas han aumentado de 500 a 5.000 lari georgianos —más de 1.800 dólares—, una cantidad prohibitiva para muchos. Reincidir en la protesta puede conllevar cargos penales.
Rostros de la resistencia
Una de las figuras destacadas de esta movilización es Rusiko Kobakhidze, madre de nueve hijos e investigadora del Soviet Past Research Laboratory. Rusiko ha sido arrestada dos veces solo en noviembre, por bloquear calles.
“No quiero que mis hijos y nietos vivan en un país donde no puedan hablar libremente, donde se les trate con injusticia y no encuentren justicia”,
dijo durante una entrevista con medios locales.
Censura, represión y la sombra de Rusia
La represión se extiende también al ámbito político y mediático. Varias leyes aprobadas recientemente han sido directamente inspiradas por el modelo ruso de control: vigilancia sobre ONGs, restricción de financiamiento extranjero y aplicación de castigos contra medios independientes.
Asimismo, el gobierno ha pedido a la Corte Constitucional que proscriba a los tres partidos opositores principales: Movimiento Nacional Unido, Akhali/Coalición por el Cambio y Lelo.
Tina Bokuchava, presidenta del Movimiento Nacional Unido, acusó directamente a Bidzina Ivanishvili, oligarca fundador del partido oficialista y ex socio financiero en Rusia:
“Está cumpliendo punto por punto los objetivos estratégicos de Putin respecto a Georgia.”
La falsa narrativa oficial
Pese a evidencias claras del retroceso democrático, los voceros de Sueño Georgiano insisten en que el camino europeo de Georgia sigue intacto. Mariam Lashkhi, legisladora del partido, declaró:
“Nuestra política exterior sigue siendo la integración con la UE y la OTAN. Nada se ha pausado ni ha cambiado en tal sentido.”
No obstante, la Unión Europea tiene otra opinión. En su reporte de ampliación del 4 de noviembre, el bloque indicó que las acciones represivas del gobierno georgiano “son fundamentalmente incompatibles con los valores democráticos de la UE.”
La represión en Rusia se intensifica
En paralelo a estos sucesos, Rusia fija nuevos estándares de represión interna. El mismo día del aniversario de las protestas en Tiflis, Moscú calificó a Human Rights Watch como organización “indeseable”, obligando al cierre de sus actividades en suelo ruso.
Además, inició procedimientos para designar al colectivo Pussy Riot como “organización extremista” y declaró como “terrorista” a la Fundación Anticorrupción del fallecido Alexei Navalni (versión registrada en EE.UU.), un paso más en la sofocación del disenso.
Philippe Bolopion, director ejecutivo de Human Rights Watch, definió el gesto como parte de un patrón:
“Lo que ha cambiado drásticamente es la adhesión completa del gobierno ruso a políticas dictatoriales y su creciente represión.”
La guerra híbrida de Putin y su eco en Georgia
Georgia no es un caso aislado. La estrategia del Kremlin es clara: utilizar herramientas no convencionales —como la financiación política, el discurso mediático y leyes elaboradas— para minar la soberanía democrática de países satélites o fronterizos.
Este patrón refleja una guerra híbrida que no necesita tanques en las calles para tomar control: desinforma, divide, empobrece. Georgia, otrora ejemplo de reformas proeuropeas tras la Revolución de las Rosas de 2003, ahora se encuentra en una encrucijada.
Comparaciones inevitables: el espejo ucraniano
La invasión rusa a Ucrania en 2022 demostró cómo el rechazo a la esfera de influencia rusa puede tener un alto coste. Sin embargo, también simboliza hasta qué punto Moscú teme perder su capacidad de influencia. Georgia no ha sido invadida, pero la presión interna tiene un resultado similar: paralizar el rumbo occidental del país.
La diferencia es que, mientras Ucrania combate con armas, Georgia lo hace con banderas, silbatos y persistencia.
Una ciudadanía que no cede
La movilización ciudadana en Georgia recuerda al mundo que una democracia no se sostiene solo desde las urnas. Se defiende a diario. Un año de protestas silenciosas, creativas, pero firmes, ha erosionado el relato oficialista y mantiene viva la esperanza de una nación plural en Europa.
La Unión Europea, por su parte, tiene un reto urgente: mantenerse firme en su evaluación frente a los retrocesos de sus vecinos aspirantes, sin caer en posturas blandas por intereses estratégicos. ¿Será capaz de brindar apoyo concreto a los ciudadanos que, pese al riesgo, luchan por sus valores?
Georgia es hoy un test de integridad democrática, no solo para sus gobernantes, sino también para Europa entera.
Datos clave sobre la situación en Georgia
- Inicio de las protestas: 28 de noviembre de 2024
- Días consecutivos de protesta: 365
- Multas aumentadas para manifestantes reincidentes: 5.000 lari (~1.850 USD)
- Número estimado de detenidos desde nuevas leyes: Cientos
Citas destacadas
“No quiero un país donde no se pueda hablar abiertamente.” – Rusiko Kobakhidze
“Sueño Georgiano está ejecutando la agenda de Putin.” – Tina Bokuchava
“Las acciones del gobierno son incompatibles con los valores de la UE.” – Reporte de ampliación de la UE, 2024
¿El fin del sueño europeo?
No. Si algo han demostrado estos miles de ciudadanos durante más de un año es que el sueño europeo de Georgia sigue vivo. No en los pasillos del Parlamento, sino en las plazas, las calles y las voces valientes que, con cada protesta, reescriben la historia moderna del país.